Editorial: ¿Ancón en el recuerdo?

El proyecto de establecer un puerto en la hermosa y tradicional bahía ha generado una corriente de rechazo ciudadano a la iniciativa

El proyecto de establecer un puerto en la hermosa y tradicional bahía de Ancón ha generado una corriente de rechazo ciudadano a la iniciativa, lo que debe ser evaluado con prioridad y objetividad por el Gobierno.

Debemos recordar que el puerto del Callao se ubica a escasos kilómetros y que Ancón es una bahía cerrada y pequeña con relación al muelle que pretende instalarse.

Nadie está en desacuerdo con promover la inversión privada cuando esta genera empleo y orienta al país por la ruta del crecimiento económico y el desarrollo armónico. Sin embargo, tiene que ajustarse a los principales intereses de la población, a respetar sus tradiciones y forma de vida, a conservar los ecosistemas, escuchar la voz de los pobladores y respetar la vocación del uso del territorio y del espacio, en este caso urbano.

La empresa Santa Sofía Puertos —cuya vocera es la doctora Beatriz Alva Hart, ex viceministra de Trabajo del gobierno de Alberto Fujimori y ex comisionada de la verdad— ha salido a señalar que el nuevo puerto generará puestos de trabajo y moverá el engranaje económico de la zona en un lugar que con desatino ha calificado de “muladar”.

Una buena parte de lugareños y veraneantes ha salido a recordarle que la bahía de Ancón es un lugar privilegiado para la pesca artesanal y la práctica de deportes acuáticos y que, además, constituye una reserva arqueológica importante aún abierta a la exploración. Su historia se remonta a épocas preíncas y cuenta con un museo de sitio donde se exhiben los hallazgos arqueológicos; museo promovido hace largas décadas por el doctor Alejandro Miró Quesada Garland.

Ancón, por si fuera poco, es también protagonista y testigo de acontecimientos históricos y reconocido como una zona ecológica donde moran aves y especies marinas, amén de un centro de conservación de patrimonio arquitectónico de diversas etapas y estilos.

Como puede verse, no se trata de un capricho de un grupo de veraneantes y pobladores, sino del sentimiento de la mayoría de anconeros, que no rechazan la inversión privada sino que solicitan que esta sea encauzada adecuadamente. Es de imaginar el desequilibrio paisajístico, el quiebre del estilo de vida en la zona y la contaminación que causarían el movimiento de naves, grúas y contenedores del puerto que se insiste en instalar en una tranquila bahía, de vocación turística y deportiva.

Vista la historia, tradición y vocación de Ancón, lo que se necesita son planes de desarrollo turístico e infraestructura adecuada para quienes quieren acceder al descanso en un lugar que goza de agradable clima a lo largo del año.

El clamor de sus pobladores, veraneantes y miles de visitantes del cono norte que disfrutan de sus quietas aguas cada verano, no puede caer en saco roto y más bien debe encontrar eco en el Gobierno y llevar a reflexión a los propios inversionistas del puerto.


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