Esta es la nueva generación de peruanos en China

El chino no se habla: se canta. Tampoco se escribe: se pinta. Mucho menos se entiende: se acepta. Así es el chino: o lo amas con locura o lo odias con delirio… para siempre.

Esta es la nueva generación de peruanos en China
*Por: Patricia Castro Obando, corresponsal* (*) Beijing.- La habitación que comparten Ronald Ruesta y Pedro Leiva en la Universidad de Lengua y Cultura de Beijing está empapelada con caracteres chinos. El ideograma “fu” de “felicidad” fue pegado en el interior de la puerta para que nunca se vaya. Desde hace 8 meses, cada objeto del cuarto lleva una etiqueta que recuerda su nombre en mandarín. La puerta se llama “men”; el televisor, “dianshi”, y el armario (forrado con postales peruanas) es “guizi”. Ronald, de 28 años, administrador graduado en la Universidad Nacional de Piura, proviene del caserío Dotor, en el distrito de San Juan de Bigote (provincia de Morropón). Desde los confines del norte peruano hasta la capital china ha traído su guitarra y un póster del lago Titicaca. Pedro, alumno de Publicidad en la UPC, ha hecho el viaje de vuelta. Hace 23 años nació en Beijing cuando sus padres estudiaban becados en esta misma universidad. Su casa en Lima es la única en el barrio —a excepción de los chifas— que tiene un dragón barnizado en la puerta. Como todos los estudiantes extranjeros que vienen a aprender mandarín, ambos han recibido nombres chinos, en ocasiones transcripciones fonéticas de los oficiales y que adquieren significados curiosos. El nombre de Pedro significa “pequeño dragón” quizás porque su padre es el dragón de la familia, mientras que el nombre de Ronald significa “hombre desnudo”. Solo Leonardo Lay, de 27 años y traductor graduado de la Universidad Ricardo Palma, lleva el nombre memorable de “gran talento”, que fue elegido por su abuela china. Leonardo es tusan, estudió en un colegio chino y domina varios idiomas, pero tuvo que venir a China para aprender mandarín. Según datos de la Embajada del Perú en China, más de 21 peruanos estudian el idioma en distintas universidades de este país. La cifra, que es un aproximado, triplica el promedio en la última década. Las becas han aumentado, pero también los peruanos que vienen por cuenta propia. La mayoría ya no tiene orígenes chinos. “Todo empezó con una decepción. Tenía la ilusión de estudiar y trabajar en EE.UU., pero me negaron la visa. De casualidad encontré un instituto de chino. Empecé a estudiar el idioma, y me gustó tanto que utilizaba palitos para comer y miraba televisión china. Mi madre me preguntó qué me pasaba. Le dije: “Quiero ir a China, siento que este idioma puede cambiar mi vida”. Entonces, mi familia me dio la oportunidad”, declara Juan Carlos Ramos, de 23 años, graduado de Turismo y Hotelería en la Universidad San Martín de Porres. Después de clases, algunos se reúnen para almorzar en la habitación de Pedro y Ronald, doctorados en lomo saltado, que han impuesto la olla común. Por la tarde, repasan lo aprendido, memorizan un promedio de 30 caracteres diarios y preparan la siguiente lección. Por cada hora de clase, los profesores aconsejan dos de estudio personal. Para aprender mejor el idioma, los compañeros recomiendan tener una novia china. *CERCA DE TI* Para estos jóvenes, la seguridad es la mayor virtud del país, y las restricciones en Internet, una sorprendente limitación. “Puedes salir en bicicleta con un bolso y no hay que esconder nada ni tener miedo por la noche”, destaca Evelyn Gutiérrez, cirujana dentista de 28 años que vive en un dormitorio universitario. “You Tube, Hi5 y Blogspot están bloqueados, pero siempre hay otras opciones”, comenta Juan Carlos, cuyo nombre en chino se traduce como “barba segura”. El TLC ha despertado muchas expectativas y el grupo está dispuesto a asumir el reto. Yessica Quintana, de 24 años, vino a trabajar por dos semanas y ya lleva casi año y medio estudiando en Beijing. “Llegué como intérprete inglés-español con una empresa peruana que importa buses, pero me di cuenta de que sin el mandarín no se pueden hacer negocios. Ahora mi empresa quiere abrir una oficina de representación en China”, sostiene. Su nombre en chino significa “tarjeta musical de occidente”. En el cuarto de Ronald y Pedro, las fotos de paisajes peruanos recortadas de revistas compiten por el espacio con los caracteres chinos. “Todos hemos sentido nostalgia pero no hay éxito sin sacrificio. Felizmente estuvimos juntos en Navidad”, confiesa Evelyn. Y repite convencida: “Sé que esto va a dar frutos, ahora estamos sembrando”. (*) *Además de corresponsal de El Comercio, Patricia Castro Obando también escribe el blog "Planeta China":http://blogs.elcomercio.com.pe/planetachina/.*

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