Conozca casos de políticos que se entrometieron en los mundiales de fútbol

Si alguna vez la expresión “pan y circo” pareció peyorativa, la historia de ciertos mundiales parece darle no solo la razón sino también una dolorosa cuota de verdad

Conozca casos de políticos que se entrometieron en los mundiales de fútbol

Por: Jorge Moreno

Una historia con ribetes de fantasía cuenta que una vez un periodista occidental le preguntó a un joven atleta chino, en el transcurso de una competencia deportiva internacional, cómo había hecho para lograr la hazaña de conquistar la medalla de oro. Este respondió, sin el menor asomo de vergüenza y ante las cámaras de televisión del mundo entero, que lo había conseguido gracias a la lectura del “Libro rojo de Mao”.

Cierta o no, la historia es una de las muchísimas que ilustran las relaciones que desde siempre han existido entre el deporte y la política; de cómo la política se ha servido del deporte como una herramienta de una eficacia inmejorable para lograr objetivos propagandísticos o dirigir convenientemente las miradas hacia otro lado. Porque, como dijo el ex presidente estadounidense Gerald Ford, “un éxito deportivo puede servir tanto como una victoria militar”.

En el caso del fútbol, uno de los deportes más multitudinarios del planeta, si no el más multitudinario de todos, esta relación ha sido una realidad constante en cada una de las versiones de su cita más importante: la Copa Mundial de Fútbol.

MUNDIALES Y POLÍTICA
Con ocasión del Mundial de Fútbol de 1978 en Argentina, le preguntaron a Jorge Luis Borges qué opinaba de este deporte y su respuesta no pudo ser más elocuente: “Nunca me gustó el circo”. Porque, por duro que suenen sus palabras, no distan mucho de ser ciertas.

Desde el tiempo de los romanos, la práctica del deporte ha sido el sustituto ideal de la realidad o la mejor manera de ocultarla. Así lo entendió muy bien, en nuestra época, la Italia fascista que en 1934 organizó el Mundial y que no encontró mejor manera de ensalzar la figura del Duce que cambiar el nombre del estadio donde se jugaría el partido inicial y la final por el de estadio Benito Mussolini, quien incluso, como todos saben, llegó a amenazar, cuatro años después, a los seleccionados italianos si perdían la final en la Copa de 1938. El fascismo no se podía permitir una derrota.

En 1968, a diez días de iniciarse los Juegos Olímpicos en México, ocurrió la matanza de Tlatelolco en la que murieron cientos de estudiantes y que todo el mundo olvidó dos años después cuando se organizó el Mundial de Fútbol en ese país. Fue una matanza que quedó convenientemente olvidada con el rodar de una pelota. Pero si hay un mundial donde la política haya actuado de la manera más sucia, ese fue en el de Argentina 78.

CASO ARGENTINO
En Argentina, los miles de hinchas quedaron tan embelesados con la redonda que nadie vio ni preguntó por los más de 30.000 desaparecidos y cientos de detenidos que las organizaciones de derechos humanos denunciaban. Pese al boicot organizado contra el país, que este combatió con un eslogan bastante bizarro (“En Argentina todos somos derechos y humanos”), el mundial se realizó “a unos pasos de donde funcionaba el Auschwitz argentino, el centro de tormento y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada. Y algunos kilómetros más allá, los aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo de la mar”, escribió Eduardo Galeano.

Es, además, un deporte en el que las tensiones nacionalistas no están exentas.

En España, donde el fútbol ha sido y es una cuestión de Estado desde siempre, la política se ha mezclado con el fútbol y los nacionalismos continuamente. Daniel Gómez Amat, quien ha escrito sobre ello en “La patria del gol. Fútbol y política en el Estado español”, afirma: “El fútbol es un arma política de primer orden en todo el mundo. Nadie es inocente”. Con una originalidad digna de resaltar ha hecho notar cómo durante el franquismo el “nacionalfutbolismo” hizo del Real Madrid el equipo nacional por excelencia tratando de eliminar así los nacionalismos catalán y vasco.

GEOPOLÍTICA y FÚTBOL
De este modo, revisando con otros ojos la historia de los mundiales se entiende mejor esa “geopolítica del fútbol” de la que nos habla el francés Pascal Bonifac y que explica cómo una competencia de las características de la Copa Mundial fue a parar a Sudáfrica, un país donde el índice de delincuencia es de 50 asesinatos al día.

Según explica, el peso y la influencia que al interior de la FIFA vienen consiguiendo las federaciones del hemisferio sur, África y Asia, que con sus innumerables países pueden poseer el poder en sus manos, han tenido un correlato inesperado. Enmarcado en un proceso de descolonización, el interés de la FIFA por fomentar el fútbol en esas naciones ha tenido como consecuencia el desarrollo de una conciencia política panafricana que no solo ha derivado en Sudáfrica 2010, sino que además reclama su cuota de poder. El presidente de la confederación asiática de fútbol, el catarí Bin Hammam, ya ha hecho saber que piensa postular a la presidencia de la FIFA en el 2011.

No por nada se dice que el deporte, y el fútbol en particular, seguirá siempre al servicio del poder y casi nunca de los jugadores, a veces de la forma menos inesperada. Como fue el caso del presidente camerunés, Paul Biya, a quien la situación económica lo tenía en la cuerda floja. Hasta que apareció Roger Milla y sus compañeros con su sorprendente actuación en Italia 90, lo que lo mantuvo un par de años más en el poder. Para desgracia de todos.

Intifada y fútbol
En los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania, los encuentros de fútbol están prohibidos desde la Intifada de 1987, por el temor a la euforia propia de los partidos.

SEPA MÁS
Intromisiones en el campo de juego
Islam y protestas
El ayatola Jomeini prohibió el fútbol en Irán porque la concurrencia masiva a los estadios permitía protestas veladas contra el régimen.

Fascismo y fútbol
Benito Mussolini fue el primero en considerar a los integrantes de la selección italiana como soldados.

Nacionalismos
El franquismo jamás pudo vencer a los nacionalismos vascos y catalán encarnados en los equipos de fútbol.

Guerra del fútbol
En 1969 un partido de fútbol entre las selecciones de Honduras y El Salvador causó una guerra entre ambos países.

El jugador políticamente incorrecto
Hay que mencionar, también, al jugador políticamente incorrecto, de los que ha habido muchos. Están, por ejemplo, los integrantes de la selección holandesa de 1978 que se negaron a subir al podio a recibir sus medallas de plata para no tener que darles la mano a los integrantes de la Junta militar argentina y que después del acto inaugural salieron a marchar junto con las Madres de la Plaza de Mayo, hoy candidatas al Premio Nobel de la Paz.

Pero el caso más emblemático es el del defensa catalán Oleguer Presas , que jugó en el FC Barcelona, bien conocido por su activismo dentro del independentismo catalán. En el 2007 publicó un artículo en diarios catalanes y vascos titulado “Buena fe”, en el que reflexionaba sobre el papel del Estado de derecho y el caso de un etarra en huelga de hambre y a quien no se lo ponía en libertad tras haber cumplido su condena. En él escribía que “el Estado de derecho cree en sus leyes y no aplica ni la cadena perpetua ni la pena de muerte”, y comparaba el caso del etarra con el de policías, políticos y empresarios indultados por motivos de salud y que solo habían cumplido una parte de sus penas.

No es que uno esté de acuerdo en todo o poco con Oleguer, sino que en este asunto, por el que se lo criticó bastante, está de por medio el derecho a la libertad de expresión que tiene todo ciudadano por censurables que sean sus ideas.