(Editorial) Miopía

El Frente Amplio de Izquierda busca que el Perú retroceda a la época del populismo

(Editorial) Miopía

Luego de la reunión entre el primer ministro y el Frente Amplio de Izquierda, el señor Salomón Lerner declaró que su movimiento propuso cambiar la actual política económica. Según él, esta estaría generando “crecimiento sin inclusión social”, no serviría para enfrentar la pobreza y conllevaría una reducción del gasto social.

Preocupa la miopía de la izquierda nacional que, al parecer, no le permite percibir los grandes avances del Perú en estas últimas dos décadas. Nunca en la historia de nuestro país se ha producido un movimiento de inclusión social y económica tan fuerte como el de los últimos 20 años. Somos el país de América Latina que más ha reducido la pobreza en este período (a alrededor de la mitad de la que había en 1990) y lo ha logrado bajando incluso los índices de desigualdad.

La apertura comercial, además, ha permitido que ahora casi todas las regiones produzcan y exporten, que muchos campesinos se hayan integrado al mercado, que el centralismo haya empezado a reducirse y que nazca una nueva clase media emergente.

La miopía de la izquierda, sin embargo, no solo le impide ver el enorme salto que ha dado el Perú en lo que respecta a su desarrollo. También, por lo visto, le dificulta apreciar que es falso que se haya reducido el tamaño del Estado o el gasto social. De hecho, estos nunca han sido mayores que en la actualidad.

En 1989 (bajo el modelo anterior basado en la estatización y el proteccionismo) los ingresos del gobierno apenas llegaban al 10,6% del PBI. El año pasado, en cambio, alcanzaron el 21,6%. Además, ahora el Impuesto a la Renta (el más redistributivo de todos, porque hace que pague más quien tiene mayores ingresos) constituye una proporción mucho más alta de la recaudación tributaria. Mientras que de 1980 a 1989 era apenas el 21% de lo recaudado, del 2005 al 2012 fue en promedio casi un 40%.

Por otro lado, como precisó ayer el portal informativo Lampadia, del 2004 al 2012 el gasto social básico (que incluye, entre otros, la inversión en educación básica, salud básica, alimentación y nutrición, y agua y saneamiento) creció 173%. Por su parte, el gasto social complementario (que incluye educación secundaria, educación superior, infraestructura social y productiva, electrificación rural, carreteras rurales, etc.) se incrementó en 125% en el mismo período.

Paralelamente, en los últimos años también han venido mejorando las remuneraciones en el sector público (que se habían reducido aceleradamente en las décadas de 1970 y 1980, durante la era populista). Ese es, por ejemplo, el caso de los sueldos de los maestros, que recién en la década de 1990 se empezaron a recuperar ligeramente, que se doblaron durante el gobierno de Toledo, y que ahora han vuelto a subir dentro de un esquema que se espera llegue a ser meritocrático.

No olvidemos tampoco que en la última década se ha producido una expansión notable de la cobertura de salud.

El porcentaje de personas que poseen algún seguro (Essalud, Seguro Integral de Salud u otro) pasó de 37% en el 2004 a un 66% en el primer trimestre del presente año. En el ámbito rural el salto ha sido aún más notorio: de un 29% a un 75%, gracias a la expansión del Seguro Integral de Salud.

¡Qué ironía! El Estado “liberal” resultó mucho más redistributivo que el Estado populista que tanto añora la izquierda.

Así, lo que hemos visto estos últimos 20 años no solo es el crecimiento del mercado que ha permitido que tantos peruanos escapen de la pobreza y se integren a la clase media. Además, hemos presenciado la progresiva transformación del Estado; de uno dedicado principalmente a sustituir a los privados en lo empresarial a uno que poco a poco asume un mayor rol en lo social.

Esto no significa, por supuesto, que no haya todavía mucho por avanzar. Debemos concentrarnos en profundizar las reformas de mercado y en volver más eficiente al Estado para empezar a correr en vez de únicamente caminar. Pero la izquierda, lamentablemente, solo propone devolvernos por donde vinimos.