Puertorriqueño en huelga de hambre para que esposa peruana no sea deportada

La cajamarquina Juana Mariñas, quien llegó a Estados Unidos en el 2004, intentó regularizar su estatus migratorio, pero las autoridades la rechazaron

*Por Enrique Flor Zapler ** *MIAMI.* El puertorriqueño Wilfredo Mendoza cumple 12 días sin comer por defender a la persona que ama, su esposa, la peruana Juana Mariñas. Este boricua de 55 años está convencido de que autoridades de Inmigración vienen cometiendo una arbitrariedad al rechazar la solicitud de regularización del estatus migratorio de su pareja cajamarquina, con quien contrajo matrimonio en agosto del 2008. *AMOR PUESTO EN DUDA* “Me casé con Juanita porque nos enamoramos, nuestro matrimonio no es falso, los de Inmigración están cometiendo una injusticia con nosotros”, afirma el puertorriqueño. Mendoza es una de las cinco personas, tres de ellas ilegales, que están en huelga de hambre desde el primer día de este año clamando al presidente Barack Obama que ordene la suspensión de las redadas de inmigración y evite la separación de las familias hasta que su gobierno apruebe una reforma inmigratoria. Y es que durante la administración de Obama las autoridades libran una intensa arremetida en el país contra inmigrantes indocumentados. Solo en el 2009 fueron detenidas 160.000 personas y 280.000 terminaron deportadas, cifras que duplican las operaciones durante el anterior gobierno de George W. Bush, según reportes del Departamento de Seguridad Nacional. Se calcula que en EE.UU. existen 12 millones de inmigrantes indocumentados. Aglutinados en una carpa levantada en la explanada de una iglesia en una zona agrícola de Miami, el quinteto de manifestantes no solo debe sobrellevar un prolongado ayuno sino, y quizás peor aun, soportar el extremo frío polar que inusualmente azota el sur de Florida, con temperaturas que por las madrugadas bajan a menos de 0 grados. “Yo le he pedido a Wilfredo que no la haga [la huelga de hambre], es muy peligrosa para su salud, no sé cómo puede soportar tanto frío en la calle”, dice Mariñas, una indocumentada de 42 años que migró a EE.UU. en el 2004 para, según ella, ayudar a pagar los estudios universitarios de sus dos hijos en Lima. Dedicada a labores de empleada doméstica en Miami, Juanita Mendoza —como apellida desde que se casó con su esposo puertorriqueño—, relata que el dinero que ganaba en el Perú como vendedora de artesanías en el Cercado de Lima no le alcanzaba. De ahí tomo la drástica decisión de viajar para ofrecerles educación superior a sus hijos, quienes estaban a punto de acabar la secundaria. De acuerdo con Mendoza, su esposa fue rechazada en dos entrevistas: en la primera (marzo del 2009) ella tardó en responder por la dirección en la que vivía antes de su matrimonio y en la segunda (junio de ese mismo año) por dudar en reconocer la llave del domicilio conyugal. “Ella se puso nerviosa, la primera vez se bloqueó, justo acababa de fallecer su hermano mayor, y la segunda vez, luego de casi una hora y 15 minutos de entrevista, me pidieron mi manojo de llaves y le preguntaron cuál era la llave de la casa, ella tomó la correcta, pero el entrevistador la hizo dudar, y luego de eso la rechazó sin considerar todo lo que había respondido bien”, relata Mendoza. “Yo estaba furioso, casi llorando. La traductora le dijo delante de nosotros que en esa oportunidad él se había equivocado”, recuerda Mendoza. La pareja ha apelado el caso. El Servicio de Ciudadanía e Inmigración de EE.UU. señaló que no podía pronunciarse al respecto. *El drama de las familias separadas* Junto con Mendoza vienen protestando pacíficamente Jonathan Fried, un activista estadounidense que solicita la presencia de Janet Napolitano, secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, para escuchar los reclamos del grupo. También la hondureña Jenny Aguilar, una mujer de 35 años y madre de tres hijos que fue víctima de abuso doméstico, pero no se atrevía a denunciar a su ex esposo, ya que este la había denunciado anteriormente con Inmigración, por lo que fue deportada en el 2005. Tras volver a cruzar la frontera por México, y luego de juntarse con su ex pareja y sufrir una nueva golpiza, lo denunció con la policía. *[*] Especial para El Comercio*