Estados Unidos prevé una temporada promedio de huracanes en el Atlántico

Los meteorólogos estiman que se generarán 14 tormentas con nombre y que siete de ellas se convertirán en ciclones

La temporada de huracanes del 2009 en el Atlántico estará dentro del promedio con hasta siete de esos fenómenos, según predicciones de la agencia meteorológica del Gobierno de Estados Unidos divulgadas el jueves. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por su sigla en inglés) dijo que la temporada 2009 generaría entre nueve y 14 tormentas con nombre y que cuatro a siete de ellas se convertirían en huracanes. Uno a tres de los huracanes, en tanto, se transformarían en poderosos fenómenos meteorológicos de la Categoría 3 ó superiores, con vientos máximos sostenidos de más de 177 kilómetros (110 millas) por hora, dijo la agencia en su pronóstico anual. El año pasado fue uno de los más activos según los registros, con 16 tormentas tropicales y ocho de ellas convertidas en huracanes. La temporada de huracanes comienza oficialmente el 1 de junio y su punto máximo generalmente se alcanza entre fines de agosto y mediados de octubre. Una temporada de huracanes del Atlántico promedio tiene 11 tormentas tropicales con seis huracanes, incluyendo dos o tres grandes, estimó la NOAA. Meteorólogos estadounidenses, incluyendo investigadores privados y de universidades, han pronosticado que la temporada de huracanes del 2009 será menos activa que el año pasado. Pese a haber fallado en sus proyecciones en los últimos años, los pronósticos de huracanes son seguidos de cerca por los mercados de energía, seguros y materias primas. El interés surgió luego de las devastadoras temporadas de huracanes del 2004 y el 2005 que causaron millonarios daños en el estado de la Florida y en campos y plataformas de petróleo y gas en la costa estadounidense del Golfo de México y en la costa mexicana del golfo. Un récord de cuatro grandes huracanes afectaron a Estados Unidos en el 2005, incluyendo a Katrina que dejó alrededor de 1.500 muertos en la costa estadounidense del Golfo de México y causó 80.000 millones de dólares en daños, convirtiéndolo en el desastre natural más costoso en la historia del país.