Existen 1,5 millones de drogodependientes en el Perú

Estudio de Cedro revela la problemática de la adicción femenina. Casi el 70% de medicinas no son recetadas por un especialista

Existen 1,5 millones de drogodependientes en el Perú

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MARISOL GRAU

“Empecé a usar tranquilizantes luego de que mi pareja me dejara. Una amiga me los recomendó para que me ayudasen a dormir y a levantar mi estado de ánimo”, cuenta María (40), quien utilizó fármacos durante 10 años. Ella llegó a tomar hasta un ‘blister’ completo de pastillas al día, el cuerpo se lo pedía.

Actualmente, se calcula que existen 1,5 millones de drogodependientes en el país, de los cuales unos 150 mil son mujeres. La adicción femenina es una realidad en el Perú y, sin embargo, aún se trata como un tema tabú y poco importante. No hay muchos programas de tratamiento especializados para ellas.

Por el Día Mundial de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, El Comercio presenta en exclusiva un estudio de Cedro realizado a partir de 1.112 casos tratados en dicha institución, entre el 2004 y el 2010. Aquí una exhaustiva radiografía local sobre la drogadicción en mujeres.

TRANQUILIDAD RECETADA
“Contrariamente al sexo masculino, hay una tendencia femenina al consumo de drogas lícitas”, señala Milton Rojas, encargado del informe. Después de la marihuana, el alcohol y los medicamentos son los más utilizados.

Según el especialista de Cedro, existen investigaciones que revelan una predisposición por parte de los médicos varones a recetar fármacos a sus pacientes. Aunque en el estudio se observa que el 40 % de casos reconoce haberse automedicado, otro 29% dice haberlo hecho por consejo de amistades o de familiares. Lo alarmante es que adquieren las medicinas sin inconvenientes en las farmacias.

A este fenómeno se lo denomina la tranquilidad recetada. Rojas advierte que, por lo general, las mujeres suelen presentar con mayor frecuencia enfermedades relacionadas con la salud mental. Los cuadros de depresión, ansiedad y baja autoestima son los motivos que usualmente las llevan a consumir. Esto, sumado a presiones sociales como la maternidad y los estereotipos, hace que en un país todavía machista como el nuestro la adicción femenina pase casi desapercibida.

MÁS ALLÁ DE LO EVIDENTE
Andrea tiene 29 años y hoy lucha contra su adicción a la cocaína. Una batalla silenciosa que libra consigo misma a diario, desde el 2009. “Quiero salir adelante, pero no es fácil. Siempre queda la tentación”, admite. Hace un mes tuvo una recaída. Y si bien ha pedido no revelar su identidad en esta nota, quiere compartir su historia, pues sabe bien que la mejor arma para combatir las drogas es la prevención.

Andrea recuerda que la primera que vez que probó cocaína fue con una amiga, a los 19 años. “Primero lo hacía por monería en fiestas y luego sola, en mi cuarto, durante 4 o 5 horas”, confiesa. Por lo general, el primer contacto con las drogas en mujeres se da por medio de personas cercanas, tales como los amigos o la pareja.

Además, llaman la atención algunos aspectos claves del perfil de las consumidoras. Así, por ejemplo, encontramos que más del 50% tiene un trabajo lícito, la mayoría cuenta con secundaria completa o estudios superiores y no existen antecedentes de adicción en los padres.

Por otro lado, la edad de inicio, cada vez más temprana, es fundamental. Solo con el tabaco, el alcohol y los inhalantes empiezan entre los 11 y 12 años. El caso de Sandra (19) demuestra a los padres la importancia de estar atentos: “Siempre he sido una persona muy sensible. Hubo una época en que me sentí muy triste y comencé a drogarme con una lata de terokal que encontré en casa. Cuando lo hice todos los días, durante una semana, me asusté y busqué ayuda”.

DEBILIDADES DEL SISTEMA
La adicción lleva a las mujeres a la prostitución, enfermedades, delincuencia, comercialización y tráfico de drogas. Por ello, es preciso tratar este problema de manera responsable e inclusiva. No obstante, Carmen Masías, directora adjunta de Cedro, recalca: “En el Estado [en los centro médicos] solo existen 700 camas para dependientes varones y ninguna para mujeres”. En ese sentido, los tratamientos son solo ambulatorios, salvo en algunas instituciones privadas.

Al respecto, Manuel Escalante, coordinador nacional de la Estrategia Nacional de Salud Mental y Cultura de Paz del Ministerio de Salud, sostiene: “No hay pabellones especializados para el sexo femenino, tampoco una cantidad suficiente de psiquiatras y psicólogos en el país”. En vista de ello, señala que su labor ha sido fortalecer la prevención.

Estas limitaciones no facilitan la recuperación de las madres adictas, especialmente porque no tienen dónde dejar a sus hijos, incluso terminan abandonándolos.

Asimismo, debemos entender que mientras con el hombre sí funciona la confrontación como tratamiento, la mujer consumidora es más frágil y vulnerable, por lo que necesita más apoyo. Este es el momento de comenzar a dárselo.

PRECISIONES
Las diferencias de género sí importan
MARYANN ELBERTH
“Desde los años 70, el interés por las diferencias de género ha llevado a nuevas perspectivas. Hoy se reconoce que las diferencias biopsicosociales entre hombres y mujeres influyen en la prevalencia, presentación, comorbilidad y principalmente en el tratamiento. El ingreso de las mujeres a la adicción es diferente al de los hombres y su camino hacia la recuperación también”.

Maryann Elberth es doctorada en Programas de Bienestar Social por la Univesidad Adelphi. Dirige el centro de recuperación de adicciones Greater Hudson Valley Family Health Center de Newburgh, N.Y.


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