CRÓNICA DESDE CUBA: el comienzo de los despidos masivos y fin del paternalismo castristra

La bloguera Yoani Sánchez nos narra sobre el reordenamiento laboral que pretende mandar a la calle a 1’300.000 de empleados en la isla

CRÓNICA DESDE CUBA: el comienzo de los despidos masivos y fin del paternalismo castristra

POR YOANI SÁNCHEZ
DESDE CUBA

Durante semanas temieron que apareciera la lista de despidos, la relación de nombres de quienes –en aquel hospital– quedarían sin trabajo con el nuevo reordenamiento laboral. Los doctores, enfermeras y técnicos de salud se esforzaron más y evitaron pasear por los pasillos en horario de consulta, para que el jefe no los incluyera entre los que se irían.

La elevada asistencia y la inu-sitada puntualidad en esos días sorprendieron al mismísimo administrador, pero ni siquiera así pudieron evitar los recortes. Una tarde, en el comedor se realizó la reunión para dar lectura al listado de los desempleados. Muchos de los presentes no podrían volver al día siguiente: habían quedado fuera por el proceso de reducción de planillas que tanta angustia está causando en esta isla.

TRABAJADORES A LA CALLE
Por increíble que parezca, el único sindicato legalizado en el país –la Central de Trabajadores de Cuba, CTC– ha apoyado los recortes y al gobierno. Lejos de convocar a la huelga general la CTC anunció que ayudará a concientizar –entre sus miembros– la necesidad de los despidos.

La televisión oficial sigue mostrando las altas cifras de desempleo en España, Estados Unidos o el Reino Unido, pero guarda silencio sobre el hecho de que la cuarta parte de la población laboralmente activa cubana estará perdiendo, en breve, su sustento.

Los noticiarios lanzan frases triunfalistas sobre el “perfeccionamiento” en el sector productivo y de servicios. Detrás de cada una de esas consignas televisadas hay una familia que ve peligrar el exiguo salario que llega a fin de mes y cientos de miles de personas que no cuentan con ninguna preparación para ganarse la vida fuera del ámbito estatal. Esa falta de experiencia en abrirse camino por sí mismos es uno de los puntos más preocupantes a la hora de proyectar los efectos sociales de la ola de desempleo.

¿PEQUEÑOS EMPRESARIOS?
En teoría el trabajo por cuenta propia debería absorber una buena parte de los nuevos desempleados, pero el camino de la pequeña empresa privada está todavía lleno de obstáculos y controles. Apenas 178 profesiones han sido autorizadas para ejercerse independientemente y entre ellas muy pocas están vinculadas con la producción. Se permiten labores tan rocambolescas como “forrador de botones de prendas de vestir”; sin embargo, no se ha abierto la misma posibilidad para los chapistas de autos o los herreros.

GRANDES TRABAS
Los osados que decidan crear su pequeña empresa deben pagar licencias e impuestos desde el primer día y atenerse a las estrictas limitaciones sobre el origen de los recursos empleados. Por el momento tampoco tienen acceso a un mercado mayorista donde comprar la materia prima o recibir créditos bancarios demorará meses –o años– en implementarse. Para quienes ofertan alimentos, se precisa de una inspección higiénica que puede tardar semanas, pues depende de que el policlínico más cercano tenga la disponibilidad de enviar a alguien. Todo el entramado paralelo de apoyo o facilitación del trabajo privado se comporta aún de manera muy frágil y disfuncional. De ahí que los nuevos ‘cuentapropistas’ necesitan una buena dosis de paciencia y un significativo capital para rebasar con éxito la etapa inicial y poder llegar a obtener ganancias.

VÍCTIMAS DEL PATERNALISMO
A pesar de todas estas restricciones, la creatividad acumulada y la práctica extendida de violar la ley pueden llevar a que algunos de estos empresarios emergentes logren sortear con éxito los obstáculos. Si a eso se le suma la demanda creciente de productos y servicios puede que algunos consigan importantes dividendos. Pero la falta de experiencia empresarial y los prolongados años bajo el paternalismo estatal hacen dudar de la eficiencia y crecimiento de las labores por cuenta propia.

Verse empujados a ganarse la vida de manera independiente es casi como saltar al vacío, para quienes han crecido en un país donde el Estado tuvo durante décadas el monopolio empleador.

Los temores recorren los centros de trabajo cuando se anuncia la publicación de la temida lista de los que perderán su empleo. No solo los miedos afloran, sino también el oportunismo y el favoritismo. La decisión de cuáles trabajadores permanecen y cuáles se van depende de los directivos de cada centro laboral y ya se conocen casos en que no mantienen su puesto los más capaces, sino los más cercanos al director. Contradictoriamente, las plazas que intentan conservar están subvaloradas salarialmente y la disminución de una cuarta parte de la fuerza laboral activa no significará –por el momento– una elevación en los sueldos de los que se quedan.

EL COSTO DE LA LIBERTAD
Aquella tarde, en el pequeño hospital de un municipio habanero, los empleados sabían que se iba a decidir algo más que un sueldo mensual o la pertenencia a un centro de salud pública. Era el momento también de abrir los ojos a una Cuba diferente, donde la premisa del pleno empleo no se proclama a los cuatro vientos y el trabajo por cuenta propia se abre como una opción insegura. Algunos cambiarán la bata blanca por las tijeras de barbero o las jeringas por un horno de pizzas. Aprenderán sobre la marcha que la independencia económica trae independencia política, quebrarán o prosperarán, mentirán en las declaraciones de impuestos o dirán honestamente cuánto ganaron. En conclusión, emprenderán un sendero nuevo donde papá Estado no podrá sostenerlos ni tendrá fuerzas para castigarlos.