(Editorial) Para mis amigos, el Estado

Varios vergonzosos nombramientos de funcionarios están desmintiendo el compromiso del gobierno con el servicio público

Es una vieja tradición peruana el uso del Estado por parte de los gobernantes de turno para premiar o ganar lealtades políticas, cuando no simplemente amistades. Un uso que no por tradicional debería resultar menos insultante. El Estado, no hay que olvidarlo, es algo que pagamos todos y que existe para prestarnos servicios (de seguridad, justicia, salud, educación y demás). Usar nuestro dinero para servir los propios intereses políticos, nombrando a personas que no tienen ninguna capacitación para encargarse de los servicios que les tocaría prestarnos es, pues, estafarnos. Y es también, en tanto que supone un uso de recursos públicos para satisfacer intereses individuales, un modo de corrupción.

El nombramiento reciente de la dirigente cocalera Elsa Malpartida como coordinadora general del Programa Integral de Mejoramiento de Barrios y Pueblos (Mi Barrio) es un signo más de cómo en lo que respecta a esto, igual que en lo que toca a los blindajes a partidarios, La Gran Transformación es también La Gran Continuación. Mi Barrio gastó el año pasado S/.480 millones. Su buen manejo requiere, consiguientemente, además de un sólido bagaje de conocimientos urbanísticos, gran experiencia administrativa. ¿Cuál fue el único estudio que pudo sustentar Elsa Malpartida para ganar el concurso público que le dio el cargo? Enfermería técnica. ¿Está bromeando el gobierno a la opinión pública? No. Simplemente la está ignorando.

La misma lógica y las mismas interrogantes calzan en el caso de Carmela Chumbiray, ama de casa, seguramente muy hacendosa, calificada también según concurso para asumir el cargo de secretaria técnica del mismo programa. Por si esto fuese poco, Chumbiray ha sido señalada como una de los aportantes sin ingreso conocido que tuvo Gana Perú en la campaña y fue además investigada por el Congreso por sus actividades relacionadas con las casas del ALBA. Ni profundizar en lo peligroso que resulta dar espacios de manejo vecinal a personajes que han sido cuestionados por intentos de infiltración ideológica.

Ahí no acaban los ejemplos. En días recientes, se vio un intento de copamiento de Essalud por sectores de izquierda de la alianza con que Gana Perú llegó al Gobierno. Luego está Nancy Obregón, otra dirigente indocumentada que ha sido nombrada como gestora del Congreso para gobiernos locales. También Flor Díaz Honores, la agregada cultural en Washington, quien no parece tener más activos relevantes en su hoja de vida que su amistad con la primera dama. Y qué decir de tantos otros nombramientos en los que ha quedado claro que la relación entre la preparación y el cargo por desempeñar ha sido lo último que se ha tomado en cuenta.

Según estos nombramientos demuestran, tenemos un gobierno más que es legatario de la célebre frase del Mariscal Oscar Benavides (“para mis amigos todo, para los demás la ley”) y que, consiguientemente, no está interesado en reformar el Estado, fomentar la meritocracia, crear una verdadera carrera pública ni en responder a los retos del acelerado crecimiento económico, garantizando la igualdad de todos ante la ley.

Para lograr un Estado eficiente y moderno, se requiere desvincular la burocracia del aparato político del poder. Los cargos de confianza deben reducirse a su mínima expresión y estar fundamentados principalmente en la capacidad de los convocados. La regla tiene que ser la profesionalización de la gestión pública. Hasta que eso no pase, la economía podrá seguir corriendo, rauda, en bólido, mientras el Estado continuará rodando erráticamente y casi a tientas, en carreta, para severo perjuicio de quienes más lo necesitan.