Museo arruinado, por Álvaro Roca-Rey

Comentario al artículo “¿Museo cerrado?”, por Roxanne Cheesman

Museo arruinado, por Álvaro Roca-Rey

En este Diario, Roxanne Cheesman nos deleita con excelente prosa sus muy interesantes y bien documentados artículos de carácter histórico. Lamento tener que enmendarle la plana a su última publicación: “¿Museo cerrado?”. 

Belaunde (1980) propuso levantar el gran Museo Nacional. Se encontraba aún en excavaciones cuando Alan García lo sucede y detiene esta gran obra. Dispone entonces del edificio del Banco de la Nación para albergar este establecimiento. Se adecuaron los espacios y con un inteligente guion museográfico el nuevo museo atendió la imperiosa necesidad de tener un hogar más conveniente que el casi bicentenario y obsoleto museo de Pueblo Libre.

Vino Fujimori y entregó la sede del INC al Tribunal Constitucional con todos sus muebles y obras de arte y lo mudó al Museo de la Nación, invadiendo espacios museísticos. En el año 2004 (Toledo), este museo postuló para acoger la asamblea de gobernadores del BID. Condicionado a que, concluido el evento, todas las mejoras hechas en el edificio pasaban a posesión del museo, léase INC. La inversión fue de US$2,5 millones. Se restauraron, recuperaron, acondicionaron salas de exhibiciones, auditorios, ascensores, oficinas administrativas, aire acondicionado, sistemas contra incendios, iluminación... En suma, el edificio entero volvió a nacer y ofreció finalmente un lugar reluciente, moderno y digno, para exhibir nuestro patrimonio y acoger adecuadamente a los visitantes. 

Siendo el magíster García nuevamente presidente, este destina la Dirección Nacional del INC a Cecilia Bákula, hija de un connotado diplomático aprista. Un año después quien suscribe estas líneas renuncia a la Dirección del Museo de la Nación por diferir diametralmente con las incoherentes políticas institucionales que aplicaba esta directora.

Poco después y en forma sistemática, el museo fue siendo desmantelado. Se realizan los eventos ALC-UE y APEC (2008). Posteriormente se traslada parte del Ministerio de Educación y se dispone que se desmantelen las salas de exhibición para crear dependencias administrativas. Los tesoros artísticos son confinados a los depósitos, algunos desaparecidos, otros enviados a museos de provincias.

Una oficina puede ubicarse casi en cualquier inmueble, una sala de museo no. Si un gobierno quiere realizar citas cumbres en los museos, por lo menos sus autoridades deben velar por la devolución de los espacios o que construyan unos nuevos o un centro de convenciones. No se deben violentar los espacios culturales ni tampoco designar funcionarios genuflexos que no defiendan lo que se les confía.

Tiene razón la historiadora Cheesman al usar la alegoría de “Saturno devorando a sus hijos” cuando se refiere a los responsables de tal atrocidad, en lo que se equivoca es en acusar a los actuales funcionarios, cuando fueron los nombrados por ese presidente los que arruinaron un museo de todos los peruanos. 

Sarcasmo final: tenemos un teatro que rivaliza con los mejores de la región; pero, dueños de tesoros artísticos e históricos incomparables, no tenemos aún el museo que enaltezca nuestra identidad nacional, que eduque, que nos sirva de autoafirmación, de orgullo, que atraiga el turismo internacional. Insólito. 

La actual ministra de Cultura ha lanzado el proyecto del nuevo gran Museo Nacional, saludamos su iniciativa, ojalá que la lentitud administrativa no le arranque de las manos las tijeras y la cinta.