“Los Panamericanos: ¿un legado negativo?”, por Angus Laurie

“Con el tiempo en contra, la única opción es correr para llegar a la fecha”

“Los Panamericanos: ¿un legado negativo?”, por Angus Laurie

Un gran parte de las obras para los Juegos Panamericanos 2019 todavía están por ser licitadas. (IPD)

Con respecto a los Juegos Panamericanos de Lima 2019, el gobierno actual ha heredado un cáliz envenenado. Con el tiempo en su contra, la única opción es correr para llegar a la fecha. Parte de esta herencia también es la posibilidad, muy real, de un legado negativo para algunos distritos de la ciudad.

Las sedes de rugby, hockey sobre césped, béisbol, sóftbol, tiro de arco, squash y polo en agua serán construidas en Villa María del Triunfo.

Según cifras publicadas en el diario “Gestión”, el “mejoramiento” de este complejo deportivo costaría alrededor de 249 millones de soles. Estas obras entregarán nuevos equipamientos de calidad olímpica para las federaciones deportivas nacionales.

Las obras se van a construir en un complejo deportivo existente del IPD (Instituto Peruano del Deporte). Este equipamiento, hasta ahora, está abierto al público. En los veranos, la piscina existente se llena de vecinos, y actualmente la sede incluye no menos de 18 canchas de fútbol y fulbito que cuentan con un buen uso de los vecinos y estudiantes de la zona. Unas canchas son de grass artificial, otras de concreto y también hay de tierra: materiales de bajo mantenimiento que permiten un uso intenso y constante por parte de la comunidad.

En cambio, para cumplir los requisitos de la Odepa (Organización Deportiva Panamericana) las nuevas canchas que se implementarían en su lugar, de rugby y béisbol, tienen que ser levantadas con césped natural, un material que no puede soportar un uso intenso. Las canchas de hockey requieren un grass artificial específico con una capa de agua. Esta superficie también es costosa y difícil de mantener.

Lo más probable como consecuencia de reemplazar las canchas existentes, por unas que requieren mucho mantenimiento, es que la obra resultaría en la exclusión de sus principales usuarios, estudiantes y vecinos, de las nuevas sedes a favor de las federaciones deportivas. O quizá, ¿los jóvenes de VMT dejarán de jugar fútbol, para dedicarse al rugby, hockey de césped o béisbol? Es una posibilidad, pero para que esto pase necesitarían el apoyo de las instituciones, pero, por lo menos, la Federación de Béisbol Peruano se opone abiertamente a la ubicación de sus canchas en Villa María del Triunfo.

Una solución sería quitar el césped después de los juegos para instalar canchas sintéticas que puedan servir para múltiples deportes, y permitir su uso no solamente de las federaciones sino por la comunidad también.

Sin este tipo de compromiso, el complejo deportivo de VMT tiene todos los indicadores de convertirse en un fracaso del peor tipo, uno que no solamente costará cientos de millones de soles para una obra poco usada (un elefante blanco), sino que dejaría un legado negativo a la ciudad: uno que quitaría a la comunidad de sus equipamientos actuales.