Las otras estrellas del show de Green Day en Lima: ellos son los que pudieron subir al escenario

¿Quiere saber lo que se siente tocar una canción, o cantarla, con su grupo favorito? Los jóvenes que lograron estas hazañas anoche se lo contaron a elcomercio.pe

Por Ángel Hugo Pilares y Alfredo Espinoza Flores

Cuando Rodrigo Ortiz fue al estadio de San Marcos a ver a Green Day, ya sabía lo que tenía que hacer: llevó un polo cortado en el que había escrito “I can sing Longview”, y lo mostraba a Billie Joe Armstrong y Mike Dirnt cuando ellos miraban hacia el sector del público donde se encontraba. Había estudiado cada uno de los conciertos de la gira del trío de Berkeley y tenía preparado un plan.

“Estaba adelantito, en la malla. Fue recontra emocionante cuando Billie miró hacia mí y me preguntó si podía cantarla. Subí al toque y de la emoción no pensaba. Estaba en el escenario y todo dejó de importar. Me preguntó en inglés si de verdad sabía cantar la canción”, nos cuenta el joven que compartió escena con su grupo favorito y se llevó la guitarra de su líder como obsequio.

Entonces cantó. A pesar de ser consciente de que su voz “es malaza” y el mismo vocalista se lo recordó. Cobrándose la revancha de la noche anterior, cuando no pudo compartir los breves instantes en que Mike Dirnt, a las 5:40 a.m. del día del concierto, bajó para saludar a los fanáticos que lo esperaban en la puerta del Swissotel.

Ese día, Rodrigo había dejado a sus amigos media hora antes y uno de ellos lo llamó y le pasó al bajista: “Quiero ser tu regalo de Navidad”, escuchó al otro lado de la línea. Y lo fue.

Recién hoy ha podido dormir seis horas después de dos días. Seguro soñó con que luego de cantar se quedó fuera del backstage esperando el final del concierto para que le entreguen la guitarra. Que escuchó las últimas diez canciones de lejos, sin ver a los artistas. Que el tatuaje con un dibujo de uno de los discos del grupo, que tiene en la pierna, ahora se siente mejor. O tal vez soñó lo que había visto en otras giras: que primero sacaban a cantar a alguien y era recién al segundo al que le daban el regalo preciado. “Felizmente esta vez no pasó”. Y eso es porque este fue un concierto de excepciones.

EL LOCO MÁS CUERDO DE TODOS
La otra excepción fue la de su amigo Brian Quispe, que estaba parado a su lado con un cartel que decía “I want to play ‘Going to Pasalaqcua’”. “Ellos nunca subieron a nadie a tocar una canción y mis amigos pensaban que estaba loco. Billie me miró, me preguntó si sabía tocarla, le dije que sí y luego me dijo ‘¿lo juras?’. Cuando subí le agradecí y le dije que era como un padre para mí, que lo admiro desde hace 7 años, cuando tenía 12. Me abrazó y no entendí muy bien lo que decía”.

Tampoco entendió, al comienzo, cuando Billie le dijo que se lance al público, pero lo hizo y cayó mal. Y luego la gente casi lo aplasta. Y tuvo que salir para ver el concierto de lejos, pero no le importó. Porque ya había sido la estrella que imaginaba cuando tocaba canciones de Green Day en su habitación.

Ambos coinciden en que este ha sido el momento más importante de sus vidas y que así como algunas personas se tomaron fotos con ellos y los felicitaron, también los envidian. O como dijo Luis Cueto, el chico que subió al escenario repentinamente para tomarse una foto con Billie (“Le puso mucho ‘zoom’ y solo se ve mi ojo”) y luego se lanzó envuelto en la bandera peruana: “Mi Facebook revienta de mensajes de felicitación y de odio, je”.

“Fue como estar en shock. Todo fue tan repentino. Como Billie caminaba por todo el escenario no pude ni reaccionar. El VIP me agarró. Yo no sabía qué pasaba, no sabía dónde estaba parado. No entendía lo que me decían hasta que me di cuenta de que quería que me tire: cogí la bandera y me tiré”, comentó.

Luis fue una de las estrellas de la noche. La última a la que pudimos ubicar. Nos falta un niño que bañó a todo el mundo con una manguera y la chica que tenía un tatuaje con el nombre de la banda y dos corazones en el cuello, y que recibió un beso en los labios que hasta ahora no debe creer.