El nuevo gobierno y la cultura, por Cecilia Bákula

Una visión moderna de la cultura requerirá de ordenamiento interno.

El nuevo gobierno y la cultura, por Cecilia Bákula

Ilustración: Giovanni Tazza

Cecilia Bákula

Existe una justa expectativa con respecto a quién será el próximo ministro de Cultura y cómo se implementará una urgente política cultural.

Como he señalado en otras oportunidades, la cultura fue poco tenida en cuenta en el discurso de los aspirantes a la Presidencia de la República. No obstante, quien asuma la conducción de esta cartera deberá iniciar su gestión con pautas claras, que deseo estén siendo elaboradas con realismo y criterios amplios y que ello sea parte de la labor integral del equipo de gobierno.

Luego de seis años de existencia, en el Ministerio de Cultura queda mucho trabajo por hacer para que sea un ministerio promotor y no solamente controlador. Si bien es cierto que hay una actividad importante relacionada con el Gran Teatro Nacional, no deja de ser cierto que no es un sector eficiente y pareciera mantenerse la visión de una acción que se centra en lo arqueológico de manera fundamental y ello, aunque importante, limita la perspectiva de lo que debe ser ese ministerio, requerido por el Perú y necesitado por nuestra variada y rica cultura, especialmente cuando nos acercamos al bicentenario de nuestra independencia.

Una visión moderna de la cultura, para convertirla en palanca de desarrollo y en eje de identidad, requerirá de un ordenamiento interno, a fin de que una sana evaluación le permita convocar a los más capaces y mostrar que puede y debe generar trabajo, inversión, buena gestión y, por lo mismo, nuevas capacidades, intervenciones novedosas, y una imagen del Perú que se asocie a la creación cultural contemporánea que, no cabe duda, se sustenta tanto en lo milenario como en las propuestas más actuales. Me parece que sin un plan rector y de acción claro y ordenado, no será posible obtener los recursos económicos indispensables para que la cultura, ya sentada en la mesa de la decisión política, deje de ser vista como la cenicienta o como un sector “de segunda”. 

Una de las acciones inmediatas a tomar por la nueva administración sería desarrollar una “hoja de ruta” que, entendida como parte de la acción integral del Estado, nos permita entender que se tiene una clara idea de cultura como eje de identidad y pertenencia y como agente de cambio, modernidad y progreso. Sé, por experiencia, que ese enunciado puede ser difícil de poner en práctica, pero es necesario recordar que este ministerio tuvo, en sus orígenes, una propuesta de organización, funciones y pautas que fue elaborado con el apoyo de Aecid y la participación de todos los sectores involucrados: creadores, actores, gestores, etc.

Si bien fue necesario unir al ministerio entidades que estaban fuera del sector, como la Biblioteca Nacional y el Archivo General de la Nación, a este se le sumaron responsabilidades que deberían ser ejecutadas por otras entidades del gobierno, como la implementación de la ley de consulta previa. Como acción gubernamental me parece muy importante, pero no creo que sea una de las capacidades del Ministerio de Cultura ni su responsabilidad principal.

Existe la esperanza de que se cumpla la propuesta del presidente electo, referida, entre otros aspectos, al incremento del presupuesto para el sector y el impulso a lo que sigue siendo un sueño: motivar la participación del empresariado y de los particulares mediante incentivos tributarios en la cultura. Campos como las bellas artes, la música, la literatura, el teatro y los elencos nacionales y regionales requieren de la inclusión de los más jóvenes para cultivar generaciones de creadores que puedan acceder a fondos concursables, tener alicientes y motivación. 

Bien se ha señalado que quien asuma esta cartera deberá ser no solo una persona con conocimiento de la gestión gubernamental, sino con capacidad de llevar adelante un plan de cultura que sea incorporado sólida y técnicamente a la acción de gobierno, para que las propuestas tengan respaldo y sean coherentes, pues este sector cruza transversalmente la acción del gobierno y se desempeña a lo largo de todo el territorio nacional.