(Editorial) Las coincidencias no existen

Ya hemos visto antes el guion lleno de mentiras que usan los líderes de la protesta en Espinar

En los últimos días, los enfrentamientos en Espinar entre los pobladores que se oponen a la actividad de la minera Xstrata Tintaya y la policía ya habían generado varios heridos y pérdidas materiales. Ayer, además, los manifestantes quemaron el local de la fundación de la empresa dedicada a proyectos sociales, atacaron la camioneta del fiscal y lo secuestraron. Al terminar la tarde, se confirmó que los disturbios cobraron la vida de dos personas y, en la noche, finalmente, el Gobierno declaró el estado de emergencia en la provincia.

Los orígenes de estos sucesos son claros: las obscenas mentiras y la descarada manipulación política de los organizadores de la protesta. Y es que basta analizar con un poco de cuidado sus reclamos para desenmascarar sus verdaderas intenciones.

Los manifestantes, a través de su líder, el alcalde de Espinar, Óscar Mollohuanca, demandan que se detenga la actividad de la minera hasta que pare de contaminar el agua de la zona y que, asimismo, eleve su aporte voluntario del 3% de sus utilidades al 30% (pues, a criterio de las cabezas de la protesta, las mineras en general aportarían poco al desarrollo del Perú).

Sobre la existencia de contaminación no existe evidencia. De hecho, según el viceministro de Minas, hay informes del Organismo de Evaluación y Fiscalización del Ambiente, de la Autoridad Nacional del Agua y de la Dirección General de Salud Ambiental que dan cuenta de que la empresa no ha contaminado los ríos. Estamos, así, ante una excusa ya tan repetida que parece tomada de un manual. Manual que no sería extraño que existiese teniendo en cuenta que el alcalde de Espinar forma parte del Movimiento Tierra y Libertad, organización extremista antiminera liderada por el señor Marco Arana, que se ha encargado de replicar este tipo de protestas por todo el país.

Por su parte, el reclamo de que las mineras aportan poco es aun menos novedoso, como también lo son las cifras que demuestran que esto no es así. Entre 1998 y el 2009 la minería ha contribuido con casi un tercio de los pagos al fisco por impuestos, regalías y otras contribuciones, soportando una carga fiscal 5,7 veces mayor que la del resto de sectores económicos.

Lo que en esta oportunidad sí sería novedoso es que el líder de la protesta, el señor Mollohuanca, respondiese (como funcionario público, claro está y no como agitador) varias preguntas. Por ejemplo, si lo que falta es dinero para realizar obras para la población, ¿por qué no cumplió el año anterior con ejecutar más que el 41% de su presupuesto dejando más de 66 millones de soles en las cuentas municipales? O, ¿por qué no organizó una marcha para reclamar al Gobierno Regional de Cusco el no haber ejecutado 183 millones de soles de su presupuesto durante el 2011? ¿Por qué, además, lleva paralizado tres años un proyecto por 42 millones de soles para hacer llegar agua a los pobladores de su localidad que, actualmente, no tienen acceso a ella más de tres horas al día?

El señor Mollohuanca, naturalmente, preferiría evitar estas preguntas ya que las evidentes respuestas solo dejarían relucir que poco le importa lograr que el dinero que recauda el Estado sirva para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos de Espinar. Las respuestas, además, terminarían de desenmascarar una muy incómoda verdad: No tiene una justificación real para la protesta.

¿Qué motivo puede tener, entonces, el alcalde de Espinar y sus colaboradores para impulsar esta manifestación extremista que ya causó la muerte de dos personas? La única posibilidad es desestabilizar el país para alcanzar mayor figuración política, siguiendo el ejemplo del señor Gregorio Santos un presidente regional que, hace pocos días, estrenó un nuevo frente político aprovechando la popularidad obtenida gracias a su oposición al proyecto Conga, utilizando un guion lleno de mentiras muy similar al que hoy sigue Mollohuanca en Espinar.

Es inaceptable que el país se esté acostumbrando a que personajes prepotentes y embusteros, con el disfraz de autoridad, manipulen a las poblaciones y las conduzcan a la violencia para lograr sus objetivos ideológicos. Y debe preocuparnos que todas estas protestas manipuladoras de los últimos tiempos sigan el mismo guion. Las coincidencias, a fin de cuentas, no existen.