“El presidente de Egipto no escuchó a la oposición ni a la gente en las calles”

Para Ahmad Salama, embajador de Egipto en Perú, las Fuerzas Armadas solo respondieron al clamor de la población

GISELLA LÓPEZ LENCI

Egipto ha quedado dividido entre quienes creen que la salida de Mohamed Mursi es fruto de una nueva revolución ciudadana, y entre quienes piensan que se ha perpetrado un golpe de Estado. ¿Cuál es su opinión?

La intervención de las Fuerzas Armadas llegó por un pedido de la gente, porque millones y millones de personas en la calle lo reclamaban, y porque el presidente Mursi se negó a completar y responder positivamente a las demandas de la población, para el beneficio de la economía y de la democracia. Las personas en la calle dijeron: “No te aceptamos más, tienes que irte”. Así que el primer paso no vino de las Fuerzas Armadas sino del pueblo.

Pero hoy [ayer] miles de partidarios de Mursi han salido a las calles reclamando un golpe de Estado. Puede empezar otro baño de sangre…
Justamente, la decisión que han tomado las Fuerzas Armadas ha sido para evitar una guerra civil. Porque una guerra civil estuvo a punto de darse en junio cuando unos 15 millones de personas salieron a manifestarse contra el presidente. Por supuesto que hay partidarios del ex mandatario y ellos son parte del pueblo egipcio y son parte del futuro proceso democrático, pero los pasos que se han dado fueron por exigencias de millones en las calles.

¿Cuáles fueron los principales errores de Mursi?
Él aprobó una resolución presidencial que le daba más poder que incluso al ex presidente Mubarak. Además, permitió la aprobación de una Constitución con la que no estaba de acuerdo la mayoría de facciones políticas. Casi todos los ministros y gobernadores de las regiones eran de la Hermandad Musulmana. En el plano económico, la libra egipcia se depreció en 20% en el último año, y el número de turistas disminuyó debido a las amenazas de grupos extremistas que apoyaban a los Hermanos Musulmanes. El país estaba en una encrucijada por la polarización de la sociedad, como no la hubo antes. Como resultado, después de un año en el poder no hubo decisiones positivas.

¿No había otra forma, por la vía democrática, de solucionar esos problemas y no recurrir a una intervención militar?
Durante este último año, los partidos políticos trataron muchas veces de decirle al presidente que no estaba llevando a Egipto por el camino correcto. Las fuerzas militares también trataron de abrir una iniciativa para el diálogo nacional. Pero el presidente hizo oídos sordos y no escuchó a la oposición ni a la gente en las calles. Además, durante este año, se trató de controlar la libertad de expresión. Incluso fueron arrestados comediantes que expresaban su descontento con las políticas del gobierno. Se quiso controlar los canales democráticos que habían dado a los egipcios cierto margen de libertad.

¿Las fuerzas opositoras no cometieron errores en el complejo proceso que vino después de la caída de Mubarak?
No creo que la oposición haya cometido errores. Algunos analistas hablan de la falta de una figura prominente que pueda liderar a las masas.

¿Quién podría tomar la posta después de este gobierno interino?
El proceso está empezando, pero el nivel de consenso entre las facciones políticas es encontrar una persona con arraigo popular y confiable, con experiencia política y capacidad para sacar adelante la economía.

¿Quizá el general Al Sisi?
Las Fuerzas Armadas no tienen la intención de mantener el poder o entrar en el proceso político de Egipto. Eso estuvo muy claro en la declaración que hicieron el miércoles. El rol del Ejército ha sido responder a las demandas de la población.