Policía capturó a ‘Feliciano’ pero le dieron de baja

Inspectoría propuso que efectivo fuera ascendido, pero el mismo día la Dirección General lo retiró

Policía capturó a ‘Feliciano’ pero le dieron de baja
*Por Miguel Ramírez* Unidad de Investigación El pasado 31 de diciembre, el mayor PNP Carlos Monge Pimentel —el policía que en 1999 capturó al entonces jefe de Sendero Luminoso Óscar Ramírez Durand “Feliciano”— recibió dos resoluciones contradictorias que lo dejaron paralizado: En la primera se le comunicaba su ascenso al grado inmediato superior (comandante) por acción distinguida. Le hacían saber que tras nueve años de investigaciones internas se había confirmado que él era el autor de la captura de ese terrorista; y en la segunda, se le informaba que había sido pasado al retiro por renovación de cuadros. Su despido como policía se cumplió ese mismo día, pero su ascenso por acción distinguida nunca se hará realidad, pues ya no está en actividad. Hasta ahora, Monge no entiende nada. ¿Cómo es posible tamaña contradicción? Confundido y sin saber qué hacer, Monge vino a El Comercio. Y es que recordó que ya en el año 2003, este Diario dio a conocer en exclusiva su participación clave en la captura de “Feliciano” y cómo fue sometido a los peores vejámenes por Vladimiro Montesinos para que reconociera que esa detención histórica la había hecho el Ejército y el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), y cómo después fue postergado en sus ascensos y enviado a Bolivia para que nunca contara la verdad de los hechos. *HISTORIA INJUSTA* “No lo puedo creer, esto es inaudito”, dijo Monge. La historia de este policía es alucinante e injusta. El informe número 565 emitido por la Inspectoría General de la Policía Nacional el 31 de diciembre del 2008 señala que —luego de las investigaciones administrativas disciplinarias en torno a la solicitud del mayor Monge peticionando el otorgamiento de ascenso al grado inmediato superior por causal de acción distinguida— se ha llegado a la siguiente conclusión: “Se deberá otorgar al mayor PNP Carlos Monge Pimentel, de acuerdo a lo establecido en el artículo 2 de la Ley 27780, el grado inmediato superior, ya que en acto del servicio y en cumplimiento de sus funciones capturó al DD.TT. (delincuente terrorista) Óscar Alberto Ramírez Durand “Feliciano””. Lo paradójico es que los cuatro agentes que estaban bajo el mando del mayor Monge y que también participaron en esa captura fueron ascendidos el 20 agosto del 2002. Al respecto, el informe refiere: “El haberse ascendido al grado inmediato superior a los cuatro suboficiales que también participaron en ese hecho, y no así al mayor Carlos Monge Pimentel, no solo es un acto discriminatorio como señala la Defensoría del Policía (que también investigó este caso), sino también han sido vulnerados sus derechos constitucionales. Es decir, a igual hecho se debe aplicar el mismo derecho”. *RECORDAR NO ES VIVIR* Para Monge recordar no es vivir. Por eso mejor leamos lo que dice la inspectoría. En el documento se relata paso a paso toda la pesadilla que vivió el mayor Monge el 14 de julio de 1999, y los días posteriores, cuando era jefe de la Comisaría de El Tambo, en Huancayo. Un día antes, el 13, el entonces presidente Alberto Fujimori había anunciado públicamente en Jauja que “Feliciano” estaba a punto de ser capturado en Pariahuanca, una zona distante a 25 kilómetros de Huancayo. Fujimori buscaba réditos políticos con esa captura, pues planeaba su reelección en el 2000. Pero, para su mala suerte, “Feliciano” se hizo humo. Según la investigación, fue en esas circunstancias que el mayor Monge recibió la orden de tomar medidas de seguridad para que “Feliciano” no pudiera escapar del cerco que le habían tendido más de 500 militares. Inteligente, Monge colocó al patrullero (camioneta) de placa HH-2632 en un lugar clave en donde se dividía Cochas Grande y Cochas Chico, que es la zona que comunica la ciudad de Huancayo con Pariahuanca. Allí dejó a los suboficiales David Calderón Berrospi, Benancio Galván Galván, Edilberto Villón Rojo y Carlos de la Cruz Tapia. De repente, a las 4:45 de la madrugada del día 14, pasó por el lado del patrullero el micro de placa UI 7540 conducido por el suboficial PNP Adolfo Salazar, quien en sus días de franco se ganaba la vida haciendo servicio público. El micro, que hacía la ruta Huancayo-Cochas y viceversa, iba sin pasajeros. Pero cuando regresó por el mismo lugar, en su interior iban cuatro pasajeros. Los policías, al percatarse de ese hecho, le hicieron señales al chofer para que se detuviera, pero Salazar (que era amenazado por los terroristas) no hizo caso. Entonces se inició una persecución que terminó ocho cuadras más adelante, cuando el patrullero cerró el micro. Salazar bajó corriendo y les gritó a sus colegas: “¡Allí está!” “¡Allí está “Feliciano”!”