Narcotráfico busca nuevas rutas de control y se afianza en La Convención

En 10 años, el cultivo de coca se ha incrementado en 40% en el país. Machiguengas denuncian incursiones armadas

Narcotráfico busca nuevas rutas de control y se afianza en La Convención

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NELLY LUNA AMANCIO

El último ataque terrorista se produjo en un centro poblado del distrito más rico y grande del Perú: Echarate, en la provincia cusqueña de La Convención, la cuna del gas de Camisea. Dos días antes de que el 2010 acabase, el comisario del centro poblado de Kiteni y dos suboficiales fueron emboscados y asesinados en la carretera que une, desde el año pasado, la zona de Kepashiato con el valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE), el mayor productor de cocaína en el país. El atentado no fue un hecho aislado, sino la consolidación del hasta entonces silencioso crecimiento del narcotráfico en esta parte de la selva cusqueña.

La superficie cultivada de hoja de coca en el Perú no ha ido a la par de la millonaria inversión que busca controlar su expansión. Pese a todos los planes y presupuestos aprobados, en los últimos 10 años el cultivo de esta planta se ha incrementado en casi un 40%, y son los valles del Monzón y el Alto Huallaga, el VRAE y La Convención los lugares donde más se produce la hoja. La producción potencial de cocaína también se ha disparado. De las 141 TM del año 2000 a 302 TM el 2008 (información más actualizada).

LA EXPANSIÓN DEL VRAE
El atentado en Kepashiato no sorprendió a las autoridades del Gobierno. Y aunque la policía aún no determina si se trató de un ataque terrorista o fue más bien un objetivo del narcotráfico, Jorge Valencia, director de Control de Oferta de Devida, reconoce que la carretera en la que los tres policías fueron asesinados “…es una vía alternativa a la Libertadores [que une Ayacucho con Pisco] para sacar la droga del VRAE”.

Para el analista en temas de seguridad Rubén Vargas, la emboscada evidencia no solo la presencia de traficantes en La Convención, sino también el fortalecimiento de Sendero Luminoso en el VRAE. “Esta zona representa el 22% de la oferta nacional, el consumo tradicional es mínimo. La política antidrogas es un fracaso y Sendero consolida su poder con el avance del narcotráfico”, concluye Vargas. Para satisfacer la demanda de consumo tradicional se necesitarían apenas 9 mil hectáreas y en el país hay casi 60 mil.

ANTECEDENTES
Kepashiato ya tiene antecedentes. En abril del 2010 se encontraron 400 kilos de droga, se detuvo a 8 personas, entre peruanos y bolivianos, y se decomisaron siete camionetas. Sin embargo, la alcaldesa de La Convención, Fedia Castro, rechaza estos antecedentes. “Que hayan encontrado cocaína en algunas intervenciones no quiere decir que haya narcotráfico en mi provincia”.

La presencia del narcotráfico en esta zona, próxima además a las comunidades machiguengas del Urubamba, no sería reciente. Según Lelis Rivera, director de Cedia, una ONG que trabaja en este sector hace más de 20 años, los traficantes comenzaron a llegar el 2005, cuando se hicieron las primeras trochas para el gasoducto de Camisea. “En ese tiempo, algunos pobladores de la comunidad de Shimá [frente a las tierras de Kepashiato] fueron acusados de ‘mochileros’, transportaban la droga hasta el Cusco”.

En los últimos años, sin embargo, el tráfico de drogas y la violencia –que siempre lo acompaña– se habrían incrementado.

VIOLENCIA CONTRA INDÍGENAS
“No queremos tener problemas”, dice Rubén Binari, jefe del Consejo Machiguenga del Río Urubamba (Comaru). Asegura que desde que se construyó la carretera que une el VRAE con Kepashiato, la presencia de narcotraficantes ha aumentado. “No es reciente, viene desde hace meses”.

Otros dirigentes del Comaru confirmaron que entre agosto y setiembre del año pasado grupos armados incursionaron en varias comunidades y amenazaron a sus habitantes. “Les pidieron víveres y les dijeron que no informaran nada a la policía”. Las comunidades afectadas habrían sido Incare (margen derecha del río Kumpirushiato), Shipitiare y Shacopisiato (río Alto Mantalo).

TECNOLOGÍA
A la expansión de las mafias de narcotraficantes, aliadas de Sendero Luminoso, se suma la tecnología que usan estos grupos para mejorar el rendimiento de la hoja de coca y la sustitución de algunos insumos químicos para elaborar la droga. En Loreto, en las cuencas del Amazonas y el Putumayo, por ejemplo, han obtenido una planta de coca capaz de crecer en selva baja, y no necesariamente en lugares escarpados como el VRAE. Esto les ha permitido avanzar y fortalecerse, ante la débil presencia del Estado.

Solo en el Perú, se estima que las ganancias anuales del tráfico minorista de cocaína superan los US$22 mil millones, que representan el 80% del presupuesto público nacional. “Tiene que replantearse la política antidrogas”, insiste Rubén Vargas; mientras, Lelis Rivera asegura que “las cosas están terribles en los alrededores de Kepashiato”.


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