CRÓNICA DESDE CUBA: la economía de la isla hace agua

La bloguera Yoani Sánchez advierte que su país puede estar acercándose peligrosamente al borde del abismo de una mayor represión

CRÓNICA DESDE CUBA: la economía de la isla hace agua

Por Yoani Sánchez (Desde Cuba)

Sale con la bolsa al hombro para intentar comprar algo, pues dentro de una hora los hijos estarán ansiosos frente a los platos. Como a la mayoría de las mujeres cubanas”:http://elcomercio.pe/tag/768/cuba, le ha tocado lidiar con la búsqueda diaria de alimentos, con el desabastecimiento y los altos precios. Su mente hace la conversión del peso cubano al convertible, con la experiencia de quien ha pasado los últimos 15 años de su vida sumida en la dualidad monetaria, rodeada por la esquizofrenia financiera.

Aunque no domina conceptos como producto interno bruto, inflación o decrecimiento de las exportaciones, ella es el último eslabón de una larga cadena de ineficiencias productivas. A esta ama de casa le corresponde poner la cara frente a los suyos para explicar por qué la cantidad y la calidad de los alimentos resultan tan frustrantes. Es autodidacta en cuestiones de banca, espontánea en capitales ilegales, instruida en saltarse la ley con tal de sustentar a su familia.

UN TÍTULO NO VALE NADA
Al otro lado de la calle que recién ha cruzado la señora, hay un hombre sentado con una minúscula mesa donde rellena fosforeras. Desde hace varios años sacó una licencia de trabajo por cuenta propia para poner nafta en el interior de estos artilugios creadores de fuego.

Aunque tiene un título universitario colgado en la pared de su habitación, esta profesión de emergencia le duplica las entradas que tendría como ingeniero civil. Es otro que ha comprendido lo que los libros escolares y los artículos de la prensa esconden: que en Cuba no se puede llevar una vida decente con un salario obtenido decentemente.

De manera que aprovecha el contacto con algunos clientes para proponerles una habitación que renta –sin permiso– por solo algunas horas, para el amor rápido y las caricias breves. Con esa triquiñuela logra llegar a fin de mes, pero sin lujos: sin poder tomarse una cerveza, transportarse en taxis colectivos, viajar a provincia, hacerse un corte de pelo o invitar a su pareja a un club nocturno. No tiene hijos a los que explicarles por qué los juguetes en las vidrieras de las tiendas son inalcanzables, pero cada día se pregunta a sí mismo si no vivirá en el mundo del revés, como una Alicia extraviada al otro lado del espejo.

LA CRISIS PERMANENTE
La misma tarde en que se entrecruzan el rellenador de fosforeras y la señora con la bolsa vacía, un economista imparte una conferencia sobre la profunda crisis cubana en un centro científico. Se llama Juan Triana, y mientras explica el estado actual de nuestras finanzas, se escucha al público toser de nerviosismo, reír ante algunos absurdos y callar sepulcralmente cuando queda expuesto el naufragio nacional.

Acompaña sus palabras con gráficos de líneas descendentes, que dejan al descubierto el deterioro productivo, la dependencia de los mercados extranjeros y la urgencia de hacer eficiente nuestra industria.

Habla del desastre de la cosecha azucarera, que en el último año apenas si rebasó el millón de toneladas en un país que un día fue la azucarera del mundo. Con una pizca de ironía explica que hoy nuestra cosecha de yuca es inferior incluso a la de Haití, aunque hace quinientos años constituía la dieta principal de los aborígenes de este archipiélago y las bodegas de los barcos colonizadores de Hernán Cortés se cargaban en nuestros puertos con pan de mandioca (conocido como casabe) para poder emprender la conquista de México.

La interesante charla del académico es grabada por una cámara y en pocas semanas sus palabras recorren las redes alternativas de difusión. Son criterios duros, carentes del triunfalismo que aún muestran los medios masivos.
A través de ellas desglosa las características de esta crisis en la que estamos inmersos, con una franqueza poco común dado el grado de simulación y apatía que también padecemos.

Llega a decir incluso que si no logra remediarse el problema, el gobierno podría llegar a una decisión trágica que se materializaría “con los tanques en la calle”. Medio en broma, medio en serio, afirma que “los dos órganos más sensibles del cuerpo humano son el estómago y el bolsillo”, primicia que tanto el ama de casa buscando desesperadamente alimentos como el cuentapropista podrían suscribir, obsesionados como están en tratar de llenar el primero sin dejar vacío al segundo.

¿EL FIN DEL PACTO SOCIAL?
Por esas peculiaridades que tiene nuestro mercado negro de información, la conferencia del señor Triana termina por llegar a casa de la mujer angustiada por la comida y también cae en las manos del ingeniero frustrado. Ninguno de los dos ha recibido clases de economía, ni entiende qué es el déficit presupuestario del que tanto habla el especialista.

Sin embargo, ambos escuchan sus palabras con detenimiento, pues describen algo que ellos conocen muy bien: la economía nacional no sale a flote y arrastra en el hundimiento los sueños y la estabilidad de sus familias. Se quedan varios días pensando en un par de frases que dice el experto, una de ellas referida a la posibilidad de que si la situación sigue así se “rompa el pacto social” entre las autoridades y sus gobernados. La imagen de esteras de tanques que surcan las calles se les hace corpórea frente a los ojos.

Ella y él saben que un día, cuando encontrar alimentos se vuelva más difícil y poner naftalina dentro de una fosforera ya no dé beneficios, un estallido social los podría involucrar también a ellos. Con la bolsa vacía o la mesa plegable, caerían en el epicentro de un horror que todos preferiríamos evitar.