Gabriela Sologuren, la empresaria que dejó la biología por el yoga

Tiene un cartón como bachiller, pero decidió crear una empresa para enseñar los ejercicios que le salvaron la vida

Gabriela Sologuren, la empresaria que dejó la biología por el yoga

Alex vestía saco y corbata y, los fines de semana, el fútbol era su pasión. Hoy, día de semana y en plena hora de oficina, viste sandalias y un polo fuera del pantalón. Gabriela Sologuren, ella es la feliz responsable de la transformación del padre de sus dos hijos. El yoga le salvó la vida, y ella ahora vive para difundirlo (y, cómo no, también para beneficiarse de esta disciplina que resulta urgente en estos días de alta tensión). Lima Yoga, así bautizó a su empresa. ¿Sabe alguien qué fue del cartón ese que la certifica como bachiller en Biología?

Y entonces, la Biología quedó en el camino.
Quedó en el camino. Aunque se relacionan (con el yoga), porque si yo acepté seguir Biología fue por el tema del ser humano, del funcionamiento del cuerpo, de la naturaleza; y el yoga es eso: cómo te relacionas con tu cuerpo, cómo te relacionas con la naturaleza y con el medio ambiente.

Pero fueron cinco años de estudios, de seguir una carrera que al final jamás ejerció. ¿No generó eso un conflicto en casa?
Por supuesto. La idea en mi casa era: “¡Tienes que estudiar!”; y yo decía: “Pero, ¡no me gusta!”. Yo estaba en la universidad, pero vivía sufriendo porque no me gustaba lo que hacía; y en mi casa la preocupación era: ¡Qué iba a ser de mí! “Acaba”, me decían; y cuando acabé: “Haz una especialización”. “¡Pero si yo no quiero!”… Todo era sufrimiento (ríe)…

¿Por qué eligió esa profesión?
Cuando salí del colegio no sabía qué hacer. No me encontraba. Tenía muchas inseguridades… Tiraba más para el arte, las letras, pero ahí entraba el tema de mi familia: “¡Cómo vas a estudiar eso!”. Fueron ellos los que me sugirieron que postulara a la Agraria. Yo terminé el colegio en segundo puesto, y como tal tenía ingreso directo a una universidad nacional; y así, por seguirles la corriente entré para ver qué tal.

¿En qué momento apareció el yoga?
Yo estaba pasando por toda esa etapa de estrés, de sufrimiento, y le dije a una amiga que lo practicaba desde los 15 años que me lleve a sus clases. Y desde la primera clase hice clic. Me encantó, y ya no paré. Al principio lo comencé a practicar como lo que es: una técnica de autosanación, para estar bien, tanto física como mentalmente; no imaginaba que con eso yo iba a hacer algo más. Fue después, cuando acabé la carrera y ya estaba viviendo con Alex –porque también tenía que generar ingresos-, que decidí dar clases en mi casa. Compré unos petates en Surquillo, y como a mis amigas les gustaba –porque cuando yo iba a la playa, de campamento o adonde sea, hacía yoga-, ¡ya pues! Ahora todas mis amigas, las personas que se relacionan conmigo, practican yoga; porque todo se contagia… Yo enseñaba en mi sala, y como en esa época me volví a encontrar con la amiga que me inició en esto y ella estaba haciendo danza, dijimos: “¿Por qué no alquilamos un lugar?”. Al día siguiente ella vino y: “¡Ya lo encontré!”. Y empezamos.

Lea la entrevista completa en el blog ‘Ejecutivas´ de Antonio Ojeda.


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