(Editorial) ¿Respetarán los candidatos el Pacto Ético?

En momentos en que recrudecen los ataques y los adjetivos altisonantes, los principales partidos políticos y movimientos regionales, que firmaron antes el Pacto Ético Electoral 2010-2011, han elegido ahora a connotadas personalidades como miembros del Tribunal de Honor que se encargará de verificar el cumplimiento de ese compromiso político.

La pregunta es: ¿Serán consecuentes y respetarán las sugerencias y reconvenciones del tribunal, para reencauzar la campaña de modo que sea una real confrontación de propuestas? ¿Permitirán que los electores puedan reflexionar y comparar programas para emitir un voto responsable y democrático? ¿O, como ha sucedido otras veces, ignorarán su compromiso y terminaremos con una campaña antiética y virulenta, llena de ataques personales, insultos, mentiras, rumores malévolos y guerra sucia?

El Tribunal de Honor del Pacto Ético Electoral estará integrado por Fernando Vidal, Roberto MacLean, César Landa, Fernando de Szyszlo y Marco Martos, todos ellos reconocidos intelectuales de brillante trayectoria profesional y ética, que tienen por delante una ardua tarea democrática.

Y, mientras la mayoría de partidos políticos y alianzas electorales aún no ha cumplido con presentar los informes de sus fuentes de financiamiento de las elecciones municipales y regionales, tampoco se sabe quiénes los financian en la actual campaña presidencial, lo que deja las puertas abiertas a la suspicacia, pues los aportes de hoy pueden significar la hipoteca del Estado mañana.

Los partidos tampoco han sido ni ordenados ni transparentes para elegir a sus candidatos al Congreso ni para escrutar sus antecedentes, como lo revela la inclusión de personajes acusados de graves delitos o de estar vinculados con la mafia montesinista.

Luego, recordemos que hace pocas semanas se produjo un penoso enfrentamiento a través de las redes sociales entre candidatos al Congreso de Solidaridad Nacional, Perú Posible, Fuerza 2011, entre otros, con un intercambio de epítetos realmente groseros, de lo cual no ha habido disculpa alguna.

En tanto, seguimos esperando planteamientos coherentes y viables para mejorar la economía, promover la inversión privada y reducir la pobreza. También queremos saber qué se hará en temas como la descentralización, corrupción, combate al narcotráfico y fortalecimiento de la seguridad ciudadana.

Finalmente, vistas las terribles experiencias del pasado, el Tribunal de Honor debe estudiar la manera de comprometer a los candidatos a cumplir, en la eventualidad de llegar al Gobierno, lo que prometen en las campañas y evaluar los modos en que se pueda sancionar las transgresiones o engaños.

Ya estamos hartos, y asustados, del grado de frivolidad y cinismo a que pueden llegar algunos que, en la campaña, por ejemplo, recusan el ‘shock’, pero llegados al Gobierno, lo aplican de modo inmisericorde. No es el único caso de absoluto divorcio total entre promesa y realidad, lamentablemente, por lo que es urgente ensayar maneras de recobrar la decencia y la coherencia en política y castigar la traición al ciudadano-elector.