Labor del Congreso se vio eclipsada por escándalos en sus primeros 100 días

Fernando Tuesta y Enrique Bernales indican que la baja calidad de parlamentarios, la pálida oposición fujimorista y la formulación de leyes desde el Ejecutivo han caracterizado este periodo

Labor del Congreso se vio eclipsada por escándalos en sus primeros 100 días

HANS HUERTO AMADO. @huertoamado
Redacción Online

No solo se cumplen 100 días del gobierno de Ollanta Humala (al respecto, lea Buenas señales económicas, pero sin reformas). También son un poco más de cien los días desde que los 130 legisladores juramentaron y se asentaron en sus curules, en representación de casi 30 millones de peruanos.

Su labor legislativa por lo pronto se ha visto eclipsada por la seguidilla de escándalos por presuntos delitos cometidos por los padres de la patria, antes o después de haber juramentado como tales. Lavado de activos, tráfico de influencias, falsedad genérica parecen ser parte del glosario inevitable cuando se acomete al tema.

LA CALIDAD DE CONGRESISTAS
Comeoros y robacables, entre otros, copan la atención de los debates en comisiones y Pleno. ¿Y la función legislativa? De hecho un gesto de acercamiento a los ciudadanos y a la labor de representación ha sido el primer pleno descentralizado, realizado en Ica. Pero, ¿se trata de una medida de fondo trascendente o meramente estética?

Para el analista Fernando Tuesta, no había nada que nos hiciera pensar que este congreso iba a ser mejor que el anterior. Los que configuraron la calidad del pasado Legislativo persisten: exceso de partidos sin los requisitos necesarios para acceder al Congreso; voto preferencial; alianzas electorales entre partidos pequeños; bancadas que se forman luego del periodo de repaso; integración de congresistas que no se conocían entre sí, lo que ha llevado al transfuguismo.

La clara diferencia es que ha sido en un plazo muy breve el que ha tomado para darnos cuenta de ello. El partido de gobierno en la mayoría de los casos ha actuado con energía y celeridad para con sus legisladores cuestionados, pero al tener alianza con Perú Posible, Somos Perú y Acción Popular, y llevar buenas migas con Alianza por el Gran Cambio, el contrapeso necesario que debe ejercer naturalmente el fujimorismo no viene siendo tal y al representar a una considerable parte del electorado, no deja de urgir dicho ejercicio. Tuesta señala al respecto, por ejemplo, que el peso del fujimorismo viene siendo numérico, aunque no con un liderazgo claro.

El ex senador de Izquierda Unida, Enrique Bernales, indicó que lo preocupante es la debilidad de la composición de las bancadas, por la cantidad de invitados con que cuentan Gana Perú y Fuerza 2011, principales fuerzas políticas: “De esa suma de invitados que en realidad son independientes y responden ante sí mismos derivan conductas carentes de ética, el individualismo, el transfuguismo o que se refugien en el Congreso por asuntos pendientes ante la Justicia”.

El Legislativo debe actualizarse, implementar “nuevos métodos de trabajo, dinamizar la investigación legislativa y la capacidad de fiscalización”, que, en opinión de Bernales, es pequeña y no está dotada de los recursos ni del peso político necesarios. La oportunidad para ello, opina, es la presidencia de Daniel Abugattás, quien ha mostrado claramente su apertura a las reformas.

OPOSICIÓN AUSENTE
Sin duda, y a pesar de su importante desempeño electoral, el fujimorismo no representa claramente una oposición en el Legislativo. Las figuras de Fuerza 2011 no terminan por ser un contrapeso fiscalizador del partido de gobierno por una indudable ausencia de liderazgo y una incapacidad para atraer adhesiones, o más opositores, a pesar de las simpatías políticas que despertó Keiko Fujimori en la segunda vuelta electoral. En ello coincide Tuesta, al señalar que en los cuadros del fujimorismo no hay experiencia congresal, a diferencia de Gana Perú, con representantes más experimentados y aliados (Alianza Parlamentaria) que suman en la misma línea. Esta situación se agrava para la bancada fujimorista con la suspensión de Martha Chávez, figura preclara del fujimorismo, si se quiere, más ortodoxo, tradicional.

