Elecciones dadá, por Gonzalo Torres

Ya estamos llenos de paneles con increíbles frases, nombres singulares, ideas alucinadas.

Elecciones dadá, por Gonzalo Torres

El columnista lamenta que el siguiente alcalde de Lima no exponga sus planes. (Foto Referencial / El Comercio).

Ya sabemos, como van las encuestas, que una silla vacía es la que va a ganar las elecciones de octubre para la alcaldía de Lima. Si eso no es kafkiano entonces qué le parece que le hagan preguntas a una silla vacía. 

Eso ocurrió en el primer debate entre candidatos a la alcaldía de Lima en el que se le hicieron preguntas a la silla desocupada que debía contener a Luis Castañeda

La silla no respondió, por supuesto. Eso hubiese sido más kafkiano aún. Una parada más en lo que será la larga lucha por el que los noticieros llaman el sillón municipal.

No me extraña esta anécdota si los últimos tiempos hemos estado observando un dadaísmo trasladado a las arenas políticas de nuestra ciudad. Ya estamos llenos de paneles con increíbles frases, nombres singulares, ideas alucinadas. Ya escuchamos las propuestas de doce candidatos en una especie de debate última cena (¿debate entre doce personas?) en el que hay persistentes, primerizos, interrogantes, serios, técnicos, para qué me trajeron aquí, antagonistas y drones, entre otros que ni lograron que pongan el pin de su partido prendido en su solapa en los resúmenes de noticias.

Y esto se va a calentar más todavía pues falta el “potoaudio” de esta elección, el outsider, las opiniones de los congresistas, los amigos que se perderán en las redes sociales, los muñecos en las calles, los candidatos en los barrios, las portátiles con sus banderitas, las primeras palabras del mudo, en fin, seguiremos informando. 

Pero de lo que nos perderemos será el verdadero debate que necesita Lima, que es la viabilidad de esta ciudad, su sostenimiento, sus planes a largo plazo. 

Temas como seguridad ciudadana, crecimiento planificado, transporte urbano o temas que no dan tantos votos pero igual de importantes como el patrimonio urbano, medio ambiente, reorganización territorial no estarán en las primeras planas.

El asunto es que una elección hoy en día no se gana por el mejor plan de gobierno para la ciudad, ni mucho menos cuál es el mejor candidato sino cuál es el candidato antítesis del anterior, cuál es su némesis. El voto en contra. 

¿Hay algo más dadaísta que eso? Me sorprende que nadie haya pensado en un hígado para su símbolo, ni tampoco un serrucho, pero no nos adelantemos que aún hay mucho pan por serruchar y el camino hacia el sillón es ancho y ajeno. 

Sobre la anterior columna y las huacas
En otro tema, el domingo pasado, me referí a lo que en apariencia fue una mala política por parte del Ministerio de Cultura en poder realizar una difusión de las huacas limeñas. 

Tuve una reunión con la ministra, quien me aseguró que fue una descoordinación de un área específica, ofreciéndome las disculpas del caso. A veces, la burocracia se maneja sola y esto sirve para que se tomen cartas en el asunto. 

Subsanado el impasse para todos quienes laboramos en la difusión cultural. Bien por las huacas.