Mohamed Mursi, el “candidato de repuesto” que se hizo presidente de Egipto

El nuevo presidente del país se considera “hijo de la revolución” que derrocó a Hosni Mubarak. Al inicio, no tenía muchas posibilidades de victoria

Mohamed Mursi, el “candidato de repuesto” que se hizo presidente de Egipto

Cuando Mohamed Mursi, de 60 años, da una rueda de prensa, grita o eleva la voz a un nivel impropio de un político, lo que lleva a muchos a la conclusión de que el nuevo presidente de Egipto no es precisamente brillante en sus apariciones públicas.

Mursi apenas ríe, y hay comentaristas que lo acusan de falta de carisma. Incluso dudan además de que su imagen de “hombre duro” sea el tipo de líder al que aspiraban los egipcios.

El ingeniero Mursi, miembro del ala conservadora de los Hermanos Musulmanes y considerado un hombre muy pragmático, nació en 1951 en un pueblo de la provincia de Sharkiya como hijo de un agricultor. Parte de su formación académica la realizó en Estados Unidos.

DE ÚLTIMO MINUTO EN LAS ELECCIONES
Fue enviado en último minuto a la carrera presidencial como “candidato de repuesto” en sustitución del hombre inicial de la Hermandad Musulmana, Jairat al Shater, que fue rechazado por motivos formales por la Comisión Electoral. De ahí que al principio se le otorgaran pocas posibilidades de victoria.

El partido habían anunciado que no presentaría candidato propio tras la exclusión de Al Shater, pero en el último momento se sacó a Mursi de la manga.

Cercano a Al Shater, el hombre de corta barba y gafas pasadas de moda, representó a los Hermanos Musulmanes en el Parlamento entre 2000 y 2005, aunque se presentaba como candidato independiente debido a que el partido estaba prohibido bajo el régimen de Hosni Mubarak.

En 2011 se convirtió en el presidente de la nueva agrupación de los Hermanos, el Partido para la Libertad y la Justicia.

SUS PROMESAS
El político hizo campaña en la primera vuelta de las elecciones abogando por un “renacimiento islámico”, pero en la segunda vuelta, al enfrentarse a Ahmed Shafik, el ex ministro de Hosni Mubarak, cambió algo su tono y su discurso.

Con promesas a las mujeres, los jóvenes, los “revolucionarios” de izquierda y los liberales, intentó movilizar a sectores del electorado que se mostraban escépticos e incluso preocupados por su candidatura por considerar que, de ganar, los Hermanos Musulmanes concentrarían demasiado poder.

Sin embargo, el Tribunal Constitucional disolvió las dos cámaras del Parlamento en las que el partido islámico tenía mayoría, al invalidar las últimas elecciones parlamentarias.

También prometió solucionar los problemas crónicos del país, como el desempleo, la pobreza, la debilidad económica y la escasez de vivienda.

“Soy hijo de la revolución”, dijo para atraerse el apoyo al menos de los oponentes del antiguo régimen. Sin embargo, no logró ganarse las simpatías de los cristianos, debido al apego de la Hermandad Musulmana a la ley islámica o Sharía.