Editorial: por más trabajo digno y competitivo

Según reciente encuesta de la Universidad Católica, solo el 13% de peruanos dice estar en planilla como estable mientras que el 63% se reconoce como trabajador independiente

A pesar de que el Perú fue uno de los países menos afectados por la grave crisis financiera global, es indudable que los índices de empleo formal y adecuado siguen siendo deficitarios con los perjuicios que ello implica.

Según reciente encuesta de la Universidad Católica, solo el 13% de peruanos dice estar en planilla como estable mientras que el 63% se reconoce como trabajador independiente, concepto que engloba a quienes subsisten a medias entre el subempleo y la informalidad, a lo que habría que sumar los desempleados. Y, menos del 30% de encuestados dice tener beneficios sociales.

De allí que, al celebrarse hoy Día del Trabajo, el reto mayor del Gobierno, y también del empresariado, sigue siendo remontar estos índices mediante la creación de más empleo digno, dentro del gran objetivo de reducir la pobreza, promover la inclusión social y mejorar la redistribución y la calidad de vida de todos.

Como bien señala el director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Juan Somavía, “se necesita un gran esfuerzo mayor para mejorar la productividad, los ingresos y las condiciones laborales”, pues vivimos épocas en que los empleos que proveen seguridad para construir mejores vidas son cada vez más difíciles de encontrar. Preocupante constatación, que debe llevarnos a reflexionar y poner los medios para superar esta crisis.

Ante todo, debemos reconocer que hay zonas donde han mejorado los índices de empleo y ocupabilidad, debido sobre todo al “boom” de la agroexportación y de la construcción. Empero, del otro lado, hay otras, principalmente en el área rural, donde el déficit ocupacional sigue siendo alarmante.

Superar esto demanda del Gobierno políticas claras para garantizar y crear empleo formal, lo cual pasa necesariamente por fomentar la inversión local y foránea, sobre todo la que demanda mano de obra intensiva, pensando en los miles de jóvenes que se integran cada año al mercado laboral.

Luego, así como debemos exigir reglas claras, estabilidad política y seguridad jurídica para los empresarios, también debe pedírseles un alto sentido de respeto y responsabilidad social en el trato con los trabajadores, a los que debe apoyarse en su actualización para desarrollar sus capacidades y ser más competitivos.

Subsiste además otra escandalosa patología laboral que, según denuncian la OIT y otras entidades, incluye no solo malas prácticas con el trabajo infantil (como sucede en los lavaderos de Madre de Dios) sino también discriminación por sexo (las mujeres son relegadas o ganan menos que los hombres), así como abusos en las condiciones de trabajo, sobre todo de los obreros.

Demasiados accidentes hemos tenido en los últimos meses, causados por malos empresarios que contratan informalmente y obligan a trabajar sin cascos, arnés o herramientas apropiadas. También según la OIT, cada día mueren cerca de 6.300 personas como resultado de lesiones o enfermedades relacionadas con el trabajo, lo que representa más de 2,3 millones de fallecimientos al año, algo realmente trágico y escandaloso.

Todos debemos esforzarnos para revertir esta situación. El trabajo es un derecho y un deber inherente a la persona humana, por lo que debe asegurarse su existencia y práctica en condiciones proporcionales a dicha dignidad, como lo invoca la doctrina social de la iglesia en contundentes encíclicas como “Rerum novarum”.

Desde El Comercio siempre hemos bregado en defensa del interés nacional, que conlleva el bienestar de las mayorías. De allí nuestro apoyo incondicional a las históricas campañas por la jornada de ocho horas y los derechos laborales, en las que estuvieron involucrados nuestros directores en el siglo pasado.