Casona donde se alojó Simón Bolivar se encuentra en estado deplorable

Parte del inmueble, de más de 300 años y ubicado en la esquina de la cuadra 3 del jirón Junín y la cuadra 1 del jirón Azángaro, ha sido puesta a la venta

Casona donde se alojó Simón Bolivar se encuentra en estado deplorable

Por: Henry López Tafur

La llegada de Simón Bolívar a Lima fue todo un acontecimiento. Las calles, plazas y casas por donde pasó uno de los gestores de la independencia de América, aquel 1 de setiembre de 1823, fueron adornadas para la ocasión, mientras una comitiva encabezada por el presidente José Bernardo de Tagle –el marqués de Torre Tagle– y su Gabinete Ministerial lo acompañaba en el trayecto.

Según cuenta Jorge Basadre, en su monumental “Historia de la República del Perú”, Bolívar y su séquito se dirigieron a una casa en la esquina de las calles San José (actual cuadra 3 del jirón Junín) y Aparicio (cuadra 1 del jirón Azángaro), que había sido escogida para alojar al ilustre visitante caraqueño.

Hoy, 187 años después, el estado de este inmueble, conocido como Casa Bolívar y declarado monumento histórico el 28 de diciembre de 1972, es deplorable. El paso de los años y la desidia de las autoridades, los propietarios y sus actuales habitantes le han pasado penosa factura.

Gran parte del segundo piso de la casona, que ocupa un área de casi 2 mil metros cuadrados, se encuentra tugurizado. Varios de sus ambientes han sido subdivididos por los inquilinos que allí viven (unas 30 familias). Incluso, una cebichería ofrece sus platos y viandas. Las escaleras, ventanas, columnas y balcones muestran un deterioro que avanza sin tregua.

En el primer piso funcionan restaurantes, una cabina de Internet y bodegas que le han arrancado al inmueble el esplendor del pasado.

“Esta casa fue uno de los inmuebles más notables de Lima, pero ahora no luce la majestuosidad de hace unos años, porque es usado indebidamente”, lamenta el arquitecto Víctor Pimentel, ex director del Instituto Nacional de Cultura (INC) y miembro de la Junta de Deliberantes de Monumentos de la Municipalidad de Lima, que entre 1961 y 1963 realizó varios trabajos para preservar el patrimonio monumental de Lima, pero que han perdido el impulso inicial.

Pimentel fue jefe de un inventario de patrimonio monumental de Lima realizado por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Ingeniería, en la segunda mitad de los 80. En dicho estudio se indica que la casa Bolívar data del siglo XVII y que ha sufrido muchas modificaciones, no necesariamente positivas. Este Diario constató que la capilla oratorio –en la que los habitantes más píos rezaban– se ha convertido en un espacio para baños y lavadero de ropa,

Según documentos del INC, hubo otro intento para salvar la casa. Fue el de la Fundación Bolívar, que también en aquellos años 80 presentó un proyecto para expropiar el inmueble y restaurarlo. Sin embargo, tampoco se llegó a concretar.

Silvia de los Ríos, arquitecta del Centro de Investigación y Documentación y Asesoría Poblacional, precisa que la forma en L del terreno del inmueble es producto de una subdivisión que posiblemente ocurrió en el siglo XVIII. Antes de eso, el solar tenía una forma cuadrada y ocupaba la cuarta parte de toda la manzana.

De los Ríos cuenta que el patio principal del inmueble –uno de los más bellos que ha tenido Lima, según Pimentel– fue cubierto por un techo a principios del siglo XX, para la instalación de una curtiembre.

“Debido a los innumerables cambios que ha sufrido, es difícil saber con certeza si Bolívar habitó la casa tal como la conocemos hoy”, sostiene Luis Malca, historiador del Ministerio de Cultura.

Pimentel lamenta el estado en el que se encuentra, debido al nulo interés mostrado por las autoridades y propietarios. Muchos de los precarios habitantes del segundo piso no pagan el alquiler desde hace varios años. Al respecto, tanto el Ministerio de Cultura como la Municipalidad de Lima no dieron información. “Varias veces nos han prometido mejorar la casa”, recuerda Andrea Calderón, inquilina del inmueble desde hace 15 años.

QUERÍAN DESTRUIRLA PARA HACER EDIFICIO
A mediados de los años 60 del siglo pasado, uno de los miembros de la familia Palacios –dueña por esos años de la Casa Bolívar– pidió al Consejo Nacional de Monumentos, que dirigía el arquitecto Víctor Pimentel, permiso para demoler la casona y construir un edificio.

“Tras varios intentos, la dueña del inmueble desistió de su intención”, recuerda Pimentel. En la actualidad, parte de la casa que da al jirón Azángaro ha sido puesta a la venta. Una fuente de la inmobiliaria a cargo señaló que el dueño sigue siendo un integrante de la familia Palacios, que heredó la propiedad, y que su venta es muy compleja debido al mal estado que luce el inmueble.