EL PERÚ NO OLVIDA: testimonios de nuestros lectores sobre la época del terror

Recordar las muertes y atentados perpetrados por Sendero Luminoso no es un ejercicio agradable, pero sí necesario

EL PERÚ NO OLVIDA: testimonios de nuestros lectores sobre la época del terror

Todos los que aún tenemos memoria recordamos los coches bomba, los apagones, la posibilidad de no regresar a casa. El miedo. A todos los que aún tenemos memoria nos duele saber que hay gente que no sabe quién es Abimael Guzmán ni que Sendero Luminoso dejó miles de muertos.

Aunque duele recordarlo, estos son algunos los testimonios que dejaron a través de comentarios en elcomercio.pe y en nuestra página de Facebook los lectores, que cuentan de forma dramática su experiencia con el terror.

Bruno Da Costa (bruno10): “Recuerdo que a mi vecino lo ascendieron a comandante, todo el barrio lo estimaba. Buen padre, esposo e hijo, y amigo. Cuando jugábamos una pichanga, entraron unos disfrazados de escolares, lo acribillaron y una mujer colocó cinco petardos debajo de él todavía vivo, haciéndolo estallar”.

Arevalo vallejo (opinamos): “Yo vivía en SJL. Lo catalogaban como zona roja. Recuerdo de entre tantas cosas, que a un dueño de ferretería lo mataron por no pagar cupos. Su cuerpo estaba tirado en su puerta con un letrero y su hija al lado llorando. Además, por mi casa nadie podía hablar mal de ellos porque te mataban. Era atroz”.

Soledad Zamora (veronica21zam): “Recuerdo que cuando nos veníamos a la capital escapando del terrorismo no había carros. Teníamos que caminar días hasta llegar a Ayacucho y en el camino veíamos gente muerta. Es una pena que los jóvenes no sepan ni quiénes son ellos”.

Eduardo Guillermo Pinedo Mauricci (laloperu): “Yo recuerdo claro el día del atentado al canal 2. Vivía a una cuadra y mi hijo salió con más de 30 heridas de vidrio en la cara y dorso. Casi pierde la vista e hizo leña mi departamento. La inseguridad diaria de atentados por doquier. No es posible que los jóvenes no sepan de estos crímenes y apoyen”.

Isabel Valencia: “Del atentado en Miraflores. Mi mamá me salvó de unos vidrios rotos, colocándose encima de mí. Ella me tiró al piso protegiéndome. Es absurdo que nadie recuerde las barbaries que vivimos en esa época”.

Maria Consuelo Miranda: “Recuerdo que volaron mi casa porque mi mama se negó a dar cupo de alimentos. Gritos, matanza, anarquía, violaciones, desaparecidos, abuso de los policías y militares, muerte, sangre, mis vecinos narcos, mi primo muerto, casas pintadas, mi hermano se demoro 10 años en terminar la universidad y nunca se tituló porque tuvo que irse del país. Aquí en Chaclacayo fue zona roja, obligaron a mi otro hermano al servicio militar, nunca más fue el mismo, las huellas del terrorismo aun duelen”.

Fernando Fortunat (fernandofortuna): “Año 1992, comisaria de Bellavista, Callao. En la avenida Guardia Chalaca, a 30 metros del Hospital Sabogal. Tiraron un coche bomba pero este se desvió al chocar con una patrulla estacionada y se desvió a una casa vecina. Murieron despedazados tres de esa familia y dos policías. Eso es Sendero Luminoso-Movadef”.

Fernando Pachas Villanueva: “El funeral del papa de mi amigo coronel de la policía, el bombazo en Tarata, a dos cuadras de donde trabajaba mi familia. Mi papá con guardaespaldas y revolver porque todo el cuerpo médico del hospital donde trabajaba estaba amenazados por Socorro Popular”.

Jessica Cajahuanca Signori: “Que los militares revisaban las casas a la fuerza, que volaban puentes y los carros caían al río, bombas frente a la casa, a mi madre desesperada por llegar a casa porque no sabía si la bomba había hecho daño a sus hijos, que tenías miedo hasta de ir al colegio, que mis hermanos lloraban… No mas terrorismo por favor…”

Veliz Alberco: “Los apagones, las batidas, el estigma hacia los ayacuchanos a quienes se les decía terrucos, los perros colgados en postes de alumbrado público, los coches bomba, las fosas comunes, nombres de pequeños pueblitos de la sierra que conocimos en los titulares de los noticieros por alguna matanza, el grupo Colina, la formación castrense equivocada que inculcaba el odio al civil, mucho más si los civiles eran campesinos… Las desapariciones, las torturas… La violencia engendra violencia y denigra a quienes la practican. No sé cómo pueden haber peruanos que olvidan todo eso y se dejan lavar la cabeza con mensajes pro terrorismo”.

Jose Lozano Villacrez: “Recuerdo una vez entraron a mi colegio y se formó un caos. Todos corrían de un lado a otro. Después, cuando estaba estudiando en una academia entraron al salón donde estudiaba y nos hacían gritar consignas, pero como no queríamos a un muchacho le apuntaron y todos gritábamos. Después se fueron como si nada”.

Jimmy De la Cruz: “Que al subir al microbus, subían policías buscando requisitoriados y cuando ibas de viaje al interior del país te bajaban de noche para buscar militares entre los pasajeros”.

Raúl Cordero: “Daba miedo salir a los conos, a un amigo le tocó enterarse que estuvo en un local y luego, al salir de ese local, los terrucos habían matado dentro a un líder sindical”.

Out Zsun: “Yo vivía por el Óvalo de Santa Anita. Las agencias del Banco de Comercio, Continental, Latino, Wiesse, BCP y el Banco Popular eran caseritos. Después de cada atentado había huachimanes y transeúntes heridos (un amigo resultó con una pierna fracturada y la vejiga reventada por la onda expansiva de un atentado de aquellos)”.

Saul Castro (scastro2): Mi papá, mi hermano y yo fuimos a Tarma el 91 a visitar familia. Llegamos en pleno aniversario de la ciudad y explotaron dos coches bombas por la plaza. Mi papá rescató a mi hermano del tumulto y entramos a escondernos en Entel Peru. Los terrucos dispararon por entrar. Gracias a Dios llegó el ejército al ratito”.

Kilo V. (olikvalera): “Recuerdo haber emigrado a un país extranjero en 1989, cuando regresé de visita al Perú en 1992, un ruido ensordecedor enmudeció la noche. La onda expansiva hizo vibrar las ventanas. Prendimos la TV y vimos en directo la tragedia de Tarata. Un mes más tarde volvía salir del Perú”.

Enver Rojas Fernandez (remenverme): “Me acuerdo cuando fui a Huancayo. Estábamos cerca de la comisaria con mi tío y un primo, y en eso los coches bombas explotaron cerca… El hotel remeció, las lunas se reventaron. La gente estaba gritando. Nos decían que nos metiéramos debajo de las camas o mesas. Terroristas… Hacían que la vida ya no dependa de uno”.

Puedes encontrar más testimonios en nuestra página de Facebook y en esta nota.