A pesar de haber sido el legislador más votado, el llamado a renovar y liderar las filas naranjas, Kenji Fujimori, no ha sabido llenar el vacío dejado por su hermana, Keiko, tras su derrota electoral del 5 de junio. “Kenji no está a la altura de lo que algunos pensaban, se ha mostrado incapaz de tener el liderazgo que se creía iba a heredar de Keiko por su cercanía al padre (Alberto Fujimori). Kenji más ha mostrado sus limitaciones que sus fortalezas”, opina Tuesta.

¿Y LAS LEYES?
Fragmentado y sin contrapesos. Así se presenta nuestro Legislativo hasta hoy. Apartado en buena medida de su función primigenia: la formulación de leyes. A la fecha, han sido presentadas 465 iniciativas legales. Entre las principales leyes promulgadas por este Legislativo, se cuenta la Ley de Consulta Previa, que, en el sentido estricto, era un proyecto que venía del anterior Congreso y que el actual debió poner a debate. Sin embargo, la implementación y mecanismos de aplicación de la norma, esto es, el verdadero ejercicio de la misma, aún no existe. Está en manos del Ministerio de Cultura.

Otras leyes aprobadas por este Legislativo han sido la de la reestructuración del Banco de Materiales (Banmat), la de la creación de gravamen especial a las regalías mineras, la de la desactivación de Forsur, la de la modificación del servicio diplomático y la de la creación de Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social: todas estas normas han sido propuestas por el Ejecutivo.

No es un hecho gratuito: con bancadas de bajo nivel, las propuestas legislativas también son de baja calidad, dice Tuesta. Peor aún, las instancias políticas comunes, a ser compartidas entre oficialismo y oposición no suman calidad al Legislativo. Ello se evidencia en espacios como la llamada megacomisión, que investigará al gobierno pasado, donde las pugnas por la presidencia de la misma y los cuestionamientos entre sus propios miembros han erosionado su legitimidad y dificultado su rápida instalación.

LA FUNCIÓN FISCALIZADORA
¿Signo de los tiempos? Para Tuesta, la función legislativa hace algún tiempo ha sido relegada ya por varios congresos en el mundo, y se ha dado mayores espacios (y facultades) al Ejecutivo para la formulación de leyes. Mientras que queda en el Congreso la tarea mayor del control político y la fiscalización.

Aún así, opina, Bernales, el Parlamento no puede renunciar a su obligación de legislar, habida cuenta de que no es su función primera la fiscalización: “Se supone que están más capacitados para legislar y no para fiscalizar porque no es un órgano especializado en ello”. De hecho, indicó, es sintomático que las investigaciones impulsadas por el Congreso, en su mayoría, hayan surgido a partir de denuncias periodísticas.

CONGRESO PRESIDENCIALISTA
Ello engarza a la perfección al reparar en que en el Congreso hay cierto nivel de dependencia del Ejecutivo en vez de una articulación saludable con este. “Al ver cómo está configurado el partido de gobierno y su liderazgo, estamos delante de un puente joven, inexperto, sino mal estructurado, sumamente dependiente de la figura presidencial” afirma Tuesta y ello lo atribuye a una carencia de nivel de cuadros parlamentarios. Una sana sinergia podría suponer un diálogo más propositivo entre ambos poderes, pero no es el caso y menos está plasmado en leyes.

En suma, el Legislativo tiene un extenso terreno por arar y varios meses para ello, pero el corto periodo ya recorrido solo viene dando señales de que este no será el Congreso de la República distinto que cada cinco años, quizá tercamente, esperamos elegir.