Teatro 2013: el año de la revalorización del dramaturgo peruano

Repasamos el año que ya se va para el teatro peruano: nuevas salas, realización de festivales y  nuevos talentos

Teatro 2013: el año de la revalorización del dramaturgo peruano

ENRIQUE PLANAS

La respuesta es unánime: la principal tendencia del teatro a lo largo del 2013 fue, según coinciden representativas voces del gremio, la revalorización de la dramaturgia local y de sus autores. Para el maestro Alonso Alegría, este año trajo consigo una “maravilla insospechada”: “La Plaza produjo por primera vez un evento importantísimo (el festival Sala de Parto) que habrá de transformar nuestra literatura dramática. No es broma convocar un concurso para luego publicar diez obras por año, con lecturas dramatizadas de cinco de ellas”, afirma.

“Tanto en el Teatro La Plaza como en el Británico se estimula ahora la creación teatral escrita por peruanos. El reto de los autores es ver de qué hablan, cómo compiten con sus pares extranjeros y cuál es su relación con la realidad en la que crean”, explica el dramaturgo César de María. Esta clase de apoyo, según explica, permitirá que aparezcan nuevas obras localistas que cuestionen nuestra realidad y otras más universales que pinten lo humano con grandeza. “A partir de allí deberían nacer nuestros Carballido, nuestras Reza, nuestros Koltés”, imagina el escritor, citando notables dramaturgos contemporáneos.

¿Y de qué escribieron esos nuevos autores locales? Para el actor Javier Echevarría, una preocupación común en montajes como “Eres tu pequeño” de Daniel Amaru Silva (ganador del IV Concurso de Dramaturgia Peruana del Teatro Británico), “Padre nuestro” y “El sistema solar”, ambos de Mariana de Althaus, es el desenmascarar la institución familiar.

El reconocido coreógrafo Guillermo Castrillón, sin embargo, muestra menos entusiasmo. “Lima no despierta ante un grito de originalidad, rebeldía, innovación, desenfado o búsqueda de temas sensibles en nuestra sociedad”, alerta. Para Castrillón, el medio local solo se sacude el sopor cuando llegan a la ciudad producciones extrajeras cargadas de estos elementos. “Entonces nos damos cuenta de lo pacatos, conservadores, lineales y tímidos que seguimos siendo”, aclara.

PARA TENER EN CUENTA
En efecto, aunque aún no es suficientemente fuerte para convertirse en tendencia, Castrillón advierte con interés los intentos de impulso a la creación escénica desde algunas instituciones del Estado como el Teatro Municipal y las instituciones privadas ya señaladas.

La dramaturga Mariana de Althaus coincide con Castrillón: “La Municipalidad de Lima realizó la segunda edición del FAEL [Festival de Artes Escénicas de Lima] y demostró una vez más su calidad, seriedad e importancia. Nunca una gestión municipal había apoyado tanto a la cultura”, señala. No obstante, para la escritora es el Gobierno Central quien tiene aún deberes pendientes: “El ex ministro Luis Peirano propuso el Concurso de Dramaturgia Nacional que hemos estado esperando hace años, pero su cambio ha postergado este proyecto”, reclama.

Como suele suceder, es la iniciativa privada la que llena el vacío dejado por un Estado carente de política cultural. De Althaus recuerda que este año se ha creado la excelente revista especializada en teatro “La Lupe” y han abierto sus puertas los teatros de la Universidad del Pacífico y el Ricardo Blume. Asimismo, el Vivero de Dramaturgia de Alonso Alegría sigue formando dramaturgos (este año lanzó a Daniel Amaru Silva, Pepo León y Mariana Silva). “Y para coronar un excelente año teatral, dos obras peruanas salieron de nuestro país y se presentaron en México y en Chile: “La ciudad y los perros” de Edgar Saba, y “Proyecto 1980/2000” de Sebastián Rubio y Claudia Tangoa”, dice.

TAREAS PENDIENTES
Para el autor Alonso Alegría, es cuestionable el abandono por parte del Ministerio de Cultura del Concurso de Dramaturgia Nacional instituido y firmado por el ex ministro Peirano. “Los dramaturgos estamos pensando en hacer un plantón frente al ministerio para reclamar que las resoluciones ministeriales se cumplan”, amenaza.

Su colega César de María protesta también contra la miopía del Estado como gestor cultural: “Que el Estado ponga plata en un Gran Teatro Nacional, en un súper Teatro Municipal y que no tengamos un elenco nacional estable, como lo tienen el folklore o la música clásica, es como gastar todo en cohetes y olvidarnos de entrenar astronautas”, afirma.

Según Castrillón, es lamentable el desfase entre la parte administrativa y operativa de las instituciones oficiales dedicadas a la cultura. “Crean dos mundos incomprensibles entre sí, lo que perjudica al artista creador a quien se trata de ayudar”, explica. Para el coreógrafo, es loable el papel de agentes culturales especializados como Juan Carlos Adrianzén (Gran Teatro Nacional) o Marisol Palacios (Teatro Municipal), funcionarios claves en la tarea de internacionalizar la escena local. “Basta mencionar la obra “Gemelos”, que se presentó en el FAEL y que resultó lo mejor que he visto en años. ¡De lo mejor del mundo en nuestra casa! Eso puede ayudar a los nuevos directores a elevar su techo y asumir mayor riesgo en sus propuestas”, añade.