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A continuación la columna de opinión que escribió Fernando De Szyszlo sobre la paradoja de nuestra democracia

FERNANDO DE SZYSZLO
Artista

Es innegable que a nuestra democracia le hace falta, desesperadamente, la existencia de partidos políticos que encaucen, orienten y conduzcan la opinión que representan.

La democracia es, en gran parte, delegar la conducción del Gobierno a un grupo que represente de una manera coherente su manera de pensar. Nada más alejado de ello que gobernar por referéndum, como pretenden los regímenes dictatoriales que quieren aparecer como democráticos.

En nuestro país, desde la paulatina disolución del Partido Aprista, no hemos tenido sino lo que alguna vez llamó Andrés Townsend grupos de independientes, que ciertas veces coincidían en su manera de pensar. Esto se ha reflejado sobre todo en el Congreso –especialmente desde la absurda supresión por el dictador Fujimori de la Cámara de Senadores–, en que las representaciones en ningún caso se compraban, ¡horror!, sino eran el producto de la elección de quien mejor podía presentar y defender las ideas del partido.

El momento grave en las cámaras era cuando se debatía, no cuando se votaba. Algunos de los peruanos más distinguidos pasaron por las cámaras. Basta mencionar a Raúl Porras, Víctor Andrés Belaunde, Andrés Townsend, Manuel Seoane, Roberto Ramírez del Villar, Mario Polar, Luis Alberto Sánchez, José Gálvez Barrenechea, Alberto Ulloa, Manuel Moreyra y tantos y tantos peruanos ilustres.

Indudable paradoja de la democracia. El éxito del programa económico que se ha aplicado en el Perú en los últimos diez años ha sido de tal magnitud que ha producido su propio anticuerpo: un numeroso grupo de ciudadanos que cree poder manejar mejor, perfeccionar, hacer que disminuya más rápido –de lo que lo hace– la pobreza; y nos da como resultado desconcertante –ante la profusión de candidatos y, es preciso decirlo, la carencia de partidos políticos con verdaderas estructuras– que el hecho inusitado sea que el representante de la izquierda, que hasta hace poco había casi desaparecido de las encuestas, sea hoy quien lidere el voto con un modesto 25% de electores a su favor.

Ese 25% de votantes pretenderá, a no dudarlo, cambiar la Constitución y acercarla al modelo de Chávez; progresivamente, como ha pasado en Venezuela, serán expropiados los periódicos y las estaciones de radio y televisión que no estén de acuerdo con el Gobierno y a eso seguirán las empresas y los bancos y, finalmente, el presidente podrá ser reelegido ad infinitum.

No hace mucho se hablaba de que en la costa norte, en Chiclayo, en Piura, había empleo pleno; se mencionaba también a Ica, se hablaba de cómo el desierto de la costa se iba volviendo poco a poco verde gracias a las nuevas técnicas de riego y nuevas formas de cultivar; que frente a la crisis global por la que había atravesado el mundo, el Perú la había soportado, sin llegar nunca a cifras negativas.

Había una verdadera explosión de construcción no solamente de vivienda; se habían terminado de asfaltar miles de kilómetros de carreteras; edificado nuevos hospitales y escuelas; cantidad de pequeños pueblos tienen ahora luz y agua; se había reducido de una manera notable el número de personas que vivían debajo del límite de la miseria y, más aun, el mismo porcentaje de pobres había disminuido considerablemente. Sin embargo, se ha multiplicado el número de candidatos que parecen poseer todas las llaves que llevan directamente y sin esfuerzo al Primer Mundo. Este mercadeo ha sido tan evidente y descarado que el que iba prácticamente último, el que proponía en su programa las cosas más obsoletas, resulta primero con un modesto 25% de aprobación, a quien también le ha aprovechado saber sacar un lado chauvinista en su favor a una inoportuna información de los llamados Wikileaks.

Este comandante que comenzó amenazando fusilar a los homosexuales siguió luego por proclamar sujetos de expulsión a los que no tuvieran la piel cobriza y vistiendo permanentemente el polo rojo de su admirado Hugo Chávez.

Pero al comandante las derrotas del 2006 lo hicieron moderarse, ocultar sus alianzas y ayudas de Chávez. Poco a poco fue cambiando –el lobo quiere parecer cordero–, ahora usa camisa blanca y corbata y se retrata con un rosario blanco tras su visita al cardenal Cipriani.

En la teoría política tira por la borda lo que los peruanos con nuestro esfuerzo hemos conseguido en estos diez años y propone regresar a cero, a revisar los tratados con otros países, y clandestinamente propone referendos para cambiar la Constitución y lograr el sueño del comandante Chávez: poderse reelegir ad infinitum. Todavía hoy se permite uno de sus ayudantes hablar de una nueva ley de comunicaciones que restablecerá un reparto equitativo y plural de los medios. Lo que en otras palabras quiere decir que serán tolerados y alentados los que apoyen las medidas de estos posibles gobernantes.

El próximo domingo 10 de abril será un día grave para todos los peruanos, pues decidiremos si seguimos un camino seguro para alcanzar nuestro desarrollo, derrotar la miseria, suprimir la pobreza o nos lanzamos a la piscina del comandante Chávez que no tiene agua sino petróleo; petróleo con el que mantiene a su maestro Fidel Castro, con el que tiene domadas a las islas del Caribe y con el que mantiene a su compadre de Nicaragua y a su fiel empleado Evo Morales, quien es capaz de inventar un conflicto con Chile con tal de que sus compatriotas hartos no lo echen.


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