El otro concierto de Guns N’ Roses en Lima fue en los exteriores del Monumental

Iván Oviedo Avendaño es un asistente de lujo a todos los espectáculos que se realizan en la capital: afuera de donde se realicen, él toca canciones del grupo de turno con una quena

Por Ángel Hugo Pilares

En la pista adyacente a la explanada del Monumental, un hombre combate los últimos estertores de uno de los conciertos más esperados en los últimos años y domina a la serpiente humana que se retira por la avenida Javier Prado con una simple quena.

Su nombre es Iván Oviedo Avendaño y hace gala de su habilidad sobre los seis agujeros de su quena tocando “Sweet Child O’ Mine” a la entrada y salida del público que fue al concierto de Guns N’ Roses de anoche, aunque seguramente usted lo ha visto antes.

Hace unos meses estuvo junto a sus muletas en el mismo lugar tocando “Influencia”, de Charly García. Menos tiempo atrás, el estadio de San Marcos lo veía soplando a un ritmo frenético mientras intercalaba notas con el grito de “Master, master”, de “Master of puppets” de Metallica. Y es que este músico ha encontrado en el ‘boom’ de conciertos que ha atropellado Lima la forma perfecta para subsistir.

UN MÚSICO SENSIBLE
Hace seis o siete años, una quena llegó a sus manos y desde entonces no ha parado de tocar. Ni siquiera es necesario que sepa algo del grupo de turno, solo le vale haber escuchado la canción un par de veces. “¿Cuál es la más difícil? Las más difíciles son las más locas, las más movidas. ¿Welcome to the jungle? No me la sé, pero ponme la letra y la saco”. Así resume él su labor de todos los días en que tiene que ponerse a tocar para ganarse la vida.

Mientras conversamos, se ha oído varias veces el sonido de las monedas golpeando en el fondo del mismo vaso de plástico que lo ha acompañado en sus conciertos. Hace uno o dos años descubrió que la mejor manera de pasar un buen rato y hacer que la gente salga más satisfecha de un concierto era trabajando así: “Siempre a la salida me encuentras por aquí, tocando mi quenita”.