La Ópera de Beijing: El último grito de la moda

Casi desaparece, pero empezó a renacer tras los Juegos Olímpicos. Ahora es materia obligatoria en los colegios

El último grito de la moda. La Ópera de Beijing casi desaparece, pero empezó a renacer tras los Juegos Olímpicos. Ahora es materia obligatoria en los colegios.

*Por: Patricia Castro Obando Corresponsal* *BEIJING. *Con una película recién estrenada, un flamante teatro, un canal exclusivo y su introducción como asignatura obligatoria en las escuelas, la Ópera de Beijing intenta recuperar su esplendor en la escena artística local. Durante mucho tiempo fue limitada como atracción para ancianos y turistas extranjeros. El año pasado, los Juegos Olímpicos le sirvieron como trampolín. ¿Pero será suficiente para que el tono agudo se convierta en el último grito de la moda? En diciembre del 2008 se estrenó “Mei Lanfang” (“Forever Enthralled”), del cineasta chino Chen Kaige. Quince años después de su éxito mundial con “Adiós a mi concubina” (Palma de Oro en Cannes en 1993), el famoso director volvió a relatar el tortuoso camino que la ópera tradicional china vivió en el siglo XX. La cinta es el homenaje de Chen a Mei Lanfang, el gran maestro de la Ópera de Beijing y el artista de voz aguda que interpretaba roles femeninos más aclamado en la historia operística nacional. La película, valorada en US$15 millones, ha tenido cierta acogida entre la juventud china debido a la participación de Leon Lai, un conocido actor y cantante hongkonés que interpreta a Mei. Además, ha marcado la reconciliación de la actriz china Zhang Ziyi con la audiencia de su país, que la llegó a acusar de traidora por su rol estelar en “Memorias de una Geisha”. Incluso, ha dejado satisfechos a los censores del Gobierno al destacar el patriotismo de Mei, que se convirtió en un héroe en China cuando desafió a los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Pero la crítica internacional todavía no le da su aprobación. *TEATRO Y CANAL* A fines del 2007 se inauguró el Gran Teatro Mei Lanfang, un edificio de tres pisos construido especialmente para representar piezas de la ópera china. Con una inversión superior a los US$117 millones, el diseño combina una perfecta acústica y equipos de alta tecnología con elementos de la arquitectura tradicional china. El teatro tiene capacidad para 1.200 espectadores, un programa variado de presentaciones y un amplio rango en el precio de las entradas (de US$7 a US$300). En el vestíbulo, una estatua de Mei Lanfang, sentado cómodamente como un espectador más, da la bienvenida. El edificio es administrado por la Compañía Nacional de Ópera de Beijing, establecida en 1955, y cuyo primer director general fue precisamente Mei. Este cargo lo ocupa en la actualidad Wu Jiang, un controvertido escritor de piezas operísticas. En el 2001, el mismo año en que China ganó la plaza para organizar los Juegos Olímpicos, la cadena estatal de televisión lanzó un canal cultural dedicado exclusivamente a difundir ópera y música tradicional. CCTV-11 transmite programas sobre la totalidad de óperas existentes —entre tradicionales y modernas— de todas las regiones. Este proyecto, como los anteriores, es subvencionado casi completamente por el Gobierno. El Ministerio de Educación inició en el 2008 un proyecto piloto para incluir la Ópera de Beijing en el currículo estudiantil de doscientos colegios en diez provincias. Fueron seleccionadas quince piezas —clásicas y modernas— para integrar el primer programa oficial. La medida desató controversias en China. Meses antes, los expertos advirtieron que “la Ópera de Beijing se enfrentaba con el riesgo de extinción porque su ritmo lento y su lírica abstrusa la han alejado de los jóvenes”. El primer objetivo del plan fue “aumentar su popularidad entre la nueva generación china que está más familiarizada con sus iPods que con el aria del Rey Mono”, escribió un crítico. “El año pasado se abrieron muchos cursos en las escuelas primarias. Cuando los niños aprenden las distintas fases de la ópera, la disfrutan rápido. Podemos absorber la cultura occidental, pero no debemos alejarnos de nuestra tradición”, manifestó Wu Jiang. Según este director, cada vez más padres mandan a sus hijos a las escuelas de aficionados, lo cual augura un mejor futuro para la ópera en comparación con las últimas dos décadas de transformaciones. Uno de los motivos puede ser el prestigio que ha recuperado esta profesión en los círculos artísticos. Pero sin innovación no hay progreso, y este es el mayor reto que enfrenta la Ópera de Beijing. Wu Jiang, que le ha dedicado aproximadamente 50 años de su vida, considera que este arte debe volver por el mismo camino que Mei Lanfang, el primer y más grande reformista de la Ópera de Beijing, se atrevió a abrir. *El hombre que triunfó con un vestido* Mei Lanfang (1894-1961), predestinado para triunfar en la ópera —provenía de una familia que durante generaciones se había dedicado a ese arte escénico—, se inició a los 8 años y debutó en las tablas tres años después. Su verdadero nombre era Mei Lan, pero agregó “fang” para conseguir un tono de suavidad. Durante su medio siglo de carrera encarnó a todos los personajes femeninos del “jingju” (como se conoce a la ópera en mandarín), desde concubinas y emperatrices a diosas o mujeres soldados. Llegó a ser tan exitoso en estos roles que los hombres de aquella época decían: “mi mujer debe ser como Mei Lanfang”. Su compañía fue la primera en llevar a la ópera china a otros países como Japón, Estados Unidos y la otrora Unión Soviética. Asimismo, influyó en la renovación de la ópera china y la introducción de elementos occidentales en sus canciones y danzas, como en la incorporación del violín de dos cuerdas, el “erhu”, instrumento estridente que hoy no puede faltar en ninguna representación. Además de sus dotes artísticas, a Mei se le admira porque se negó a actuar durante los nueve años que China estuvo invadida por las tropas japonesas, entre 1937 y 1945, lo que lo convirtió en uno de los símbolos del nacionalismo chino. *Una ópera con rica historia* La Ópera de Beijing nació en el siglo XIX de un matrimonio entre dos estilos operáticos provenientes de las provincias de Anhui y Hubei, durante la dinastía Qing. También tomó préstamos de otras óperas regionales y del Kunqu, un estilo de teatro musical con cinco siglos de antigüedad. Aunque la Ópera de Beijing es relativamente joven, muchas de sus historias se extraen de épicas escritas en tiempos tan remotos como el siglo XII.

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