El Comercio en el Himalaya: el complejo descenso de la cordillera

El enviado especial de este Diario, Rolando Chumpitazi, cuenta que la ansiedad por llegar a destino suele jugar malas pasadas

El Comercio en el Himalaya: el complejo descenso de la cordillera

ROLANDO CHUMPITAZI
El Comercio

Hoy y ayer nos ha tocado descender. Desde los 3500 metros de Namche Bazar hasta los 2700 de Phakding, donde pasamos la noche del domingo. Y hoy, lunes, ya hemos llegado hasta los 2800 de Lukla, el centro neurálgico y logístico del Valle del Khumbu y alrededores. Es aquí desde donde se parte al trekking del Everest y también desde aquí hacia otros valles nevados como el Annapurna y el Daulaghiri.

Creer que el camino será más fácil porque es en descenso es un craso error que la mayoría de caminantes suele cometer. La ansiedad por llegar a destino suele jugar malas pasadas y es en estas etapas donde más que las piernas, importa la cabeza.

Tratar de no pensar en la meta es un consejo que suelen dar quienes saben. Queda solo caminar, admirar el paisaje y tratar de no pensar en que esta cuesta difícil es la última. Ni hablar de ir contando los minutos, pues ello solo aumentará la tensión y las fuerzas se terminarán por acabar.

Lo impresionante de esta etapa es que el panorama entre Namche Bazar, totalmente nevado, cambia a medida que un o avanza y empieza a aparecer un verde valle lleno de frondosos pinos. Hay espacio aún para encontrarse con el Everest y despedirse a lo lejos de él. En el mirador donde varios montañistas hacen cola, un par de chicas venden jugosas mandarinas que ayudan a refrescar el paladar.

En Phakding, una sopa caliente de pollo amengua el frío que por la tarde arrecia, más aún cuando la lluvia ha empezado a caer. Hay que caminar unos cuantos kilómetros para encontrar un pub con internet, a fin de mandar textos a Lima. El vía crucis, por lo lento de la conexión y porque la computadora no cuenta con los programas adecuados, dura un par de horas, excesivas para pasar un archivo de texto.

Temprano por la mañana otra vez a caminar, quedan solo un par de horas antes de llegar a Lukla. mientras vamos completando los últimos metros del trekking en medio de la última y retadora gran cuesta, nos cruzamos con decenas de turistas que inician su propia aventura por el Everest, la misma que nosotros hoy terminamos. Mañana tomaremos al avión a Katmandú y desde allí prepararemos el largo regreso a casa. De Nepal a Doha, Madrid y, luego, sí, a Lima.