Respuesta a las infamias de la congresista Nancy Obregón

Por Miguel Ramírez
Editor de Unidad de Investigación

La congresista Nancy Obregón pretendió difamarme, sin éxito, la noche del miércoles pasado en el programa “Prensa libre”, que conduce la periodista Rosa María Palacios. Insinuó que yo era lobbista del clan de los Sánchez Paredes, denunciados recientemente por lavado de dinero. Nada más falso. Obregón se ha convertido en una tonta útil de personas que desde el año pasado vienen difundiendo esa patraña y que ahora voy a identificarlas.

Lo que no le contaron a Obregón es que el 13 de julio de 1997 revelé y documenté por primera vez en El Comercio el asesinato en diciembre de 1987 de uno de los integrantes de esa familia ocurrido en México, en un lugar llamado Rancho Luna en donde funcionaba un laboratorio de cocaína. Este hecho histórico —que el 2008 otros medios reprodujeron— ha sido la columna vertebral de la policía y la fiscalía para denunciar a ese grupo familiar. Obregón entregó a Rosa María Palacios un audio supuestamente comprometedor. Se trata de la declaración de una mujer vinculada a un tipo preso en el penal de Piedras Gordas por narcotráfico y secuestro. Audios como ese y también videos contra mi persona se elaboraron desde 1995 cuando empecé a investigar al poderoso narcotraficante Fernando Zevallos “Lunarejo” y a varias personas públicas que, al igual que Zevallos, están presas.

Según la congresista, le ha comentado a varios de sus allegados, quien le entregó esa falsa información fue Américo Zambrano, una persona que alguna vez fue periodista, pero que luego se dedicó a pedirle dinero a sus fuentes, amigos y hasta a personas a las que él había investigado y denunciado. Su socio en esta oscura campaña contra mi persona es un tipo llamado Álex Alaluna Álvarez, quien fue operador del narcotraficante Zevallos y trabajó en el SIN de Vladimiro Montesinos.

Zambrano y Alalauna, así como otros individuos que en su momento identificaré, se han dedicado a difamarme sistemáticamente ante otros periodistas y autoridades. Señora congresista, me he ganado mi prestigio a punta de trabajo, sacrificio y amenazas, por eso todo esto me tiene sin cuidado. Otro día infórmese mejor y no involucre a terceras personas. Ahora preocúpese por averiguar si la denuncia contra su familia es cierta.