El sanguinario policía que "cazaba ojos" se entregó a la justicia

Teniente egipcio manifestaba su odio hacia los manifestantes en El Cairo de una extraña y cruel manera

Video publicado en YouTube que identifica al mencionado policía.

FRANCISCO CARRIÓN
Corresponsal

El Cairo. Al teniente egipcio Mahmud Sobhi el Shenawi le desagradaba la mirada lúcida de los revolucionarios de Tahrir. Y resuelto a mutilarla, transformó una escopeta de balas de goma en un bisturí provisto de la afilada puntería de un francotirador.

Durante los recientes enfrentamientos entre policías y manifestantes, 60 personas llegaron a ser atendidas por heridas oculares en un solo hospital de El Cairo.

La cacería de ojos de El Shenawi habría quedado impune sin el acta en video filmada por un celular. En las imágenes, el joven exhibe sus macabras destrezas ante el júbilo de sus compañeros de escuadrón. “Le has dado en el ojo, bien hecho “ya pasha” (amigo mío, en árabe coloquial egipcio)”, le espeta un camarada cuando El Shenawi retira el dedo del gatillo tras unos cuantos disparos y emprende el repliegue por la calle de Mohamed Mahmud, corazón de los choques que hace dos semanas concluyeron con más de una treintena de muertos y varios miles de heridos.

Para muchos, aquellas instantáneas resultaron ser un triste “déjà vu” de la revolución, cuando la brutalidad policial dejó tuertos a varias decenas de manifestantes; entre ellos, Ahmed Harara.

Este dentista de 31 años perdió su ojo derecho el fatídico 28 de enero, bautizado como “el viernes negro” por la feroz represión de los antidisturbios. “La metralla de unos perdigones disparados a 3 o 4 metros me afectó la retina. Pasé inconsciente tres días”, cuenta a El Comercio Harara, convaleciente aún del reciente incidente en el que perdió la visión que le quedaba. Sucedió el 19 de noviembre y el disparo alcanzó el ojo sano. “Fue una bala de goma que penetró en el ojo izquierdo y ahí sigue alojada”, asegura.

En homenaje a su fe ciega en la resistencia, un montaje fotográfico con sus ojos ocultos bajo parches inunda Internet y los aplausos estallan cuando, por ejemplo, visita el perímetro de un Tahrir que ya es incapaz de ver.

Sus compañeros de lucha lo suelen recibir con una pancarta que reza: “Todos somos los ojos de Ahmed Harara”. Pero él, que perdió su trabajo en una clínica y trata ahora de adaptar su vida a la ceguera, rechaza cualquier acto de excesiva admiración: “No soy un héroe. Solo soy otro revolucionario más de la plaza Tahrir. Incluso allí hay mejores”.

Tampoco halla ninguna reparación en la sed de venganza con la que muchos habitantes del ágora han perseguido al “cazador de ojos”.

LA CAPITAL PIDIÓ SU CAPTURA
Tras la divulgación del video, los muros del centro de la capital se llenaron con grafitis que mostraban el rostro de El Shenawi y pedían su captura “vivo o muerto”. El joven Ayman llegó a distribuir folletos que ofrecían una recompensa de 5.000 libras egipcias (unos 620 euros) a quien aportara pesquisas sobre su paradero. “Muchos egipcios nobles han colaborado sin aceptar a cambio la suma de dinero que prometíamos”, explica a este Diario el promotor de la iniciativa.

Durante días, el cerco en torno al francotirador se fue estrechando gracias a la participación de los internautas que localizaron su perfil en Facebook y su cuenta en Twitter y publicaron su domicilio y teléfono móvil.

Ante la creciente presión popular, la fiscalía general dictó hace una semana orden de detención contra él y lo consideró prófugo de la justicia. Su familia tuvo que cambiar de domicilio después de continuas amenazas y el ministro del Interior, Mansur el Eissawy, declaró que sería arrestado “tarde o temprano”. Pero no hizo falta. Él mismo se entregó para responder a la acusación de disparar premeditadamente a los ojos de los participantes en las protestas.