Editorial: Chávez y la difícil vecindad colombo-venezolana

El gobierno de Venezuela prefirió patear el tablero antes que responder las acusaciones de Colombia, sobre la presencia de la guerrilla en su territorio

Tras varias semanas de tensión, en medio de un clima plagado de recriminaciones cruzadas, el Gobierno Venezolano acaba de anunciar la ruptura de sus vínculos diplomáticos con Colombia, en un gesto que traerá graves consecuencias para ambos países y, en general, para la región en su conjunto. No estamos ante otro simple exabrupto a los que nos tiene acostumbrados el presidente Hugo Chávez, frecuentemente envuelto en diatribas y declaraciones inconvenientes contra quienes, desde su punto de vista, son sus opositores dentro y fuera de Venezuela. Más bien asistimos a la reacción visceral de un gobierno que ha preferido patear el tablero antes de contestar, una a una, las pruebas que Colombia acaba de presentar en la OEA y que pretenden demostrar la presencia de las FARC y del ELN en territorio venezolano.

Como se sabe, no es la primera vez que el presidente Álvaro Uribe acusa a Chávez de proteger a los terroristas y bandidos que su gobierno persigue con éxito. En esta ocasión, sin embargo, lo que ha exhibido son mapas de ubicación de los supuestos campamentos de las FARC y el ELN, así como declaraciones de los detenidos por las FF.AA. colombianas. Hubiera sido interesante que Venezuela no evada una respuesta, sino que desmienta una a una, con argumentos, las graves imputaciones y se comprometa a cooperar con Colombia en su lucha contra el terrorismo. Recordemos que en marzo del 2008, cuando Ecuador rompió relaciones diplomáticas con Colombia, precisamente en un caso similar, no solo se mantuvieron las relaciones consulares, sino que se permitió avanzar las investigaciones. Precisamente, la experiencia del campamento de las FARC encontrado en la selva ecuatoriana es un antecedente ingrato pero de necesaria recordación en el contexto actual.

Para algunos analistas, probablemente, las relaciones mejoren cuando Juan Manuel Santos Calderón asuma la Presidencia de la República en reemplazo de Uribe. Sin embargo, ni siquiera eso es seguro, vista la compleja personalidad de Chávez. A pesar de todo, el presidente electo colombiano ha expresado su deseo de afianzar las relaciones y reducir las tensiones con su vecino, lo que se vislumbra como una tarea difícil ante la hipótesis de que el chavismo cobija campamentos de las FARC.

¿Qué es lo que está en juego en esta crisis? De primera mano se afecta a los cientos de miles de colombianos y venezolanos que viven a ambos lados de la frontera, incluso algunos con doble nacionalidad. Pero, desde una perspectiva más amplia, los daños van mucho más allá, pues Venezuela es el segundo socio comercial de Colombia, que le provee de alimentos y otros productos.

Como ha expresado la OEA, si bien la comunidad continental puede interponer sus buenos oficios y mediar en el problema, la negociación exige que ambas partes decidan sentarse a la mesa de diálogo. Eso es lo que debe promover la diplomacia regional, sin echar más leña al fuego y sin interferencias ni presiones de los satélites del ALBA. Si tiene que investigarse la denuncia colombiana, pues ello debe hacerse dentro de los protocolos internacionales, teniendo en cuenta que el terrorismo de las FARC es una amenaza nefasta para la paz de Colombia y también de la región, como lo sabemos los peruanos por experiencia propia.