(Editorial) Obligaciones soberanas

El Estado debe cumplir el pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos

(Editorial) Obligaciones soberanas

La reciente resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (la corte de San José) sobre la sentencia que dio en julio la Sala Penal Permanente de la Corte Suprema en el Caso Barrios Altos ha dado lugar a las críticas habituales.

Así, se ha dicho que la corte de San José está atentando contra la soberanía nacional al pretender revertir la forma como la Corte Suprema ha resuelto un tema dado. Esta crítica, desde luego, es absurda: los contratos que uno suscribe en ejercicio de su libertad no pueden atentar luego contra esta libertad. Contratar, por definición, es limitarse, y eso fue lo que hizo el Perú cuando, en ejercicio de su soberanía (su libertad), firmó la Convención Interamericana de Derechos Humanos y se sometió a la jurisdicción de la corte de San José. Los límites a la voluntad de nuestro Estado que se derivan de este sometimiento no son, pues, un recorte de su soberanía, sino que son más bien una expresión de ella.

También se ha dicho que la corte se ha inclinado, una vez más, del lado de los terroristas, castigando a quienes nos libraron de la demencia asesina de Sendero. Esta afirmación tiene muy mala base histórica. Fueron, de hecho, precisamente estrategias como las del grupo Colina –esto es, estrategias de ataques indiscriminados en las que se hacía pagar (mediante desapariciones, torturas y matanzas) a inocentes por terroristas– las que durante la década de 1980 alienaron a buena parte de la población civil y le hicieron las cosas mucho más fáciles a Sendero. Lo que derrotó al terrorismo fue un tipo de trabajo muy diferente: principalmente, el de inteligencia y la alianza, sistematizada en la década de 1990, del Gobierno con las comunidades campesinas.

La resolución de la corte de San José pidiendo que se revierta la sentencia de nuestra Corte Suprema se sustenta, principalmente, en que esta ha violado la jurisprudencia de aquella al decir que la matanza de Barrios Altos no fue un crimen de lesa humanidad. Habría que agregar, sin embargo, que nuestra Corte Suprema también violó el sentido mismo de “lesa humanidad”. Y es que lo que dijo su sentencia es que el crimen de Barrios Altos no podía ser considerado como tal porque el objetivo del grupo Colina no había sido matar a civiles sino a terroristas. Un argumento que acaba de un golpe con la protección que busca otorgar la figura de “lesa humanidad”: con esa misma premisa uno puede soltar armas químicas sobre una población entera mientras lo haga con la intención de matar a los terroristas que hay en ella. El hecho real es que nunca se probó que las 15 personas (incluyendo un niño de 8 años) asesinadas en la pollada de Barrios Altos eran terroristas y que, al menos en un Estado de derecho, todos debemos ser considerados inocentes hasta que un juez no diga lo contrario.

Son muchos quienes creen que una guerra contra el terrorismo debe suponer una “carta blanca” para las Fuerzas Armadas, autorizándolas a cualquier tipo de acción contra cualquier tipo de blanco. ¿Cuántas de esas personas pensarían igual si entre los asesinados en una matanza indiscriminada estatal hubiese estado un hermano, un padre, un hijo, un amigo? Por otra parte, aun si tenemos problemas para ver la humanidad en el otro que no está directamente relacionado con nosotros, es un acto de miopía buscar que la ley también los tenga: la historia no es ajena a los giros extremos y uno nunca sabe cuándo los suyos pueden acabar en el lado más vulnerable de una situación violenta –allí donde es mucho más probable que hayan víctimas inocentes–.

Finalmente, manipulan los que dicen que las sentencias de la corte de San José atan las manos de las democracias frente a sus enemigos. Lo que hacen es impedirles traicionarse a sí mismas, actuando sin esforzarse por discriminar a culpables de inocentes y disparando “en racimo” porque así es más fácil. Después de todo, no vale menos la vida de cada uno de los inocentes caídos en la lucha contra el terrorismo, que la de cada uno de los que fuimos salvados por su derrota.