(Editorial) ¿Pensiones inhumanas?

El Sistema Nacional de Pensiones es un fracaso que debiera ser repensado

(Editorial) ¿Pensiones inhumanas?

En los últimos días se ha discutido la necesidad de desaparecer el Sistema Nacional de Pensiones (SNP) por tratarse de un sistema desfinanciado y carente de autonomía. Beatriz Merino, ex defensora del Pueblo, ha manifestado que solo debería quedar el sistema privado. El ministro Castilla, por su parte, ha dicho que se trata de una reforma que no está en agenda. Pero la opinión más notable ha venido del congresista Lescano, quien ha hecho saber que el SNP es un sistema mucho “más humano” que el privado, que es “más monetario”.

No estamos seguros a qué ha intentado referirse el congresista Lescano cuando ha dicho “humano”, adjetivo que los políticos han, para decirlo copiando a Borges, fatigado tanto. Si lo que ha querido decir con “humano” es “beneficioso para los seres humanos”, ha errado de cabo a rabo. Y es que “más humano” es lo que funciona mejor –en este caso, para garantizar pensiones dignas a las personas– y el SNP no solo no es lo que funciona mejor, sino que sería difícil que pudiese funcionar peor.

¿Por qué? Porque es un sistema de seguridad que no asegura nada. Está quebrado. Sus ingresos –los aportes que le hacen durante sus vidas productivas sus afiliados– no alcanzan para cubrir más que una pequeña parte de sus obligaciones pensionarias. Todo el resto lo tiene que poner el fisco (o, mejor dicho, lo tenemos que poner todos los contribuyentes). Es decir: el SNP depende cada año para poder pagar sus pensiones de un tercero (el mencionado fisco) y es, por lo tanto, estructuralmente frágil y precario. Lo que constituye la definición del fracaso para un sistema cuyo objetivo principal es “garantizar” algo (las pensiones de sus afiliados).

No debe subestimarse el tamaño de este subsidio: de 1974 al 2003, el Estado tuvo que desembolsar US$36.949 millones (3,5 veces lo aportado por los afiliados) para que el SNP pudiese cumplir con sus obligaciones. Y actualmente lo subsidia a ritmo de S/.2.000 millones al año.

Tampoco se debe minimizar el riesgo que supone para los pensionistas del SNP la necesidad de este subsidio. Sobre todo teniendo en cuenta todo lo que puede pasar con el fisco en un país que, pese a la estabilidad de los últimos tiempos, muestra en sus procesos electorales seguir muy tentado por un populismo económico que muy bien podría dejar al tesoro público sin dinero suficiente. A lo que hay que sumarle que el forado anual con el que trabaja el SNP no hace sino crecer, habiendo el IPE calculado que su desbalance futuro podría llegar al 50% del PBI.

¿En qué sentido entonces puede ser “más humano” y “menos monetario” el SNP que el autofinanciado sistema privado de pensiones? Podríamos, en todo caso, entender lo de “menos monetario” si con ello se quiere decir que tiene menos monedas para cumplir las pensiones que debe. Pero lo de “más humano” sí que no tiene sentido alguno. La única pensión “humana” es la que efectivamente se paga y a los afiliados al SNP nadie les garantiza que se les podrá pagar la suya: dependerá de la recaudación y de las otras presiones de gasto que vaya teniendo el fisco en el futuro. Los pensionistas del sistema privado, en cambio, no tienen esta contingencia, pues lo que ellos reciben depende de lo que ellos mismos van aportando durante su vida productiva a unos fondos que son independientes; no de dinero de terceros manejado por el fisco.

Por otro lado, el SNP se vuelve aun menos “humano” cuando uno toma conciencia de que, debido a la norma que dicta que quienes no le hayan aportado un mínimo de 20 años (o quienes no puedan probar haberlo hecho) no recibirán pensión alguna, un 65% de los afiliados se quedará sin beneficios (conforme al BID).

Finalmente, resulta desconcertante también cómo así es “humano” –o ético– que los contribuyentes regalemos al año varios miles de millones de soles al SNP a fin de subsidiar las pensiones de personas que tienen trabajos (y formales) cuando sigue habiendo un tercio de peruanos viviendo bajo la línea de pobreza.

Podría entenderse, en fin, que se diga que no se quiere abordar el problema del SNP por temor a las consecuencias políticas. Pero decir que ese forado andante (y creciente) es un tema “humano” es más que “fatigar” el término. Es profanarlo.