Crónica: conozca a los políticos que esconden sus verdaderos nombres

Tan habituados a los rostros de los congresistas, ya ni nos fijamos en cómo se llaman

Por: Juan Aurelio Arévalo

No lo vayas a llamar así que se puede molestar”, advierte un dirigente aprista sobre su compañero Mauricio Mulder . “Es su nombre verdadero, pero no le gusta”, insiste. Si bien el ex secretario general del Apra tiene fama de gruñón, la pregunta de rigor no parece molestarle. “Me he enterado que se llama Claude Maurice, ¿por qué oculta su nombre?”

“No es que lo oculte”, contesta con una sonora carcajada. “Lo que pasa es que mi padre era suizo y me puso el nombre de mi abuelo Claudio y el de su tío Mauricio, pero en francés”, explica entre risas. Hoy el nombre le puede sonar divertido, pero de niño llamarse Claude Maurice no le hizo mucha gracia.

“Cuando era chico me preguntaban cómo te llamas y yo contestaba Maurice. ¿Ma qué?, me respondían, hasta que me cansé y preferí que me llamen Mauricio a secas”. Así ha sido durante más de cuarenta años, aunque admite que la única persona que siempre lo ha llamado por su nombre de pila es su madre, Rosa María.

Pero en casa no es el único con nombre francés, su hermano mayor Charles Louise también corrió la misma suerte. Ante las incomodidades del pasado el congresista decidió poner fin a la costumbre y hoy sus hijos Mayra, Mauricio y Roberto agradecen la decisión.

UNO NO ES SUFICIENTE
Por alguna extraña razón, los nombres de los apristas corren el riesgo de no entrar en las partidas de nacimiento. Basta con mencionar al presidente de la República, Alan Gabriel Ludwig García Pérez , a la segunda vicepresidenta Zoila Lourdes Carmen Sandra Mendoza Del Solar o al secretario general del Partido Aprista, Jorge Alfonso Alejandro Del Castillo Gálvez para dar fe de ello.

Pero a pesar de la reñida competencia solo uno se lleva el récord del nombre más largo. “Según mi partida de bautizo yo figuro como: Javier Maximiliano Alfredo Hipólito Augusto Valle Riestra González Olaechea”, relata con la celeridad verbal que lo caracteriza. “Pero en mi partida civil solo llego hasta Hipólito”, agrega.

Cada nombre evoca a un personaje significativo, desde un abuelo hasta el ginecólogo de su mamá.

“Javier es por mí. Maximiliano por mi abuelo materno, cinco veces decano de la Facultad de Medicina de San Marcos, Alfredo por mi abuelo paterno, Hipólito por Hipólito Larrabure, médico muy famoso y ginecólogo de mi madre, y Augusto en memoria de un tío carnal”.

MÁS ALLÁ DE LOS APODOS
Hasta hace unos años la congresista Rosario Sasieta era conocida como la “Señora Ley”, pero un escándalo la terminó convirtiendo en la “Lavapiés”.

“Es inaceptable y doloroso que alguien sin pruebas quiera manchar 25 años de carrera con una infamia. Soy una mujer exigente, pero también amorosa”, aclara. Pero lejos del apodo lo que realmente llama la atención es su primer nombre: Antonina.

“A mí me encanta porque así se llamaba mi abuela paterna y además siempre lo he sentido muy propio porque no conozco a nadie más que se llame así”, sostiene. Sin embargo, las burlas de sus compañeros universitarios y el pedido de su madre para que use un nombre más “suave”, le hizo optar por Rosario.

Otro que llama más la atención por su apodo que por su nombre es el huancavelicano Miro Ruiz. Recordado por enfrentarse a balazos con un schnauzer, el congresista humalista adquirió el merecido apelativo de “Mataperro”.

Sin embargo, el origen del nombre Miro es aun más insólito que aquel triste episodio canino.

“Mi papá era periodista de profesión y se llamaba Teodomiro. Como le gustaba la lectura y repasaba con frecuencia El Comercio, sintió admiración por la familia Miró Quesada, se cambió de nombre y se puso Miró. Yo heredé su nombre, pero sin tilde”.

No queda claro si el propio congresista es consciente de la sorpresa que se van a llevar sus compañeros de bancada con esta declaración, pero ya que estamos en plan de confesión resulta oportuno preguntarle por su nefasto apodo.

“No cargo en la conciencia ninguna culpa, pero en el buen sentido de la palabra mis ocho hermanos y yo siempre hemos sido extrovertidos y palomillas, así que se puede decir que somos “mataperros” desde chicos”.

NO ME GUSTA MI NOMBRE
“Mis hermanos se llaman Lucho, Jesús, Wilmer y David. No sé por qué mi papá me castigó con Hildebrando”, se lamenta entre risas el congresista de Unidad Nacional Hildebrando Tapia, más conocido como “Brando”.

Aunque no comparte la decisión de su padre sí reconoce que el nombre le ha traído un único beneficio: “Me libró de la homonimia”. Singular privilegio que ha hecho extensivo a sus hijos Brando Michael y Álvaro Brando.

Cenaida Uribe en cambio no tiene problemas con su primer nombre, pero el segundo sí le ha llegado a incomodar. “Cebastiana siempre me ha parecido un nombre feo, o raro en todo caso”. Lo cierto es que la decisión la tomó su madre, quien nació un 20 de enero, día de San Sebastián.

CULPA DE LA MATERNIDAD
Sin embargo, lo que no tiene explicación hasta el momento es por qué los dos nombres de la congresista se escriben con C. Pero ella asegura que eso fue responsabilidad de la Maternidad de Lima.

Al enterarse que Cenaida significa “la que se consagró a Dios”, la congresista del Partido Nacionalista esboza un suspiro de complacencia. “Mira qué bonito. Lo que se llega a enterar uno con los nombres…”.