Nobel de la Paz dedicó premio a "todos los jóvenes árabes que luchan contra las dictaduras"

Tawakul Kerman es la primera mujer árabe en recibir la distinción, también obtenida por la presidenta de Liberia y otra activista

Nobel de la Paz dedicó premio a "todos los jóvenes árabes que luchan contra las dictaduras"

“(Su) lucha no violenta por la seguridad de las mujeres y por los derechos de las mujeres para participar plenamente en las tareas de pacificación”. Así argumentaba el comité encargado de entregar los Premios Nobel 2011, la distinción de la Paz otorgada a la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, su compatriota Leymah Gbowee y la yemení Tawakkul Karman.

Horas después, esta última activista nacida en Taiz en 1979 y madre de tres hijos, reconoció su sorpresa por el reconocimiento. “Sabía que me habían propuesto para un premio de derechos humanos en Estados Unidos, pero no para el Nobel”, confiesa en declaraciones a El País.

Su rostro se hizo conocido por las revueltas en Yemen en contra del presidente Ali Abdalá Saleh. Ella se inició en el activismo como informadora: su misión era luchar por la libertad de expresión. Más adelante, en 2005, fundó Mujeres Periodistas Sin Cadenas. Súbitamente, la carpa en la que vive desde el 23 de febrero se llenó de periodistas y seguidores.

“Estoy enormemente feliz”, agrega y, lejos de vanagloriarse, prefiere dedicarle el premio “a la juventud de todos los países árabes, en especial a los de Túnez, Egipto, Libia y Siria. A todos los jóvenes de la revolución. A todas las mujeres (…) nuestra revolución empezó, acabará de forma pacífica y reconstruiremos nuestro país sobre la paz”.

Tawakkul Karman reafirma su compromiso con el mundo árabe y con su país. “Queremos librarnos de la cultura de violencia con la que Ali Saleh y su régimen han gobernado este país durante 33 años”, dice la activista que alguna vez quiso ser comprada por el régimen para silenciarla.

“Se ha escuchado la voz de la justicia y todos los dictadores en el poder se lo pensarán dos veces antes de matar a su pueblo. Así que es también un mensaje a los dictadores de todo el mundo para que escuchen a los suyos”, manifiesta.

COMPROMISO CON EL MUNDO
“Mi compromiso no es solo con mi país. Ahora, después de este premio, voy a preocuparme por la paz en el mundo. Estoy convencida de que tanto mis colegas como yo vamos pensar en cómo trabajar (por ese objetivo), en especial en el mundo árabe (…) Tras estas revoluciones en Túnez, Egipto, Libia, Siria y Yemen, la revolución llegará al resto”, dice con optimismo.

“Ahora todo el mundo sabe lo que sentimos los árabes. Antes, solo se nos asociaba con el terrorismo. Pensaban que no nos preocupaban ni la igualdad ni nuestros derechos. Esta revolución ha enseñado a Occidente a los verdaderos árabes y también a los verdaderos musulmanes (…) Por el camino de la paz, se derriban las dictaduras”, concluye.