Niños de Apurímac conocieron el mar: “No pensamos que fuera tan grande”

Así se expresaron los pequeños Edwin, Rubén y Julissa cuando fueron a la playa de San Bartolo por primera vez gracias al Programa VAP

ROSA HERMOSO ALVARADO

La primera imagen que tenemos al llegar a San Bartolo es la de un grupo de niños recogiendo piedrecitas en la arena. “Son para una actividad que tendremos más adelante”, comenta Edwin, mientras Rubén y Julissa dan brincos sobre el agua. Ellos vienen de Lucre, provincia de Aymaraes en Apurímac. No conocían el mar, pero gracias a las gestiones de Mery Diana Taype Coronado, directora del colegio Virgen de las Nieves, centro educativo en el que estudian, y el padre Dietrich, ahora pasan unos lindos días de verano en la Casita VAP de San Bartolo. Ahí aprenden religión de manera lúdica; cantando, haciendo manualidades y jugando. “Los niños no suelen hablar mucho”, advierte Mery. “Por un lado no los conocen y por otro, se sienten más cómodos cuando hablan en quechua”, agrega.

Chicos, ¿qué les pareció el mar?
Rubén: ¡Muy bonito!
Julissa: Bonito, pensé que no era grande. Pero resultó muy grande.
Edwin: ¡El agua era muy fría!
Mery: En un principio les asustó el agua, porque primero venía bajito y luego las olas subían. Pero según van pasando los días, han ido perdiendo el miedo. Hay niños que bucean debajo de las olas.

¿Bucean?, eso quiere decir que saben nadar…
Mery: Sí. En Lucre hay un río y ahí aprendieron. Los más pequeñitos están en ese proceso. Igual hay que cuidarlos a todos, porque quieren meterse muy adentro y desafiar a las olas.

¿En casa algún familiar conocía el mar? ¿Les contaron cómo era?
E: No, no sabíamos.
R: Mi papá sí conoce.
J: Mi mamá también…
M: A veces sus familiares, los que han viajado, les comentan y los docentes también les explicamos en los cursos. Pero por su condición humilde, ninguno había tenido la oportunidad de conocer el mar.

Llevan varios días en Lima, ¿les gusta la ciudad?
J: ¡Sí! Más que todo sus playas, sus edificios.
M: Están muy contentos. Les gusta tanto estar aquí que sus papás me llaman desesperadamente para preguntarme cómo están y ellos me dicen: “Ay, para qué molestan, profesora. ¡Estamos tranquilos!”[risas].

¿Y qué hacen en sus vacaciones cuando se quedan en Lucre?
R: Jugamos con nuestros amigos.
E: Paseamos, nos traen aquí y nos venimos [risas].
J: Siempre hacemos cosas. A veces estudiamos, ayudamos a mamá, lavamos nuestra ropa…
M: Ellos allá se levantan en la madrugada, a las cinco, porque tienen que ayudar a la mamá a arrear las alpacas, ayudar en la casa con los animales menores, ayudar en la cocina. Y eso no solo lo hacen en sus vacaciones, sino también el resto del año, es parte de su rutina.

Bueno, dejando entonces a los niños para que sigan divirtiéndose, cuéntenos, Mery, ¿cómo seleccionan a los niños para participar del programa VAP?
En el caso de mi colegio, fue el alcalde del distrito quien recibió la propuesta de la Parroquia de Lima. Me comentó del programa y no lo pensé dos veces para proponer a mi institución.

El padre Dietrich me comentó que una de los objetivos de este programa es darle alegría y diversión a los que menos tienen. ¿Fue una tarea difícil elegir a los niños que vendrían a Lima?
Claro, hicimos una selección sobre la base de sus situaciones económicas y rango de edades. Hay muchos niños que ni siquiera conocen su provincia, nunca ha salido del distrito. Por eso mi intención es que ellos conozcan un poco más allá y vean que la realidad de ellos no es igual a la de otros, ni de la provincia, peor aún a la de la capital del Perú. Ellos solo conocen Lima por televisión, por periódicos, por DVD o por comentarios de familiares que viajan; eso nada más.

El VAP comenzó su misión con niños de los conos de Lima y ahora están trabajando también con niños del interior. En esta oportunidad a sus chicos les ha tocado compartir con niños de Pachacútec y Ventanilla y veo que se llevan muy bien…
Es que son niños muy buenos, muy acogedores. Además de la formación que les damos los docentes. Nosotros buscamos que los problemas que tengan en sus hogares no los afecten en su aprendizaje ni en su conducta.

Y por la sonrisa en sus rostros y el entusiasmo que muestran en la práctica de sus actividades, veo que se han adaptado muy bien, tanto que algunos me dijeron que ya no quieren volver…
Sí, se han adaptado rápido y no les ha afectado nada, ni el clima, ni la comida; pensé que se me iban a enfermar, pero felizmente no ha sido así. Pueden cantar incluso en quechua, ellos son bilingües y el poder expresarse en su lengua los hace sentirse más en confianza. Además, el padre, los monitores y los voluntarios hacen un trabajo muy bueno. Los tratan muy bien. Es una experiencia bonita que ellos están teniendo.