Tras libertad de Lori Berenson: episodios del MRTA que el tiempo no borrará

El dolor no entiende de consideraciones jurídicas. La liberación de Lori Berenson trajo de regreso recuerdos trágicos que los peruanos creían olvidados

Tras libertad de Lori Berenson: episodios del MRTA que el tiempo no borrará

Por: Héctor Villalobos

Hay heridas que tardan años en curar. Algunas cicatrices se borran con el tiempo pero hay otras que permanecen para siempre. Muchos peruanos han sentido la reciente liberación de la terrorista del MRTA Lori Berenson como un rasguño que ha arrancado de cuajo la costra de una vieja herida. Y aunque haya quienes invoquen a la tolerancia, es difícil pedírsela a los familiares de Julio Uribe Tasayco, empresario secuestrado que permaneció 38 días con los ojos vendados y en una caja de dos metros de largo por uno de ancho; a los de Pedro Miyasato, que fue asesinado a sangre fría cuando intentaba escapar de sus plagiarios; a los de David Vera Ballón, cuyo cadáver fue hallado con dos balazos en la cabeza y visibles signos de haber sido torturado; o a las familias de todos aquellos que permanecieron en cautiverio y fueron sometidos a tratos crueles, inhumanos y degradantes por parte del MRTA.

En 1995 la organización terrorista se encontraba prácticamente derrotada. Sus principales líderes, como Víctor Polay o Peter Cárdenas Schulte, estaban encarcelados. Solo dos miembros de su comité central permanecían libres: Miguel Rincón Rincón y Néstor Cerpa Cartolini.

Ese año, en el contexto político, Alberto Fujimori había sido reelegido para un segundo período con el 64% de los votos válidamente emitidos. La popularidad presidencial alcanzó ese año un pico de 74% de aprobación. El producto bruto interno registraba por tercer año consecutivo una tasa alta de crecimiento (7%) y las expectativas del empresariado para los años venideros eran optimistas.

En medio de ese ambiente, un debilitado MRTA planeaba un golpe de envergadura para recuperar el protagonismo perdido tras la captura de sus cabecillas. Según el informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, Rincón Rincón —quien había asumido la conducción del frente central del movimiento terrorista— y Cerpa Cartolini creían que la única forma de lograr la excarcelación de sus principales cabecillas era a través de una acción de gran impacto que pudiera crear las condiciones para negociar con el Gobierno .

Una de estas acciones era la toma del Congreso de la República y el secuestro de los parlamentarios para canjearlos por terroristas. Sin embargo, estos planes se vieron desbaratados el 30 de noviembre de 1995. A las 8:45 p.m., un grupo de policías inició el allanamiento de una vivienda situada en la avenida Alameda del Corregidor 1048, en La Molina Vieja. En este lugar funcionaba una base operativa del MRTA, dirigida por Rincón Rincón. La espectacular operación, que se prolongó varias horas, tuvo su punto crítico cuando Rincón y otros doce subversivos, en su intento por huir, saltaron hacia el jardín de la casa vecina, perteneciente a la familia Sessarego, acribillaron a la mascota y tomaron de rehenes a los miembros de la familia. Tras varias horas de negociaciones, los emerretistas se rindieron. Miguel Rincón y otros 17 terroristas fueron capturados. Un policía y cuatro subversivos fallecieron tras la jornada.

La vivienda donde operaban los terroristas había sido alquilada por el panameño Pacífico Castrellón y la estadounidense Lori Berenson, quienes fueron detenidos horas antes de la intervención. Berenson tenía entre sus pertenencias planos del Congreso. Castrellón purgó en prisión 11 de los 15 años de su condena. Berenson pasó 15 años en la cárcel antes de poder volver a las calles.

EL COMIENZO DEL FIN
Fracasado el intento de toma del Congreso, Cerpa, de quien algunos testigos dicen que estuvo en la intervención de La Molina pero que logró escapar, anduvo algún tiempo oculto; preparaba un nuevo plan.

El 17 de diciembre de 1996, 14 emerretistas comandados por Néstor Cerpa ingresaron a la residencia del embajador del Japón, Morihisa Aoki, y tomaron como rehenes a unos 600 invitados, entre políticos, diplomáticos, militares e incluso familiares del presidente Fujimori. Con el tiempo fueron liberando a grupos de rehenes. El objetivo, al igual que el de la frustrada toma del Congreso, era presionar para que liberen a sus presos.

El Gobierno inició conversaciones con los terroristas. La atención mundial se concentró en el Perú. El 22 de abril de 1997, cuando el diálogo se encontraba suspendido, un grupo de comandos de las Fuerzas Armadas ingresó por sorpresa a la embajada. En ese momento, en el día número 126 del secuestro, quedaban 72 rehenes. En la operación murieron dos militares: el coronel Juan Valer y el capitán Raúl Jiménez, todos los terroristas y un rehén, el magistrado Carlos Giusti.

Este fue en la práctica el capítulo final de una historia marcada de sangre que se había iniciado la década anterior. En el epílogo, los pocos terroristas que quedaban de la organización se replegaron a la selva de Junín. Sin experiencia ni dirección, los últimos miembros de este sanguinario grupo cayeron detenidos a finales de 1998, lo que marcó su debacle.

LA FRASE
“El MRTA no es un grupo terrorista sino un movimiento revolucionario. A mí se me acusa por preocuparme por el hambre y la miseria de este país”.
LORI BERENSON. 8 DE ENERO DE 1996

LA FRASE
“Yo creo que el pedir perdón no achica a la persona, la agranda, y es, además, un buen camino para la reconciliación”.
YEHUDE SIMON. EX PRIMER MINISTRO