Nueva York: peruanos se ganan la vida disfrazados de muñecos en Times Square

Mickey Mouse, Woody, Elmo o Pitufina en Times Square son son en realidad compatriotas que se las ingenian para sortear la crisis

Nueva York: peruanos se ganan la vida disfrazados de muñecos en Times Square

ANDREA LÓPEZ CRUZADO
Desde Nueva York

Mickey Mouse habla poco inglés y Pitufina es en realidad un hombre. No pertenecen a ningún reino mágico ni aldea escondida de un bosque. De hecho, los dos provienen del Perú.

Hace cinco años, cuando Estados Unidos caía en su peor crisis económica desde la Gran Depresión de la década de 1930, Ronald Mestanza buscaba la manera de compensar los pocos trabajos que conseguía como pintor de brocha gorda, una ocupación que heredó de su padre. Fue entonces que su hermana menor le dio una idea que se convertiría en un empleo de tiempo completo.

¿EL INICIO?
El peruano de Ventanilla encargó a nuestro país dos disfraces y empezó a recorrer las calles del centro de Nueva York vestido a veces de Elmo y otras de Dora, la exploradora.

Eran los primeros días de los muñecos de Disney, Nickelodeon y Plaza Sésamo que hoy abundan en los alrededores de Times Square, el corazón de Manhattan. A toda hora es fácil encontrar a por lo menos una docena de hombres y mujeres disfrazados de Mickey Mouse, Bob Esponja y hasta Hello Kitty, que pugnan por la atención de los turistas para animarlos a que se tomen una foto con ellos a cambio de una propina. Debajo de los clásicos disfraces de fiestas infantiles hay muchos peruanos, que encontraron en esta chamba la manera de sacarle la vuelta al desempleo que la crisis disparó a niveles récord.

“El peruano, creo yo, no se muere de hambre en ninguna parte del mundo”, dice Mestanza, quien hace unos días estaba bajo el disfraz de Pitufina. “Nosotros tenemos esa picardía criolla que siempre nos ayuda a salir adelante, somos pujantes, siempre estamos con una idea. Además, yo soy del Callao”, agrega.

El chalaco recuerda que cuando recién empezó en el negocio, solo había un Woody, el vaquero de la película animada “Toy Story”, pero luego comenzaron a llegar más trabajadores independientes. “Ahora somos como veinte peruanos”, afirma.

Entre sus compañeros está Javier López, quien empezó a disfrazarse hace dos años luego de que la crisis golpeara con fuerza la industria de la construcción y redujera considerablemente su trabajo de jornalero.

TAKE A PICTURE
Vestido de Mickey Mouse, nuestro compatriota dice que ahora gana menos que con su antiguo trabajo, que solía dejarle por lo menos unos 400 dólares a la semana. “No hay opción, hay que tomar lo que está a la mano, menos robar”, dice el chiclayano.

López llegó a Estados Unidos a fines de la década de los noventa. Aún lucha con el inglés, aunque su nueva ocupación lo ha obligado a aprender algunas frases.

“My friend”, “I love you”, “Take a picture” y “Give me a tip”, dice que son las esenciales para convencer al turista de que se tome una foto con él y le deje una propina. Sobre todo las dos últimas.

Otra pionera del negocio es Giovanna Meléndez, quien como el resto de sus compañeros busca clientes usualmente al frente de la tienda de Toys R US, la cadena de jugueterías más grande de EE.UU.

LA ZONA IDEAL
La zona de Times Square es una ubicación preciada y peleada por los muñecos. Si bien representa apenas 0,1% del territorio de Nueva York, genera 18% de la producción económica de la ciudad, lo que equivale a más de US$110.000 millones al año. Por sus calles circularon 328.000 peatones al día en el 2010, el año más reciente del que la Times Square Alliance, una coalición del gobierno municipal y negocios locales, guarda cifras. Ese mismo año, llegaron a la zona 39 millones de turistas.

La mayor parte del tiempo Meléndez se disfraza de Minnie Mouse. Ella vive en Nueva Jersey y viaja todos los días en bus a Nueva York. Su esposo, Javier Arce, la acompaña por lo menos tres veces por semana, sobre todo después de que hace un año la fábrica de galletas para la que él trabaja redujo la semana laboral a cuatro días.

Como el resto de sus colegas, la pareja arequipeña, que tiene cuatro hijos, no descasa domingos ni feriados. Solo lo hace cuando llueve porque la gente camina a la volada sin intenciones de sacar sus cámaras.

LOS DEJAN TRABAJAR
La policía, según nuestros compatriotas, los deja trabajar la mayor parte del tiempo sin inconvenientes, siempre y cuando porten un certificado del Servicio de Rentas Internas, llamado Tax ID, utilizado para procesar el pago de impuestos cuando no se cuenta con un número del Seguro Social.

Cuando quieren descansar, la mayoría de los muñecos acude a un café a una cuadra de la tienda de Toys R US. En el segundo piso del establecimiento se despojan de sus máscaras; algunos se bajan los disfraces hasta la cintura, para almorzar algo rápido, como frutas o galletas con queso, antes de volver a la calle.

En el último año, los disfrazados de Times Square se han multiplicado, inducidos por amigos o familiares y atraídos por la perspectiva de una buena entrada. Sin embargo, la proliferación del negocio ha hecho que las ganancias se repartan entre más personas y, por ende, se reduzcan.

DÍAS BAJOS
Mestanza, quien vive en Nueva York desde hace seis años y medio, recuerda que en los primeros días sacaba hasta US$400 diarios. Pero ante la creciente competencia ahora gana US$300 en los mejores días o US$140 en las jornadas más bajas.

“Todo depende de la gente. Una persona te puede dar un penny [un centavo de dólar] como cien dólares”, dice Mestanza. “A mí me han dado 100 dólares tres veces”.

Meléndez recuerda el día que un turista inglés les dio a ella y a su esposo 25 libras esterlinas a cada uno. Pero también está el otro extremo, como cuando una turista asiática pretendió compensarla con una moneda de cinco centavos.

“‘Esto es basura’, le dije, y le volteé la moneda al piso”, recuerda. “No me aguanté, me dio rabia”, agrega.

Meléndez y Mestanza han encontrado otra manera de sacar provecho a sus disfraces. La Minnie Mouse acumula 24, mientras que el chalaco más de 100, todos traídos del Perú. Él cuenta que cada uno le costó en promedio US$100 más US$70 por el envío vía Serpost. Los dos peruanos los alquilan a compañeros por US$35 el día, y en el caso de Mestanza, con frecuencia también anima fiestas infantiles, donde cobra entre US$150 y US$180 la hora.

En un día reciente, cuando Mestanza conversaba con El Comercio, una muchacha le pidió una foto. Después de que el novio los retrató, este echó un puñado de monedas en la bolsa de propinas que Mestanza siempre carga. Calculó que le habían dejado US$2.

Pocos minutos después, se le acercó una niña. El peruano se vio obligado a hacer otra pausa en la entrevista, acomodar su voz a la de Pitufina, pasar del castellano al inglés y darle a la pequeña un tímido abrazo. Pero los padres no sacaron la cámara, ni dinero.

“Hoy el día está bajo”, dijo. “Me tendré que quedar más horas”.

Accede a esta y otras historias en la edición impresa de El Comercio