Sociólogo Gonzalo Portocarrero: "Sendero no tiene aspiración política por tomar el poder"

El especialista explica qué subjetividades permiten el apoyo presente al senderismo y cuáles complican que resurja con la fuerza que tuvo en los ochentas

Sociólogo Gonzalo Portocarrero: "Sendero no tiene aspiración política por tomar el poder"

HANS HUERTO AMADO @huertoamado
Redacción Online

Gonzalo Portocarrero, doctor en Sociología, profesor principal de la facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y columnista de El Comercio acaba de publicar “Profetas del Odio. Raíces culturales y líderes de Sendero Luminoso”. En el libro, estudia con lupa el momento del choque del dogmatismo marxista con un sociedad enclaustrada en las estructuras de abuso colonial, que dio pie a Abimael Guzmán para erigirse como el falso mesías de la violencia liberador de los oprimidos. Con Portocarrero, analizamos el momento actual de Sendero en la sociedad.

Abimael Guzmán se construyó como una figura política y mística para sus seguidores. ¿Cómo una figura criminal y subversiva consigue apoyo en algunos sectores?
El puente entre Sendero Luminoso (SL) y el mundo campesino fue construido por los estudiantes universitarios que se politizaron en la Universidad de Huamanga. Eran muy sensibles al maltrato, a la servidumbre que entonces reinaba en Ayacucho. Presentaron, entonces, al campesino a una serie de obras de teatro, por ejemplo, donde se le mostraba como un ser inocente, bueno, engañado, que debía abrir los ojos para ver que la miseria donde vivía era la ganancia de otros. Eso tuvo efectividad. Abimael era una persona de terno y corbata que no le gustaba ensuciarse los zapatos, no era un orador de plazas, era un profesor de aulas. Muy distinto al Abimael imaginado por sus seguidores, que lo ven como un redentor.

La construcción del Abimael imaginado responde a necesidades muy profundas de un mudo social que despierta con sed de justicia y necesidad de reconocimiento. Y toma una impronta muy radical.

Esa falta sistemática de reconocimiento en los sucesivos gobiernos: la escasa mirada hacia la sierra y la selva. A la par, fenómenos en el extranjero…
Toda esta ola mesiánica que sacude al mundo en los cincuentas y sesentas, la revolución cubana, Mayo del 68’, la revolución cultural china. Apareció la posibilidad de un cambio cultural y social a través de una revolución. Marcaba resurgir del marxismo. Los sesentas son el último gran momento en que esta profecía adquiere presencia en el mundo. En Alemania, surge el Ejército Rojo, en Italia, las Brigada Rojas. Pero en Latinoamérica, en donde cala en el mundo popular es en el Perú. Donde ese mensaje de redención intramundana, esa promesa de liberación encontró eco en masas que estaban sujetas a una situación de exclusión y servidumbre. Lo global, la promesa marxista, se articula con lo peruano que es la persistencia de la servidumbre para formar este coctel explosivo que es Sendero Luminoso.

Con la violencia como discurso. ¿Sigue siendo parte del discurso de los remanentes de SL y de Movadef?
El discurso de la violencia tuvo gran importancia para SL en términos de que para Abimael todo lo violento implicaba desencadenar las contradicciones, acelerar los cambios. Entonces, las metáforas eran sobre la violencia como parte de la historia, la locomotora de la historia. Ante cada situación álgida hay que radicalizar la violencia, creía Guzmán, pensando que así mostraba el carácter genocida del enemigo (el Estado) como avances de la guerra popular.

Pero esto ha dejado de ser parte del discurso de la izquierda. Y nuestra época está más bien dominada por la emoción del miedo. Antes ni siquiera había cercos eléctricos o muros, entre las casas había una relación de confianza. Ahora las casas están rodeadas de cercos eléctricos, huachimanes, hay un miedo al otro, al diferente que nos puede agredir. Es la idea que constantemente se nos recuerda y que tiene una base real. Entre el SL que apostaba a la violencia y lo que queda de él hay grandes diferencias. No creo que se pueda decir que el SL sea terrorista en el sentido de un empleo sistemático de la violencia. No es que rehúyen a usar la violencia, pero no tratan de forzar a los campesinos a adoptar sus posiciones como fue en los 80. Habría que hablar de narcosenderismo más que de narcoterrorismo. El terrorismo esta como posibilidad pero no está por delante como ocurría en los 80. SL hoy es un movimiento que trata de ganarse la buena voluntad de la población sin forzarla y protegiéndola. A cambio, pide protección y también apoyo de las comunidades, para ser una banda de protección de los narcotraficantes.

