(Editorial) La ley de las piedras

No se puede dialogar con la mala fe

La legitimidad para el (nada inédito) despliegue de violencia que ha tenido lugar en Espinar la otorgó el mismo Estado que hoy declara el estado de emergencia. Lo hizo cuando cedió a la presión para poner una de esas malhadadas mesas de “diálogo” a fin de discutir acusaciones de daño ambiental que venían, como suelen hacerlo, sin prueba alguna,pero acompañadas por exigencias para que la empresa minera en cuestión(Xstrata Tintaya) multiplicara por 10 el monto de su “aporte voluntario”.

Importó poco, por un lado, que haya instituciones oficiales para fiscalizar los cumplimientos ambientales y que, de hecho, tres de ellas hubieran emitido informes que niegan la contaminación en Espinar. Tampoco tomó en cuenta el Estado que el monto que una minera está legalmente obligada a ceder de sus ganancias, según su rentabilidad, ya llega en promedio al 50% y que, de hecho, la misma Espinar recibe del canon todos los años muchísimo más de lo que logra gastar. La mesa se instaló igual y el mensaje estatal se publicó, otra vez, clarísimo: lo que diga la ley es prescindible y no hay nada que uno no pueda sacar si presiona lo suficiente.

Con este magnífico incentivo, las-noticias-partes-de-guerra que leíamos ayer no deberían haber sorprendido a nadie. “Los manifestantes organizaron el ataque [al campamento minero] en tres frentes”. “La camioneta en la que viajaba el fiscal provincial Mendoza fue incendiada por una turba”. “Los protestantes secuestraron diez trabajadores”. “Los manifestantes quemaron la Fundación Tintaya”. “Los pobladores y dirigentes dijeron que harían una protesta pacífica en las afueras de la mina, pero portaban ‘huaracas’”. “Los manifestantes en número de 800 atacaron a la fuerza pública”. Etcétera.

Naturalmente, todo esto se llamó “protesta social” y no “delincuencia”, porque se hizo contra una mina y porque quienes lo hicieron lideraron, aunque manipulándolos, a grupos formados por campesinos. En el Perú eso basta para que estén determinados los culpables e inocentes y para que el gobierno –cualquier gobierno– no se atreva a centrarse en la veracidad de lo que se dice sino solo en quién lo dice. Hasta ahora no ha habido una “protesta social” para pedir que se queme una minera -aunque es verdad que no parece ser necesaria: los “protestantes” las queman directamente–, pero si la hubiese, no nos sorprendería que se instaure una mesa de diálogo para discutirlo.

No decimos esto último por puro sarcasmo. Los pedidos más irracionales y abusivos generan una “mesa de diálogo”. Los manifestantes en Espinar están exigiendo que el “aporte voluntario” que paga la minera suba del 3% al 30% de sus utilidades. Comoquiera que las mineras ya tienen que entregar en promedio el antes citado 50% de sus ganancias, las “fuerzas sociales” que intentaban tomar el campamento de Xstrata Tintaya más que protestantes parecen asaltantes.

Más aún, ¿qué argumento daba el alcalde de Espinar, Óscar Mollohuanca, líder de los manifestantes y quien los movilizó en camionetas municipales, para pedir este incremento? Necesita hacer más obras. Pero ese mismo señor dejó sin ejecutar el año pasado S/.66 millones (el 59% de su presupuesto). Por otra parte, ha ejecutado un proyecto ya aprobado para agua y desagüe (una de las principales quejas en Espinar) únicamente al 37%, mientras en la zona hay solo agua tres horas al día. ¿Y la culpa es de la minera?

No hay que ser adivino para saber que aquí, como en tantas de nuestras “protestas sociales”, no hay buena fe. Lo que hay es uno de esos movimientos –el alcalde es de Tierra y Libertad, de Marco Arana– de izquierda radical que intentan desestabilizar al país y lograr lo que no obtuvieron en las elecciones. Eso, y un gobierno que le sigue el juego llamándolo a negociación.

Hace tiempo que el Estado peruano tiene frente a sí una decisión que viene postergando a un creciente precio: u opta por hacer cumplir la ley que nace del proceso democrático y los derechos que se hallan preestablecidos en ella, o todo el Perú está oficialmente invitado a intentar sacar la tajada más grande que pueda por la fuerza. Y cuidado que si sigue eligiendo lo segundo, en el plano agregado, tiene todas las de perder.