Las increíbles excentricidades de Kim Jong-il reveladas por uno de sus chefs

Viajes relámpago para comprar hamburguesas, 700 mil dólares al año en coñac y esclavas sexuales son algunos de los secretos filtrados por uno de los hombres de confianza del fallecido dictador norcoreano

Las increíbles excentricidades de Kim Jong-il reveladas por uno de sus chefs

Ocultando su verdadero nombre bajo el de Kenji Fujimoto, un hombre que se desempeñó como cocinero del fallecido dictador norcoreano Kim Jong Il reveló algunas increíbles excentricidades que este se permitió en vida.

En una extensa entrevista con la revista GQ, Fujimoto, de nacionalidad japonesa, explicó que trabajó para Kim Jong Il entre los años 1988 y 1999. Inicialmente solo se dedicaba a prepararle sushi al dictador, que parecía estar obsesionado con la muerte y los alimentos que consumía para evitarla, pero luego se convirtió en uno de sus hombres de confianza, por lo que accedió a una serie de costumbres y actitudes que parecen sacadas de una ficción.

Entre las extravagancias de Kim Jong-il que fueron reveladas figuran sendos gastos en comida y bebidas. La bodega de Kim Jong-il, por ejemplo, contaba con más de 100 mil botellas y, según explicó Fujimoto, este gastó en coñac cifras superiores a los 700 mil dólares al año.

Además, el cocinero realizaba viajes por todo el mundo para concretar los pedidos del dictador: a Francia por el mejor coñac, a Dinamarca por jamón, a Japón por el pescado, incluso a Pekín por una hamburguesa del McDonalds.

Y es que, según reveló Fujimoto, pese a las prohibiciones del gobierno norcoreano, Kim Jong- Il era un fanático de los productos “americanos”, lo que se destaca con su afición a las películas de acción, en particular las de Arnold Schwarzenegger que solía emular con sus guardaespaldas.

Pero los gustos de Kim Jong- Il podían llegar a ser más insanos. Según dijo Fujimoto, tenía una “División de la diversión”, integrada por mujeres que eran enviadas a Taiwán o Hong Kong para recibir cursos especiales sobre masajismo y nadie, salvo el propio Kim Jong-il, podía tocarlas. Estas mujeres, explicaba el cocinero, eran en su mayoría menores de edad y habían sido secuestradas para satisfacer los gustos del dictador. Este también había creado un instituto para la longevidad que se encargaba de investigar cómo alargar su vida. Incluso obligaba a un equipo de personas a que comprobaran uno por uno los granos de arroz de su comida y que rechazaran los que no eran completamente perfectos.

Kim Jong-Il murió a finales del 2011. Su hijo, Kim Jong- Un, lo sucede actualmente en el poder.