Elvis canta contra la crisis en el centro de Lima

Un turista le advirtió hace seis años en la Plaza de Armas de su parecido con el Rey del Rock and Roll. Alejandro Carpio cogió el micrófono, acomodó sus patillas, diseñó su traje y empezó a menear las caderas al ritmo de “Hound Dog”

*Por: Nelly Luna Amancio* Ni la gente que lo rodea, ni los policías y serenos que le preguntan qué hace, qué quiere, ni los “sapos” que siempre sobran, ni la feroz humedad de julio, ni eso que en Lima llamamos absurdamente llovizna —cuando no es más que un débil y breve rocío— lo amilana. Ataviado con ese impecable traje blanco que él mismo diseñó, con esas cadenas doradas que cuelgan sobre su pecho, y la correa y los lentes que tanto le costó encontrar, Alejandro Carpio canta “It’s Now or Never” en la Plaza de Armas de Lima. Hace seis años, en este mismo lugar —unos meses después de que la tecnología reemplazara su trabajo de fotomecánico— un turista advirtió su parecido con el Rey del Rock and Roll. Alejandro creyó entonces que podía ser Elvis. A fin de cuentas, toda su vida había escuchado con pasión las canciones del ídolo rockero de Memphis. Las palabras de ese turista fueron un signo para él. A los 10 años Alejandro Carpio ignoraba que una película podría definir una pasión, un estímulo, un giro en la vida. Verano de 1970, cine Zenith de Barranco, la película “Elvis: That’s the way it is”. El niño Alejandro vio las arremolinadas caderas de Elvis Presley sacudirse sobre el escenario del Madison Square Garden. Quedó impactado con el ajetreo de sus piernas, el dominio de un público extasiado y, sobre todo, con ese atuendo blanco que años más tarde mandaría confeccionar a imagen y semejanza. Antes de ser Elvis, Alejandro Carpio era solo Alejandro Carpio, un fanático del Rey. Trabajaba en un taller de fotomecánica de la capital haciendo catálogos de belleza, hasta que, claro, la tecnología llegó y lo que él hacía comenzó a hacerlo una máquina: el escáner. “Si uno no se capacita o no va a la par de los nuevos avances, será avasallado”, dice. Se dedicó a las ventas. Y vendiendo fue que conoció al turista que lo condujo hacia su nuevo camino. —¿Do you like Elvis? —Yes. —You look like Elvis. —Really? Ser uno de los mejores alumnos en inglés fue trascendental para su personaje los meses siguientes. Quienes más lo buscan para tomarse fotos son los turistas estadounidenses. “En Lima no le dan importancia a Elvis, hay mucha gente que ni siquiera lo conoce, acá están más preocupados por la cumbia, en cambio a los extranjeros Elvis les encanta”. El personaje de Alejandro ha tenido más aceptación en el Cusco. Muestra sin recelo el álbum con las fotos que se tomó con varias turistas y las presentaciones que tuvo en algunos restaurantes: los extranjeros sonríen y él muestra en todas la misma cara de solemnidad. Alejandro toma muy en serio su papel. El show empieza con la misma música con la que el Rey se presentó en el Madison Square Garden. Desde el amplificador que Alejandro suele llevar a sus presentaciones escapan las pistas previamente seleccionadas: “It’s Now or Never”, “The Wonder of You”, “Angel” y “Hound Dog”. Coge el micrófono y comienza, como lo hizo antes en la Plaza de Armas. Ha ensayado cientos de veces y memorizado —viendo todos los videos de Elvis colgados en You Tube— los movimientos de caderas, brazos y rodillas. Termina agotado. Está en el hall principal de este Diario. Aunque quisiera, Alejandro no puede vivir de su espectáculo de Elvis. Por eso ha incorporado a su show canciones de la nueva ola. En unos meses volverá al Cusco. Mientras, seguirá con su oficio mañanero: el de comerciante en el Centro de Lima; persistirá con los ensayos de lo que él quiere que sea su trabajo estable: cantar y bailar como Elvis; pero siempre se dará un tiempo para su pasión: las películas. A Alejandro le apasiona el cine. “No entiendo por qué muchos creen que porque uno es vendedor tiene que ser ignorante”. De día, cuando trabaja recorriendo el centro, Alejandro no abandona su personaje: viste camisas y pantalones inspirados en el Rey y diseñadas por él mismo. “Elvis no está muerto. Estaba muy cansado de la fama y quiso descansar. Por eso estamos sus imitadores, cada uno recrea un momento distinto del Rey. Los hay gordos y flacos, jóvenes o cincuentones. Elvis da de comer a todos”, remata Alejandro.

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