(Editorial) Insostenibles contradicciones en política antidrogas

En su juramentación el 28 de julio como presidente de la República, Ollanta Humala fue enfático en su compromiso con la lucha contra el narcotráfico, la no legalización de las drogas y la erradicación de los cocales cuya producción abastece a los traficantes.

Todo ello quedó solo en el discurso al nombrarse a Ricardo Soberón –conocido asesor de cocaleros y proclive a la legalización de las drogas– presidente de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas, Devida. El presidente y el jefe del Gabinete, Salomón Lerner, insisten en que el Perú continuará la política antidrogas, pero Soberón toma decisiones que van contra el dicho presidencial y da señales de debilidad e indecisión gubernamental a las mafias del narcotráfico. ¿Para quién trabaja Soberón, para Devida y el Gobierno, o para los cocaleros ilegales?

Ayer El Comercio publicó un preocupante correo electrónico, dirigido por Soberón –ya como presidente de Devida– a sectores vinculados con la Confederación Nacional de Productores Agropecuarios de las Cuencas Cocaleras del Perú (Conpaccp). “No siempre podré detener las acciones de erradicación”, les indica, lo que revela su apoyo a la agenda cocalera y una estrategia propia contraria a la política pública del Gobierno. Hoy nuestro Diario difunde nuevas versiones sobre la peligrosa línea que ha traspasado quien está llamado a servir al país en su cruzada contra las drogas y el narcotráfico, y no a favorecer a los productores de la hoja que sirve de insumo a las mafias productoras de cocaína.

Congresistas de diversas bancadas cuestionan la idoneidad de Soberón como titular de Devida. Su ambigüedad e incoherencia son ya insostenibles y la política antidrogas debe encarrilarse, cuanto antes, por la senda señalada por el presidente Humala.

Soberón debe deponer su agenda personal de consultor de cocaleros. Su posición ‘personal’ –como muestra el correo publicado ayer– es a favor de los cocaleros y en contra de la erradicación, pero por su cargo debe jugar a favor de la erradicación.

Esta doble moral, que se traduce en un discurso errático, ya está causando fricciones en el seno del gobierno y podría terminar afectando los programas de apoyo internacional, la erradicación y los exitosos proyectos de sustitución de cultivos, financiados por países como Estados Unidos, entre otros.

Hace dos semanas el gobierno detuvo abruptamente las operaciones de erradicación de cocales ilegales que realiza el Proyecto de Control y Reducción de Hoja de Coca en el Huallaga (Corah). El sector Interior argumentó que era una medida temporal para evaluar la estrategia a seguir en la lucha contra el crimen del narcotráfico. La erradicación ya se reanudó, pero solo en las zonas indicadas arbitrariamente por Soberón, y hasta ahora no hay luces sobre la estrategia integral antidrogas, ni cómo se compatibilizará la erradicación con la sustitución de cultivos, el control de insumos químicos y la lucha contra el lavado de activos.

La lucha prometida por el presidente Humala contra las mafias de la droga y sus socios terroristas no puede ser frenada ni debilitada por funcionarios que tienen una agenda propia e interesada, distinta a la del Gobierno y que vulnera los verdaderos intereses de nuestro país.