. Los policías, sin perder tiempo, subieron al micro y encontraron al líder senderista acompañado de tres mujeres. “Feliciano” estaba mudo, pero no quería ponerse de pie. Entonces uno de los policías le propinó un golpe en el cuerpo con la culata de su fusil. Recién entonces “Feliciano” obedeció y dijo: “Ya perdí. Ustedes han ganado. Soy “Feliciano”. No me hagan daño. Estoy desarmado”. Emocionados —siempre según la investigación de la inspectoría— los policías llamaron por radio a su jefe, el mayor Monge, y le dijeron que tenían al entonces líder máximo de Sendero. Monge les dijo que lo llevaran inmediatamente a la Comisaría. Cuando llegaron, Monge dispuso que “Feliciano” y sus acompañantes fueran recluidos en uno de los calabozos del sótano de la comisaría. Ordenó que llamaran al fiscal de turno y se elaborara el parte de la captura, así como el acta de incautación de todas las cosas que tenía el terrorista. *“¡ENTRÉGUELO, CARAJO!”* Monge llamó por teléfono a su jefe, el coronel Carlos García Molleda, jefe de la Octava Región Policial de Huancayo, quien le dijo que inmediatamente iría a verlo. Pero ni bien colgó, Monge vio que unos cien militares ingresaron a su comisaría y lo rodearon. Al mando de ellos se encontraba el general EP Carlos Indacochea Ballón (que después fue procesado y detenido por sus vínculos con Montesinos). Entonces, se armó el escándalo. Indacochea le pidió que le entregara a “Feliciano”, pero Monge se opuso, le dijo que se debían cumplir normas legales que se establecen para estos casos. El militar se exaltó y comenzó a insultar a Monge. El policía llamó a su jefe, el coronel García Molleda, para contarle lo que estaba sucediendo. Monge se quedó de una pieza cuando su jefe le ordenó: “¡Oiga, mayor Monge, entregue a los detenidos sin objeciones, carajo!”. Mientras ocurría todo esto, más de 50 policías de otras unidades llegaron a apoyar a sus colegas de la comisaría de El Tambo. “Fueron los momentos más difíciles de mi vida. Los militares y nosotros nos íbamos a agarrar a balazos. Felizmente todos los periodistas de Huancayo ya habían llegado hasta el lugar. No me quedó otra cosa que entregar a “Feliciano” y a sus acompañantes”, recordó el mayor Carlos Monge. Según la investigación de la inspectoría, cuando todo terminó, el mayor Monge comenzó a redactar un parte sobre la captura, pero el coronel García lo obligó a romperlo, pues había recibido la orden de que en ese lugar, en la comisaría, no debía quedar ningún rastro de la presencia de “Feliciano”. Horas después un orondo y sonriente Fujimori anunció a la prensa que la captura de “Feliciano” había sido hecha por el Ejército y el SIN. Pero al día siguiente, varios medios de comunicación informaron que era la policía la que había capturado al terrorista. Allí empezaría la segunda parte de la pesadilla del mayor Carlos Monge. *“Feliciano”: “Me capturó la policía”* En el informe de la inspectoría también se consigna esta declaración que dio Óscar Ramírez Durand “Feliciano” durante el juicio que enfrentó por terrorismo. ¿Podría decirnos la forma, circunstancias y en compañía de quién fue capturado?, se le inquirió. “Feliciano” respondió: “Fui capturado por la policía al amanecer del 14 de julio de 1999 en el pueblo de Cochas. La policía es la que me captura en compañía de otras tres personas. Después se me llevó al puesto policial de El Tambo y allí ocurrió algo extraño. El general Indacochea de la 31 División de Infantería de Huancayo viene al puesto (policial) y me traslada al cuartel 9 de Diciembre”. “Desde que me capturan en Cochas yo estaba con los ojos vendados, pero cuando hablé con el general este se identificó. Luego hubo una discusión entre el general y el jefe del puesto policial porque este último no quería entregarme. Sin embargo, el general se impone, creo que ya estaba en comunicación con Fujimori y Montesinos, quienes estaban en Jauja”.