La columna de Yoani Sánchez: ¿Cuánto cuesta comprar zapatos en Cuba?

El costo del calzado escolar en la isla asciende al monto del salario mensual promedio de cualquier trabajador

La columna de Yoani Sánchez: ¿Cuánto cuesta comprar zapatos en Cuba?

YOANI SÁNCHEZ @yoanisanchez

Es raro encontrar a un cubano que no se sepa algún poema de José Martí, al menos alguno de esos versos sencillos que aprendemos de memoria en la escuela primaria. Desde chiquitos, en los colegios, en las clases de español y en todos los actos políticos la lírica del héroe nacional. La saturación con su persona hace que muchos lo identifiquen con el actual orden de cosas y hasta se han realizado actos vandálicos contra sus estatuas y bustos, en zonas pobres donde frecuentemente se corta la electricidad o escasean los alimentos. Pero volvamos a los poemas del “apóstol”, especialmente al más conocido, uno de tono infantil repleto de imágenes de lazos y flores: “Los zapaticos de rosa”. Cualquier niño cubano menor de 10 años podría recitar de un tirón sus octosílabos edulcorados y narrar qué cuentan sus estrofas y, también, lograría declamar algunas de las tantas parodias que se le han hecho, especialmente las de corte político y burla contra el sistema.

POESÍA Y BROMA
Martí es el más parodiado de nuestros autores. Entre los muchos chistes inspirados por la obra de este habanero universal, está precisamente uno sacado de “Los zapaticos de rosa”, donde Pilar –la protagonista– está a la orilla del mar con una niña pobre y enferma. Sin consultar a su madre, la chica rica le regala sus zapatos a la pequeña necesitada. Completa su gesto dadivoso con una frase “toma, toma los míos, yo tengo más en mi casa”. Ese breve verso, escrito hace casi 150 años, es hoy fuente infinita de bromas, chanzas e imitaciones. Se utiliza para señalar las grandes diferencias en una sociedad donde el discurso oficial sigue hablando de igualdad.

MIRANDO PIES
La broma ha calado entre los estudiantes, que obligados a usar uniforme escolar han aprendido a distinguir el poder adquisitivo de cada quien mirándole los zapatos. Una de las consignas más repetidas por el gobierno es que en la isla no hay niños descalzos por las calles. La gran pregunta es… ¿de dónde sacan dinero sus padres para que no anden a golpe de talón sobre el asfalto? Basta mirar los altos precios para percatarse de que con el sueldo –fruto de un único trabajo con el Estado– no se logra. Un par de zapatos, de los más baratos, cuesta el salario mensual medio de cualquier trabajador.

CORTESÍA DE MIAMI
Calzar a los niños se vuelve por estos días más dramático, por la cercanía del comienzo del año escolar y el abarrotamiento de los mercados. Y la parodia del poema de José Martí se escucha por doquier. Elegir un par de zapatos se transforma entonces en la decisión de sobrevivir durante treinta días o proveer a los pequeños con un par de tenis, sandalias o botas. Por suerte la gente no se conforma y casi todo el mundo hace algo ilegal para que sus hijos vayan bien calzados a la escuela. También hay familiares o amigos desprendidos que donan ropa y calzado usados a quienes los necesitan más. Los que no tienen algún negocio clandestino deben apelar a familiares que viven al otro lado del Estrecho de la Florida. Irónicamente son los exiliados de Miami los que hacen realidad los alardes oficiales. Las frases rimbombantes de las vallas políticas se sustentan sobre los miles de dólares anuales que entran al país como remesas desde Estados Unidos.

ÁCIDO SUSURRO
La parodia del poema martiano no ataca a los que poseen un buen calzado por el esfuerzo o a la inventiva familiar, sino a los otros, a los que lo obtienen por privilegio político. “Toma, toma los míos, yo tengo más en mi casa”, le susurran al hijo del coronel o al del diplomático de una misión en el extranjero. Se invoca a Pilar y su desprendimiento, cuando alguien alardea con algo que el común de cubanos apenas sueña poseer. Por ejemplo, al nieto adolescente de algún general, que maneja su propio auto, le lanzan el simpático verso al verlo vanagloriarse de sus cuatro ruedas. Es una manera de decir: estamos mirando, sabemos que todo lo que ostentas te viene por la fidelidad ideológica.

¿IGUALDAD?
A veces basta decir “sí, ya sé, tienes más en tu casa” para que el jactancioso se sienta descubierto y el vanidoso comprenda lo efímero de las migajas que le llegan del poder. La historia tiene esas ironías. El lirismo decimonónico convertido –por obra y gracia de la necesidad y el humor– en dulce venganza de quienes tienen menos. Y allá lejos Martí, creyendo que su Pilar de cintas y pamela sería recordada como un ejemplo de bondad y no como punta de lanza contra el falso discurso del igualitarismo.