Editorial: La sólida relación entre el Perú y Ecuador

La visita de Estado del presidente ecuatoriano Rafael Correa ha servido para reafirmar la histórica relación de hermandad entre nuestros países que, en líneas generales, pasa por un gran momento.

En un clima distendido y expectante, los mandatarios de ambos países han reiterado su vocación de acercamiento y de dar superadas las antiguas desavenencias que nos separaron por buen tiempo, en una áspera confrontación que produjo guerras, dolor y muchos muertos. Hoy, afortunadamente, las cosas han cambiado. ¿Qué mejor muestra de ello que los consulados y embajadas binacionales, donde ciudadanos peruanos y ecuatorianos pueden acudir por igual y sin ninguna restricción? Recordemos que el frente diplomático es sumamente importante en la defensa de los intereses nacionales, por lo que podemos colegir el significado de una embajada binacional.

La visita del presidente Correa ha servido también para acordar un sistema de apoyo o de acción conjunta de las Fuerzas Armadas peruanas y ecuatorianas, que se activará en caso de desastres naturales y necesidades de acción cívica en uno de los dos países. Ello evidencia el nivel de acercamiento entre los estamentos militares, que antes se apuntaban ferozmente desde ambos lados de la frontera.

En lo económico, debemos destacar la implementación del proyecto de irrigación Puyango-Tumbes, que permitirá habilitar más de 40 mil hectáreas de cultivos a un costo de 298 millones de dólares y ampliar las zonas agrícolas, así como crear empleo en la olvidada frontera.

En lo diplomático, un aspecto trascendental y que merece especial atención es el compromiso del presidente Correa en el sentido de que su país no necesita responder a la Corte Internacional de Justicia de La Haya en torno al diferendo por límites marítimos entre Perú y Chile, lo que mantiene el contencioso en el ámbito bilateral, sin interferencias de terceros.

Queda ahora un delicado trabajo de Torre Tagle para analizar exhaustivamente los alcances y repercusiones del eventual desistimiento ecuatoriano, sobre todo teniendo en cuenta que Correa ha condicionado dicha postura a que el Perú ratifique por escrito que no tiene ningún problema limítrofe con Ecuador. La pertinencia o no de hacer un deslinde demanda una exhaustiva evaluación técnica, política y diplomática a partir de elementos insoslayables como la carencia de frontera marítima en el sur, la existencia de islas en la frontera norte, la naturaleza de los convenios pesqueros de la década del 50 y los avances y efectos de la memoria y contramemoria presentadas ante La Haya por el Perú y Chile.

En cualquier caso, el compromiso inicial del presidente Correa resulta alentador, jurídicamente correcto y políticamente sano, pues bien encaminado en proyectos y acciones podría contribuir a afianzar la paz regional y consolidar las buenas relaciones entre peruanos y ecuatorianos, a pesar de las diferentes ideologías que motivan a sus respectivos gobiernos.