¿Cuánto de ideológico les queda?
Es difícil decirlo. No creo que haya una aspiración política de tomar el poder. Hay un intento de mantener ciertos espacios, lograr publicidad pero sin que haya una estrategia como la hubo en los ochentas. Son situaciones muy distintas. El SL de ese entonces nació en el sistema educativo en la universidad pública de provincias, de colegios medios de comunidad, y estaba formado por una clase media con aspiraciones culturales que tenía cierta sed de de justicia que luego se corrompe en una suerte de gusto por la violencia. El SL del VRAE hoy es muchísimo más popular y menos orientado por la educación y cultura, quizás más pragmático y mucho menos científico.

Se radicalizaba la violencia y la cúpula senderista procuraba que en la opinión pública se insertara la idea de que SL estaba cercano al triunfo.
Ahora el miedo en la sociedad peruana está más referido al tema de la delincuencia que al tema de una insurrección política. El miedo ahora es más difuso, antes estaba encarnado en Sendero. Ellos tuvieron éxito entre jóvenes universitarios, donde logró su columna vertebral militante. Apeló a sentimientos religiosos con ellos y su discurso político tenía ese trasfondo. Era una invitación a la inmolación, al sacrificio, si se trataba de estudiantes indignados contra las diferencias.

Ese discurso ya se ha desvanecido. Lo que tenemos hoy es una juventud más orientada por el hedonismo, el culto al placer, más que por la postergación de sí mismo en la idea de sacrificio. Ha habido con el neoliberalismo y el cambio cultural una restructuración de las subjetividades contemporáneas sin espacio para figuras heroicas. Más bien hay desconfianza hacia el héroe, todos ellos levantan sospechas y no despiertan entusiasmos.

Ello no quita que ver a representantes (y jóvenes) de Movadef incluso en Chile pidiendo amnistía para mandos senderistas aún indigne a la población mayoritariamente. El tema es aún sensible.
Entre el Movadef y el narcosenderismo en el VRAE no hay mayor relación. El Movadef pide la amnistía de Abimael Guzmán y parece increíble que un criminal como él pueda aún tener seguidores tan fieles y algunos jóvenes que pidan su libertad, que no merece por el daño hecho al país. Pero en el otro extremo (el senderismo en el VRAE) la gente obedece a una lógica muy distinta. El país rechaza unánimemente el terrorismo pero en ello hay cosas poco claras. Por ejemplo, se rechaza a SL pero no a la violencia del Estado para combatirlo. Está probado que en la Operación Chavín de Huántar hubo al menos un asesinato de un emerretista. Las pruebas son abundantes, está el peritaje al cráneo, el testigo japonés, dos policías peruanos, pero eso se niega. La sociedad peruana parece no tomar conciencia sobre de dónde viene la violencia. No solo ha venido del dogmatismo de SL sino también del propio Estado que tiene que ver con ideologías trasnochadas que tienen que ver con la defensa nacional y sobre las cuales está la idea de que la vida del otro no vale nada. Por ejemplo, los escuadrones de la muerte que habrían sido formados por policías en Trujillo, que mataron a más de cuarenta presuntos criminales y que tuvo el apoyo popular. Eso es terrorismo, pero la sociedad no los nombra como tal.

¿Desde dónde se debe librar la lucha contra SL en el VRAE entonces?
Se debe trabajar con la inteligencia policial sobre los líderes de la cúpula del movimiento. Y, de otro lado, se debe ejecutar la acción social sobre las bases posibles que puedan simpatizar con el senderismo, pues este puede constituir una alternativa frente a la ausencia del Estado o a su represión, en el caso de los sembríos de coca. Ese puente debe ser cortado.