Kenji Fujimori y el partido: la fuerza no lo acompaña [CRÓNICA]

Desde que Kenji hizo públicas sus discrepancias con su hermana Keiko le han llovido algunas naranjas

Kenji Fujimori y el partido: la fuerza no lo acompaña [CRÓNICA]

Una fuente cercana a Kenji Fujimori asegura que este no tiene intención de romper con Fuerza Popular ni de rivalizar con Keiko en el 2021, aunque no dejará de pelear por sus diferencias. (Ilustración; Giovanni Tazza / El Comercio)

“Está desesperado” (Karla Schaefer); “vive solo en el Congreso, aislado, no se vincula con el resto” (Lourdes Alcorta); “hay gente que ahora lo halaga, pero antes lo ha insultado y lo va a seguir insultando después” (Luz Salgado); “está desinformado” (Miguel Torres); “el liderazgo de Keiko Fujimori es indiscutible, no veo en Kenji Fujimori condiciones para competir con ella” (Úrsula Letona); “está actuando más como hijo que como parlamentario” (Daniel Salaverry).

Todos estos naranjazos con efecto, y uno que otro botellazo de Fanta, le han caído a Kenji desde que hizo públicas sus discrepancias con la ‘bankada’ en varios ítems: su deseo de formar una comisión investigadora sobre el Caso Sodalicio, su crítica al proyecto de Letona y Alejandra Aramayo sobre control de los medios, su rechazo a modificar los decretos legislativos que hablaban expresamente de orientación sexual.

Kenji no se contentó con tuitear sus objeciones y hacer gestos desafiantes, como adoptar la bandera arco iris en su perfil de Twitter y dejarse fotografiar junto a la primera dama Nancy Lange. Salió de la cura de silencio que compartía con Keiko, y habló de todo esto y más en una entrevista en “Cuarto poder”. Ahí sí que el keikismo militante tuvo que salir a replicar lo que no solo eran tolerables diferencias e indisciplinas en un grupo tan grande, sino a aplacar lo que podría estarse anunciando como un cisma. 

Por cierto, he conversado con una fuente cercana a Kenji que me asegura que no hay en él ninguna intención de romper Fuerza Popular ni de rivalizar con Keiko en el 2021, pero que no dejará de pelear por sus diferencias, en las reuniones de bancada y fuera de ellas. Por eso, en una protesta sui géneris, se quedó parado en el hemiciclo y no votó por la modificación de los decretos legislativos liberales. Es más, se apareció en la Comisión de Justicia para sustentar personalmente su interés en que se discuta el proyecto de su correligionaria Leyla Chihuán, que recoge el mismo cantar de los decretos vapuleados, pero como proyecto de ley, salvando así las objeciones formales planteadas por el fujimorismo conservador. 

Pues resulta que en esa misma sesión de la comisión estaba Roberto Vieira, preparado para discutir su proyecto de prisión domiciliaria para mayores de 75 años. Terminado su pedido respecto al proyecto de Chihuán, Kenji se retiró abruptamente, a sabiendas de que su bancada tenía decidido votar contra Vieira, mientras él –es fácil presumirlo– estaba de acuerdo con tal de que su padre salga de prisión. Acto seguido, dio una conferencia de prensa reclamando a su bancada tener una posición proactiva respecto a la libertad de su padre. Así quedó de manifiesto que, más que las discrepancias entre liberales y conservadores naranjas, es Alberto Fujimori quien divide a sus hijos.

—Seguiré esperando—
Las diferencias de hermano menor y hermana mayor respecto al legado de papá ya eran notorias en el quinquenio pasado. Keiko no perdía ocasión para fustigar el golpe del 5 de abril del 92 y rechazar la herencia autoritaria, mientras Kenji buscaba lecturas amables apelando a conceptos como la democracia delegativa. Se había aislado como congresista y tenía una informal bancadita de parlamentarios cercanos a su padre. Pero no desafiaba a Keiko con declaraciones o tuits altisonantes.

Las hostilidades empezaron en la campaña, cuando Kenji quiso defender a los albertistas baloteados en la lista al Congreso, o sea, Martha Chávez, Luisa Cuculiza y Alejandro Aguinaga. Y la mala onda llegó a su cota máxima en la segunda vuelta, cuando Kenji tuiteó sobre su presunta candidatura en el 2021.

Pues Kenji y su entorno aseguran que ese tuit lo hizo un subalterno sin permiso y que fue despedido; pero a  partir de allí se acentuó la distancia. Si no hubiera sido por las denuncias contra Joaquín Ramírez y el enredo de José Chlimper y los audios bamba, Kenji hubiera podido sentirse culpable de la pequeña diferencia de votos por la que perdió su hermana.

Tras la derrota de Keiko, el hermano menor se volvió a aislar e hizo cura de silencio. Cuentan que trabajó en sus propios temas. Por un lado, tiene su empresa Limasa,cuyo progreso financiero ha sido tal, con socios japoneses incluidos, que la fiscalía le ha puesto el ojo; por otro lado, como congresista tiene proyectos para legislar sobre reserva de aguas en la sierra. Es ingeniero agrónomo como su padre y, aunque no ha pasado por el proceso psicoanalítico de ‘eliminarlo’, como sí parece haberlo hecho Keiko, tampoco le da el amén en todo. De ahí su entusiasmo por la agenda LTGBI y por la bicameralidad. Al hombre que disolvió un Congreso bicameral y convocó con ganas otro unicameral no le deben hacer mucha gracia esos desvaríos liberales de su benjamín.

—Factor K—
La libertad de Alberto Fujimori vuelve a difuminarse. Keiko se atuvo a su compromiso de no usar su poder político para liberar al padre. Si no es ella misma –hija atribulada por legado tan complicado–, sí hay gente en su entorno que teme que el padre libre podría minar su liderazgo. Esos son los congresistas que han hablado dramatizando sobre grilletes y encierros caseros para rechazar el proyecto de Vieira. Sin embargo, Kenji, que no suscribe esos compromisos, quizá sí hubiera estudiado la alternativa.  

El indulto, en exclusivas manos de PPK, es otra alternativa que, es fácil presumir, el hijo nunca abandonará. No es imposible imaginar que Kenji haya conversado del tema con Nancy Lange, cuando la buscó en el patio de Palacio para hacer donativos a Piura. Me cuentan que fue de ella la idea de tomarse una foto con  él. Con la misma soltura con la que posaron juntos y con la que Kenji acabó enrolado en el spot de #UnaSolaFuerza, pudieron intercambiar ideas sobre un posible indulto, y las sugerencias llegar, por la vía más expedita, al presidente.

Sin embargo, ya conocemos la negativa ppkausa a no discutir otra cosa que no sea prisión domiciliaria. La decisión de perdonar a Alberto, cuando aún tiene delitos por juzgar recién aprobados por el Poder Judicial chileno tras otro proceso de extradición, tiene un peso histórico con el que probablemente PPK no quiera cargar. Y ya conocemos la promesa de Keiko de no usar su fuerza y de Kenji de hacer todo lo posible por liberar a su padre. De modo que los hermanos, que muy probablemente se verán las caras mañana al saludar a doña Susana Higuchi por el Día de la Madre, tendrán muchas cosas de las que hablar.

En el mejor de los casos, Kenji ayuda a encontrar una alternativa para aliviar la pena de su padre sin que nadie rompa promesas políticas, Fuerza Popular recibe aliento liberal que falta le hace, y dejan de llover naranjazos y de amenazar al Gobierno con censuras.

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