Yoani Sánchez a El Comercio: “Ya estoy viviendo el poscastrismo”

En entrevista exclusiva, la reconocida bloguera cubana señaló que, para ella, Fidel Castro es parte del pasado

(Video / Foto: Sebastián Castañeda)

BRUNO RIVAS – Enviado Especial

LA HABANA. Estos días son de mucho trajín para Yoani Sánchez. La reconocida bloguera cubana, a quien la revista “Foreign Policy” incluyó el año pasado en su lista de las cien personas más influyentes en el mundo, tiene que entregar varios artículos y cumplir con reuniones, así que no es fácil concertar una cita. Finalmente quedamos en vernos en la Playita 16, ubicada en el barrio Miramar. Llega a la hora convenida, sonriente y de la mano de su esposo, el también bloguero Reynaldo Escobar. Nos cuenta que el lugar que ha escogido fue la cuna de los hippies. Yoani ha elegido un sitio relacionado con la libertad y ella la desea para Cuba.

Tú eres de una generación que no participó de la revolución cubana sino que nació con la dictadura castrista. ¿Tú crees que tu generación sea la que traiga el cambio en Cuba?
Esa es una pregunta que yo me hago todos los días porque como tú bien decías, soy de una generación a la que no se le preguntó. Nos impusieron un modelo, una ideología. Lamentablemente el adoctrinamiento y la falta de expectativas han convertido a mi generación en una que se calla o escapa. La mayoría de personas con las que estudié en la universidad viajaron o están encerrados en el ostracismo. Eso me preocupa porque no es una generación con rebeldía. Nos extirparon el órgano de la rebeldía desde muy pequeños. Sin embargo, creo que ahora mismo somos la generación que mejor está utilizando la tecnología para expresarse, que comprende mejor el potencial de las redes sociales como altavoz cívico. A eso sí le tengo mucha confianza. Además, a la apatía se la despierta. Sí tengo esperanza en mi generación, aunque va con pasos muy lentos.

Cuba vive momentos contradictorios. Por un lado, el gobierno de Raúl Castro está realizando una serie de cambios económicos que promueven la apertura, pero al mismo tiempo se ha intensificado la represión política contra los opositores…
Sí, estamos en un punto de inflexión interesante. Por un lado, Raúl Castro está obligado a realizar una serie de medidas económicas porque si no la inconformidad ciudadana y las exigencias que vienen de dentro y fuera del país harían que peligre su poder. Por otro lado, una de las características fundamentales de su mandato es precisamente un cambio en la manera de controlar, de reprimir.

(En este momento de la entrevista una persona se para entre Sebastián, el fotógrafo de este Diario, Yoani y yo. Ha traído consigo unos perros que nos dificultan la conversación).

Entonces, estamos viviendo un tránsito de una represión más visible, desde el punto de vista judicial, como era con Fidel Castro, a una represión más escondida y más sofisticada.

(Después de unos incómodos segundos, el sujeto se retira con los perros y se pone a conversar con Reynaldo, esposo de Yoani. Ella termina riendo. El hecho me deja con la duda si fue uno de los agentes de Seguridad del Estado que suelen acosar a Yoani).

Raúl Castro ha desarrollado mucho las técnicas de vigilancia. Ha aumentado el personal de la policía política. Por ejemplo, ha desarrollado un sistema de detenciones ‘express’ con mucha violencia física y verbal que no dejan ningún rastro legal. Si con Fidel Castro los disidentes iban a los tribunales y eran condenados a penas de quince, veinte o treinta años, con Raúl todo ocurre sin que quede un papel que indique qué le pasó al opositor. Y esa es una de las características de las tácticas raulistas: la intimidación paramilitar.

Tú has sido víctima de agresiones del gobierno…
He sido víctima de todo tipo de agresiones. Afortunadamente yo puedo narrar mi vida de dos maneras. De la manera dolorosa, ese camino del golpe, de la intimidación, de la satanización pública, de mi rostro en la televisión nacional rodeado de los peores adjetivos. Pero tengo otra manera más bonita: el placer de escribir en mi blog lo que pienso, la satisfacción personal de haber renunciado a la mordaza, y sobre todo la enorme satisfacción de caminar por las calles de mi país y que la gente me reconozca. Ese es mi premio.

Este año has aparecido en el ránking de las cien personas más influyentes del mundo. Y estás dentro de los tres únicos latinoamericanos de la lista…
Según la revista “Foreign Policy” estoy en una lista de gente muy selecta, de pensadores, de personas que desde la palabra y la acción cívica están cambiando algo en sus comunidades y en el mundo. Y me parece muy interesante porque creo que estamos asistiendo a un proceso donde la importancia social ya no está en los cargos políticos, en los presidentes, en las figuras de los gobiernos o en las personas de uniforme militar. La importancia se está trasladando a los ciudadanos, a los pequeños individuos, a las hormiguitas como yo. Y me gratifica ser, de alguna manera, pionera en esta época cívica menos centrada en las figuras y más en las calles.

Me imagino que te refieres a la primavera árabe y a los movimientos de ‘indignados’ de todo el mundo. ¿Cuándo va a llegar un movimiento así a Cuba?
Me parece que todavía. Aunque nos podrían dar la sorpresa y empezar mañana. Hay mucho miedo, la sociedad civil está muy fragmentada. La policía política hizo un trabajo tremendo separando grupos, personas. Los mecanismos de convocatoria son todavía muy rudimentarios. Recuerda que en Cuba, a diferencia de los países del norte del África, la posibilidad de convocar o aglutinarse a través de las redes sociales es mínima. Y por otro lado, el celular es monopolio estatal, tiene tarifas muy altas. Utilizar un Blackberry o un iPhone para trasmitir mensajes como “Vamos a ocupar la Plaza de la Revolución mañana” es muy complicado todavía. Además, la gente tiene miedo. Pero los cubanos están mostrando su inconformidad de otras maneras. Camina por las calles de la ciudad y pasa por un consulado extranjero y verás las largas filas de personas que aguardan visas para emigrar. Por el momento esa es la forma que la población ha elegido para demostrar que está en contra del gobierno y las reformas raulistas. Espero que algún día dejen de escapar y empiecen a resistir desde adentro.

Fidel y Raúl Castro son octogenarios. ¿Qué va a pasar después de su muerte?
Estás hablando con una persona que de alguna manera ya está viviendo el poscastrismo. Yo ya no cuento con la figura de Fidel Castro. Él forma parte del pasado de mi vida, no cuento con él para el futuro. Creo que en la medida en que los cubanos mentalmente y psicológicamente logremos superar el magnetismo, simbolismo e hipnotismo que han causado esas dos personas en la historia nacional, tendremos una Cuba más inclusiva y más democrática. Ellos simplemente han convertido el poder en Cuba en una cuestión de familia. Y así como ellos lo han creado, se van a ir al basurero de la historia porque así ellos mismos lo han concebido. Es un sistema muy personalista, pues cuando ellos mueran no se sabe quién va a sucederlos porque, como Saturno, ellos mismos han devorado a sus propios hijos. Han encarcelado y defenestrado a todos los posibles sucesores. Así que morirán y tendremos una Cuba sin ellos.